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Cómo gatos y camellos ayudaron a los soviéticos a ganar la Segunda Guerra Mundial

Además de los habituales caballos y perros, animales exóticos como los camellos participaron en la guerra por la Patria. Los gatos, por su parte, no lucharon contra el enemigo en el frente, sino que salvaron muchas vidas asegurando la retaguardia soviética.

La última guerra de la caballería

A pesar de que la Segunda Guerra Mundial fue una guerra de tanques y los días de gloria de las cargas de caballería ya habían pasado, los caballos todavía jugaron un papel importante en el conflicto.

Los ataques de las unidades de caballería eran raros, ya que provocaban grandes bajas entre los animales. Sin embargo, a veces unidades de caballería eran usadas para hacer rápidas maniobras de penetración y perseguir enemigos en retirada. Pero la mayoría de las veces, los soldados de caballería soviéticos fueron utilizados para luchar como infantería regular, tras retirarles sus monturas.

Armados con ligeras armas de artillería, los soldados de caballería soviéticos aparecían donde el enemigo no los esperaba y bombardeaban a los alemanes. Tal táctica fue muy útil durante la batalla de Moscú en 1941, cuando las unidades de caballería constituían casi un cuarto de todas las divisiones soviéticas.

Además de participar en la guerra, los caballos eran indispensables en el transporte de carga y artillería en terrenos sin carreteras. En medio de las crueles condiciones del otoño y el invierno rusos, los caballos tenían una gran ventaja sobre los camiones, ya que no se atascaban en el barro o la nieve. También servían a menudo como alimento para las tropas soviéticas cercadas por el enemigo.

La Wehrmacht también tenía sus propias unidades de caballería, pero estas pronto vieron su fin. Los alemanes no tenían una fuente tan ilimitada de estos animales como la Unión Soviética, que obtenía caballos en grandes cantidades de su aliado del Lejano Oriente, Mongolia.

Los mejores amigos del hombre

Como iguales, los perros protegieron a la Unión Soviética junto con los soldados comunes no sólo en la retaguardia, sino también en el frente.

Estando bien preparados en centros de entrenamiento especiales, los perros desempeñaban un papel médico, arrastrando a los heridos del campo de batalla. También actuaron como buscadores de minas, mensajeros y tiradores de trineos, protegieron importantes instalaciones de los saboteadores y actuaron como saboteadores ellos mismos.

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Al principio de la guerra, los soviéticos usaban perros kamikaze, oficialmente conocidos como “caninos destructores de tanques”. Fueron entrenados para correr hacia los tanques enemigos con un artefacto explosivo fijado a sus cuerpos. Después de que se arrastraban bajo la máquina enemiga, un largo brazo de palanca disparaba una explosión al entrar en contacto con el objetivo, matando tanto al enemigo como al perro.

Más de 300 tanques enemigos fueron destruidos por perros kamikaze soviéticos. En los últimos años de la guerra, esta práctica se hizo innecesaria y fue abandonada. Los animales supervivientes fueron convertidos en buscadores de minas.

Los heroicos perros fueron muy elogiados por los soviéticos, que los llevaron a participar en el Desfile de la Victoria de 1945. Stalin prestó su chaqueta al alsaciano herido Dzhulbars (un perro que encontró más de 7.468 minas durante la guerra) para que fuese transportado envuelto en ella a través de la Plaza Roja.

De Stalingrado a Berlín

Los camellos aparecieron por primera vez en la Gran Guerra Patria durante la batalla de Stalingrado. Las tropas soviéticas cerca de Astracán, que iban a participar en una de las batallas más importantes del conflicto, carecían de suficientes camiones y caballos.

Así que los soldados comenzaron a buscar y capturar camellos salvajes en el semidesierto para utilizarlos como animal de carga y transporte de artillería. Los camellos no fallaron, y pronto se convirtieron en verdaderos camaradas de combate de los soldados.

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Casi 350 de estos animales participaron en la guerra. Muchos de ellos murieron, y muchos otros fueron “desmovilizados” por los soldados cuando los iban dejando en zoológicos locales en su camino a través de Europa del Este.

Sin embargo, hubo algunos que incluso llegaron a Berlín. Según la leyenda, los soldados llevaron un camello llamado Kuzniéchik (Saltamontes) hasta el pie de los escalones del Reichstag, que había sido tomado por los soviéticos. El animal escupió sobre él.

División maullido

A diferencia de otros animales participantes en la guerra, los gatos no luchaban contra el enemigo ni transportaban pesadas cargas. Aunque nunca aparecieron en el frente de batalla, su contribución a la guerra también fue significativa.

Durante el sitio de Leningrado (como se conocía entonces a San Petersburgo), los ciudadanos sufrían de un hambre severa. Se comieron todos los gatos de la ciudad, lo que acabo provocando una plaga de ratas. Hordas de roedores irrumpían en casas y almacenes, devorando los últimos y escasos suministros de alimentos.

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Las autoridades de la ciudad desataron una persecución contra las ratas, disparando contra ellas e incluso aplastándolas con tanques, pero nada de ello sirvió para erradicarlas. Por eso, cuando se rompió el bloqueo en 1943, unos vagones llenos de gatos fueron los primeros en entrar en la ciudad.

La “división maullido”, como se la llamaba, se ocupó rápidamente del problema y rescató a la ciudad del ejército de repartidores de enfermedades. Monumentos en agradecimiento a estos gatos pueden ser vistos hoy en San Petersburgo.

RBTH

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