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Este es el método cubano que erradicó el analfabetismo en millones de latinoamericanos

En 2001, un grupo de educadores cubanos desarrollaron en Haití un programa de alfabetización por radio, a través del cual aprendieron a leer y escribir unos 150.000 haitianos. El éxito del programa llevó a la creación en Cuba del método de alfabetización ‘Yo, sí puedo’, orientado a adultos y con un carácter internacionalista.

El programa nació en 2002, cuando Leonela Relys Díaz, doctora cubana en Ciencias de la Educación, terminó la confección de una cartilla de alfabetización, que combina consejos para su aplicación y el material académico.

El programa estaba preparado para ser adaptado a diferentes realidades sociales y lenguas. Así llegó a unos 30 países, donde entre 2002 y 2015 fueron alfabetizados más de ocho millones de personas. Además, gracias a su aplicación, países como Venezuela y Bolivia fueron declarados libres de ese flagelo.

Varias provincias de Argentina todavía mantienen este acuerdo educativo con el Gobierno cubano. Desde la ciudad de San Jorge, provincia argentina de Santa Fe, el uruguayo Álvaro Cabeza contó a Sputnik cuál era la situación de los iletrados en esta ciudad donde, durante los primeros años del ‘Yo, sí puedo’, fue voluntario como facilitador.

“En 2006 me entero por compañeros del Partido Comunista que el ‘Yo, sí puedo’ había aterrizado en Argentina. Los convenios que había con Cuba eran becas para estudiar Educación Física y Medicina para aquellos que tuvieran el secundario completo. Las carreras duraban seis años, pero era una oportunidad única porque acá, en esa franja de la sociedad, ya era difícil encontrar un chico que tuviera el secundario completo”, explicó Cabeza.

Producto de la crisis que vivió Argentina en 2001, miles de personas quedaron desempleadas, y en ese contexto llegó el ‘Yo, sí puedo’ a las ciudades más intrincadas del país.

“En la ciudad teníamos un grupo de desocupados y entonces fuimos a hablar con el intendente. Así se implementó el programa cubano en San Jorge. Nos dieron un espacio físico, que es un dispensario que está al fondo del pueblo, y allí nos reuníamos cada tarde”, contó el maestro.

El método cubano parte de lo conocido, en este caso los números, como recurso nemotécnico para facilitar el proceso de aprendizaje hacia lo desconocido. Se utilizan los medios audiovisuales y una persona que ejerce la función de facilitador para transmitir los conocimientos, quien será el vínculo entre lo audiovisual y el participante.

Para el material audiovisual se crearon 17 vídeos con 65 clases, para una actividad educativa de una hora diaria, aunque el método puede ser bastante flexible. Se estima que su aplicación puede abarcar un tiempo máximo de entre siete y 12 semanas, aunque se ha demostrado también su efectividad con un intensivo de un mes.

“La esencia era una educación gratuita”, señaló Cabeza, quien se dio la tarea de organizar las clases en San Jorge, una ciudad con 23.000 habitantes. “Hablé con docentes y otros no docentes porque para enseñar el ‘Yo, sí puedo’ basta con saber leer y escribir y un buen corazón y entender, desde la educación, que nadie puede ser analfabeto en el siglo XXI”, destacó.

El uruguayo se reunió con los trabajadores sociales del lugar y se dio cuenta de que no existía un registro de cuántas personas habían estudiado o eran analfabetas en la ciudad. Sin embargo, Cabeza explicó que analfabetos totales, en realidad sólo encontraron ocho y ninguno se animó nunca a participar.

Pero sí había muchos iletrados funcionales, que es como se les llama a aquellas personas que alguna vez aprendieron a leer y escribir pero nunca más utilizaron ese conocimiento. Fue con estas personas que Cabeza formó su primer grupo de 14 adultos de entre 70 y 80 años.

“Fue muy aleccionador, una mezcla extraña entre lo lindo de enseñar y a su vez una tamaña responsabilidad. Pero yo siempre confié en algo que uno entiende como convicciones. También, los cubanos venían y me asesoraban, me explicaban lo básico ante una clase, mucho respeto sobre todo y más, porque [los alumnos] eran gente mayor”, comentó.

Anécdotas de esta experiencia Cabezas tienen cientos para contar, pero hay una que le causa una emoción particular. Es la historia de Don Tito, un señor mayor que no se perdió ninguna de las clases del programa en compañía de su esposa Luisa, y animaba a todos en la ciudad para que asistieran a las aulas del ‘Yo, sí puedo’.

Un día cuando ya se conocían mejor y se había generado una confianza, Cabeza le pregunta el porqué de tanto entusiasmo y Don Tito reveló cómo una vez sintió vergüenza de no poder acompañar a su esposa para una radiografía en un hospital porque no podía leer los carteles.

“Cuando esto ocurrió hacía solo 15 días que habían empezado en el programa, pero después, a sus 70 años Don Tito y Luisa retomaron la lectoescritura. Ellos descubrieron otro mundo, lo que es natural para nosotros y que ellos no tenían idea”, comentó Cabeza.

El método cubano se ha ido perfeccionando con los años, con tres sesiones semanales hoy día muchos aprenden a leer y escribir en apenas tres meses. “Eso sí, el único secreto es ser constante y no abandonar nunca”, aseguró este orgulloso facilitador.

El método cubano fue adaptado a diferentes lenguas como el inglés, portugués, francés, quechua, aymara, guaraní, creole, swahili y tetuán. Además, existe también en sistema Braille, para sordos y personas con problemas intelectuales leves.

Sputnik

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