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Soberanía irrefutable. ¿Cómo acabaron siendo rusas las islas Kuriles?

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial no se firmó ningún tratado de paz entre Japón y la URSS. Como consecuencia, la disputa sobre la pertenencia de las Kuriles del Sur duró unos largos 70 años.

Te contamos cómo estas islas llegaron a formar parte de Rusia, a quién pertenecían originalmente y por qué Japón exige que se le concedan estos territorios.

¿Quién fue el primero en llegar a las Kuriles?

Las declaraciones de Tokio sobre la pertenencia de las islas Kuriles al país asiático no son del todo ciertas. Estas islas en el mar de Ojotsk fueron descubiertas por los marineros rusos en el siglo XVI y ya en el siglo siguiente Rusia y Japón comenzaron a colonizarlas simultáneamente.

A finales del siglo XVIII la emperatriz Catalina II firmó un decreto sobre la inclusión de las islas Kuriles en el territorio nacional de Rusia. Pero la lucha contra los japoneses no acabó hasta que en el año 1855 las dos partes firmaron el Tratado de Shimoda.

De acuerdo con el documento, las islas Iturup, Kunashir, Shikotán y Jabomai pasaron a formar parte de Japón. Rusia, por su parte, se quedó con las islas Kuriles del Norte. Eso sí, no se pudo llegar a un acuerdo sobre la isla de Sajalín.

Habitantes natívos del archipiélago de las islas Kuriles en 1919.

Habitantes nativos del archipiélago de las islas Kuriles en 1919. © Sputnik.

Hicieron falta 25 años más para llegar a un compromiso tras arreglar un nuevo tratado en San Petersburgo. Ahora Rusia renunciaba a las islas Kuriles y Japón hacia lo mismo con Sajalín. Pero el comienzo de la guerra ruso-japonesa en 1904 dejó en suspenso dicho tratado.

Soldados soviéticos contemplan la bandera abandonada por los soldados japoneses durante su retirada.

Soldados soviéticos contemplan la bandera abandonada por los soldados japoneses durante su retirada. © Sputnik.

De acuerdo con la ley de la guerra

Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial las relaciones entre Moscú y Tokio fueron tensas. Para ayudar a EEUU y el Reino Unido en el Lejano Oriente, la URSS denunció en abril de 1945 el Pacto de Neutralidad Soviético-japonés para declarar la guerra en agosto del mismo año.

A cambio de ello, Stalin exigió a sus aliados que Sajalín del Sur y las islas Kuriles pasaran a formar parte de la Unión Soviética.

Iósif Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt reunidos durante la Conferencia de Yalta.

Iósif Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt reunidos durante la Conferencia de Yalta. Public Domain / Fotógrafo del Gobierno de EEUU.

Washington y Londres aceptaron esta condición. Al fin y al cabo, en caso de no hacerlo, Moscú podría proceder a acciones independientes, convirtiendo en realidad los mayores temores de los aliados Occidentales.

En el transcurso de la conferencia de Yalta en febrero de 1945, los aliados registraron el traspaso de estos territorios a la URSS mediante el «Acuerdo de Crimea firmado por las tres grandes potencias sobre las cuestiones del Lejano Oriente».

Los marineros soviéticos ayudan a los soldados a desembarcar durante una operación del Ejército de la URSS para derrotar a los militantes japoneses.

Los marineros soviéticos ayudan a los soldados a desembarcar durante una operación del Ejército de la URSS para derrotar a los militantes japoneses. © Sputnik.

Después de que el Sóviet Supremo de la URSS incluyera a Sajalín y las islas Kuriles como parte del territorio de la Unión Soviética, para el reconocimiento internacional de estos territorios como tales hacía falta el acuerdo por parte de los demás países ganadores de la guerra.

Dichos países no se opusieron a las obligaciones impuestas por el Acuerdo de Crimea e incluyeron una cláusula en el texto del Tratado de Paz de San Francisco de 1951, según la cual Japón renunciaba a las islas Kuriles.

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Firma del Tratado de Paz de San Francisco.

Pero inesperadamente Moscú se negó a firmar el documento porque su contenido lo redactaron Washington y Londres. Además, la URSS criticó el documento por no especificar a favor de quién Japón renunciaría a las islas Kuriles.

A Moscú tampoco le gustó el hecho de que China, «país que asumió la mayor carga en la lucha contra los militaristas japoneses», no fuera invitada para la firma del documento. Curiosamente, a pesar de ello, en la década de los 60 China apoyó a Japón en la cuestión de las islas Kuriles.

En gran medida, la ausencia de la firma de Moscú en el tratado de San Francisco les dio a EEUU y Japón motivos para especular sobre el traspaso ilegítimo de las islas Kuriles a la URSS, y más tarde a Rusia.

Ya en la época postsoviética el ‘patriarca’ de la diplomacia rusa, Evgueni Primakov, expresó su pesar sobre este asunto.

Perdimos la oportunidad. Si no hubiéramos renunciado a firmar el Tratado de Paz en San Francisco en 1951, no habría habido problemas territoriales.

