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Tlahuelilpan, principio y fin

¡Dónde he leído esto? Dice un buen amigo. ¿Dónde he leído esto? Tiene que ver con la repetición de la historia y de nuestros argumentos. Es eso. Es histórica la lucha cotidiana por la subsistencia en este país, que se vuelve ingente y cruel con mucha frecuencia…La pobreza mexicana no es una excepción y sí una regla que pocos han querido degradar para transformar nuestra realidad semi oculta en un desarrollo social que está lejos de ser parejo y sin chipotes…

Por Joel Hernández Santiago*

*jhsantiago@prodigy.net.mx

Ya se ha dicho, también, y no a modo de justificación de delito, pero si como intento de comprensión: ¿cuál es el origen principal del daño, el robo, la confronta entre grupos de criminales organizados y la autoridad? La pobreza… eso es…

Cierto que existen personajes cuya personalidad patológica va a un lado de esta reflexión y quienes debieran purgar castigo a las afrentas individuales y colectivas que llevan a cabo de forma reiterada. Y no se trata sólo de quienes de forma patética agreden y violentan a otros; también los hay quienes roban, saquean, obtienen con mácula sus bienes; son los que desde el poder político y desde la función pública roban lo que es nuestro: de todos los mexicanos: eso también es delincuencia, crimen organizado y atentado a nuestros derechos humanos… Corrupción, se llama.

Pero en el fondo de todo esto yace la vieja historia del principio y por la cual muchos mexicanos hicieron una revolución en 1910: Querían cambiar su situación para ser parte de un país en donde no fueran los menesterosos de siempre, la carga insufrible para muchos con ínfulas de supremacía. Al final de cuentas, ya se sabe, esa lucha y esa propuesta de transformación fue fallida y el resultado está aquí, ahora mismo:

Son casi sesenta millones de pobres en México, poco menos de los 130 millones de habitantes, 15 millones de los 60 vive en extrema pobreza, no tienen ni para hoy y mucho menos para mañana, ni ellos ni en familia, ni niños o ancianos: ahí está el fracaso de aquella Revolución…

Así que parece justificación al delito, pero no lo es, si es buscar en el origen de este fenómeno que calcina al país entero que de años a la fecha se ha sumergido en una trágica confrontación de unos con otros:  aquí ‘la muerte tiene permiso’ diría don Edmundo Valadés.

Y hay que parar esta situación. Sí. Urge que no ocurra ese saqueo tanto de los bienes patrimoniales que son de la Nación, que es decir, de todos nosotros aquí, por nuestro trabajo y por nuestro esfuerzo cotidiano, por las restricciones a una vida plenamente feliz y porque los hombres de la madrugada y los hombres y mujeres del día a día merecen ser beneficiarios de su propia jornada. Los del campo. Los de las fábricas. Los del mar. Los de los desiertos… tantos…

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho que quiere acabar con esta tragedia mexicana. Ha dicho que enfrentará intereses históricos y recientes, opulentos intereses que no miran a un lado y que a su paso, como en los peores momentos de nuestra historia, dejan daños colaterales dramáticos.

Y ha dicho que acabará con la delincuencia, el abuso y la injusticia social y económica. A todo esto no podemos más que estar de acuerdo con él. Y con su ímpetu emotivo por conseguirlo…

Pero no basta con la sola ilusión del cambio, de la transformación y de una meta soñada. No. Hace falta que para que esto sea efectivo, pronto y duradero, haya procedimientos apropiados, seguros, estructurados de tal forma que no dejen lugar a dudas de sus beneficios y que en el camino no ocurran los famosos ‘daños colaterales’ que casi siempre se dan entre la gente de menos recursos, la gente pobre, la gente viva sin hoy y sin mañana…

Es bien intencionado el presidente Andrés Manuel López Obrador; pero está siendo mal asesorado y peor ayudado. Su equipo de trabajo disperso, con frecuencia ignorante de su materia; dubitativo y sin arrestos para acompañarlo en su gesta. Por propia voluntad, o porque quienes lo acompañan miran hacia otro lado cuando el problema es grave, pero este gobierno, el que tenemos hoy, el que miramos y ya percibimos en nuestro día a día, parece ser el de un solo hombre…

El problema radica en la probable mala toma de decisiones, por lo precipitado, por lo urgente, por querer acabar pronto y de raíz con los problemas de todos en México; y en esa lucha frontal ha generado confrontaciones.

La puesta de “etiquetas” a “lo bueno” y “lo malo” del país; “los que están ‘con nosotros” en contra de los “conservadores-fifís-canallas” están a la vista; ha generado esa confronta entre mexicanos que por un lado están en el fanatismo obcecado y por el otro la crítica a veces interesada, a veces codificada y con intentos destructivos, pero muchas otras veces una crítica que quiere sanar heridas, corregir, sugerir, modificar, para hacer mejor las cosas.

Lo que ocurrió en Tlahuelilpan, Hidalgo el viernes 18 de diciembre es un principio y un fin. Un principio que sugiere que en adelante se deben tomar decisiones medidas, corregidas, pensadas y con estrictas reglas de orden, proceso y meta… Mientras que también es una lección para aquellos que en su pobreza buscan la solución inmediata, aun cometiendo delito, y exponiendo su vida. En adelanta lo pensarán dos y mil veces antes de hacerlo: lección tardía, pero lección al fin.

¿Qué sigue? El presidente López Obrador tiene la palabra. Nosotros, los mexicanos, tenemos la voluntad para esa transformación, pero sin daños colaterales y sí con soluciones que hagan que este gobierno cumpla lo prometido en campaña: el ser “el mejor gobierno de la historia de México”. Ojalá.

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