Evgueni Primakov
Exministro de Asuntos Exteriores de Rusia y ex primer ministro de Rusia

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Un callejón sin salida
Moscú intentó firmar el tratado de San Francisco ‘postfactum’, pero se topó con la reticencia primero por parte de EEUU y más tarde de Japón. Poco después Japón empezó a afirmar que la URSS fue la primera en violar el Pacto de Neutralidad, y por consiguiente ocupó ilegalmente las islas Kuriles del Sur, o como las llaman en Tokio: los territorios norteños.
Las dos partes acordaron firmar un tratado de paz de posguerra basándose en un documento bilateral. La declaración conjunta de la URSS y Japón, concertada en febrero de 1956, permitía a los dos países proclamar oficialmente la finalización de la guerra y restablecer las relaciones diplomáticas.
No obstante, la aparición de bases militares estadounidenses en Japón era una considerable preocupación para la URSS, razón por la cual Moscú empezó a regatear. El Kremlin aceptó considerar la posibilidad de traspasar dos islas de las Kuriles del Sur —Shikotan y Jabomai—, pero a cambio exigía que todos los militares extranjeros fueran expulsados de Japón.
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Un tanque T-55 en la isla de Shikotán. © Sputnik / Andrei Shapran.

Aunque la declaración de Moscú de 1956 no entró en vigor debido a la reticencia de las partes para llegar a una solución, incluso hoy en día este documento es considerado como la base de la diplomacia ruso-japonesa. De hecho, durante el resto de su vida Jruschov consideró que este documento era el correcto.

Dinero a cambio de las Kuriles

La ‘perestroika’ y el ‘nuevo razonamiento político’ anunciados por Mijaíl Gorbachov a mediados de los años 80 también inspiraron a los japoneses. Así, ellos vieron en las transformaciones que tenían lugar en la URSS una oportunidad para solucionar el problema territorial. A principios de 1990 vino a Moscú el ministro de Asuntos Exteriores Shintaro Abe. Con él estaba su hijo Shinzo Abe, el actual primer ministro de Japón.

El resultado del diálogo entablado fue el acuerdo sobre una visita de los altos mandos soviéticos a Tokio. Al sentirse dueños de la situación los japoneses no tardaron en comenzar el regateo.

Ellos propusieron a Moscú utilizar la Declaración de 1956 como base de las negociaciones sobre el tratado de paz. Eso sí, también propusieron completar la declaración con la promesa de devolver a Tokio cuatro islas en lugar de dos.

A cambio de ello, los japoneses expresaron su disposición a prestar ayuda económica.

Encuentro de Mijaíl Gorbachev con Shintaro Abe en el Kremlin.

Encuentro de Mijaíl Gorbachev con Shintaro Abe en el Kremlin. © Sputnik / Yuriy Somov

En aquella ocasión la delegación de Moscú tuvo que aguantar seis rondas de negociaciones, en cada una de las cuales se repetían las exigencias de Japón: devolver las islas a cambio de ayuda económica.
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Islas Kuriles en un mapa de 1983.

Yo me opuse a la asociación de la cooperación económica con el éxito de las negociaciones sobre el tratado de paz. Se debe comenzar precisamente con el desarrollo de las relaciones en todos los ámbitos, incluidos el económico, el comercial y las inversiones. Solamente esta aproximación tiene perspectivas.

Mijaíl Gorbachov
El último secretario general de la URSS

Amistad y pesca, pero sin paz

En 1997 el primer presidente de Rusia Borís Yeltsin y el primer ministro japonés, Ryutaro Hashimoto, se vieron en la ciudad rusa de Krasnoyarsk. Aparte de las negociaciones, los mandatarios acordaron ir de pesca con la esperanza de que un diálogo informal los acercaría a la solución del problema de las Kuriles y del tratado de paz.

Resultado de aquel encuentro ‘sin corbatas’ fueron los acuerdos ruso-japoneses sobre la pesca conjunta, inversiones y garantías bancarias. Estaba previsto que el tratado de paz se firmara para el año 2000.

No es Rusia la que tiene problemas territoriales

Durante su primer mandato presidencial, Vladímir Putin dijo que Rusia estaba dispuesta a negociar con Japón las condiciones del tratado de paz. Tampoco estaba en contra de tomar por base la Declaración de 1956.

Nosotros consideramos que no tenemos ningún problema territorial. Es Japón el que considera que tiene problemas territoriales con Rusia. Estamos dispuestos a hablar sobre ello.

Vladímir Putin
Presidente de Rusia.

Cuando llegó al poder Shinzo Abe —el hijo de aquel mismo ministro de Asuntos Exteriores que se vio con Gorbachov—, Tokio empezó a hablar sobre una nueva aproximación a las relaciones con Moscú.

En el marco de esta aproximación Putin y Abe llevaron a cabo múltiples encuentros bilaterales, se llamaban entre sí por sus nombres e incluso empezaron a tutearse. Pero aun así no hubo avances en la solución del problema territorial y la firma de un tratado de paz.

A pesar de ello los japoneses siguen viviendo con la esperanza de que la ‘química’ personal entre los mandatarios ayude a llegar a una solución y firmar un tratado de paz cuyas condiciones contenten a todos, especialmente en la cuestión de las Kuriles.

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Vladímir Putin y Shinzo Abe. © Sputnik/ Mikhail Klimentiev.

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