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El chavismo toma las calles después de dos meses de la aparición de Guaidó

Cuando comienza a redactarse esta nota un niño de 13 años está hablando ante miles de personas en El Calvario, un barrio céntrico de Caracas. Lleva el uniforme de los colegios públicos bolivarianos: pantalón azul oscuro, polo azul claro. Al hombro, el morral chavista, un clásico entre los escolares y los ciudadanos de a pie.

Por Esther Yáñez Illescas*

Se trata de una mochila con los colores de la bandera venezolana: rojo, azul y amarillo, que se reparte en todas las escuelas del país. Es 23 de Marzo y el chavismo ha vuelto a convocar a sus seguidores las calles. Es la primera vez en los últimos dos meses que lo hace en Caracas sin una contramarcha opositora, cuando se cumplen 60 días desde que Juan Guaidó se autoproclamó Presidente Encargado de Venezuela. Sorprende el carisma con el que habla el niño de 13 años. Alto, fuerte, contundente. Sus palabras denotan una madurez que esconde su voz alborotada y chillona, propia de su edad. Dice que, gracias al chavismo, los niños como él reciben las canaimitas en los colegios, ordenadores portátiles para estudiar; ayudas para los libros, material escolar y almuerzo diario.

A unas pocas cuadras de allí, al otro lado de la Avenida Sucre, Leonel Vargas y Teresa Márquez caminan hacia la tarima donde ahora habla el niño-líder-estudiantil y después hablará Nicolás Maduro. El matrimonio ha salido a la calle bajo la consigna del chavismo para esta convocatoria: “Marcha Antiimperialista: Máxima movilización ante el ataque continuado del imperio Norteamericano, contra la violencia y el terrorismo”. De eso habla Leonel: “Estamos aquí porque nos tienen una guerra desde otros países. Nos tienen bloqueados porque no están de acuerdo con nuestros ideales”. Teresa sostiene una pancarta donde se lee un clásico: “Yankees Go Home”. Es ama de casa y dice que vive bien: “Con algunas dificultades pero soy feliz. Tenemos carencias pero es mejor estar aquí, defender a nuestro país y luchar por una Venezuela libre. No queremos invasiones”.

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La música, la percusión, el baile, son tradición en las marchas chavistas. Son horas de caminata bajo el sol caribe de mediodía así que la gorra o el sombrero son imprescindibles. Los camiones con la música de Corazón Llanero o Salsa Caribe, clásicos de las movilizaciones, animan un ambiente de por si festivo con decibelios imposibles. La gente llega en grupo: por Parroquias, vecindarios, Consejos Comunales o gremios, públicos o privados. En familia o con amigos. La mayoría carga un almuerzo ligero en los morrales y agua abundante. Otro clásico: comprar con efectivo chicha fría o papelón con limón al señor del carrito con sombrilla que marcha junto a los demás.

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María Santos es de La Guaira, una localidad costera a unos veinte minutos de Caracas y con un calor de justicia. Es conserje en un colegio y está bailando salsa con un muñeco de cartón de Hugo Chávez. Sus amigas cantan a su lado y aplauden orgullosas. “¿Que por qué estoy aquí?”, dice. “He salido a defender la patria, a llamar al amor, a que seamos buenos revolucionarios, para dar un futuro mejor a nuestros hijos y a nuestros nietos… Hay que apoyar a nuestro presidente Nicolás Maduro. Tener cultura y nervios de acero. Prepararnos para lo que venga”, sentencia. Su amiga Romelia, a su lado, interviene: “Apoyo a mi presidente hasta que el mar se seque, hermana”.

David Ramírez hace fotos con su celular en su mano derecha y con la izquierda sostiene una inyección gigante. En la lavativa se lee “Antibiótico Bolivariano Antiimperialista”. Lleva una gorra verde militar y una chaqueta del mismo color. “La Revolución y el Socialismo Bolivariano son el mejor antibiótico del mundo para contrarrestar la infección del imperio”, dice mientras, acto seguido, comienza a hablar en inglés (o spanglish) para luego aclarar: “Es un mensaje para el pueblo norteamericano. Aquí tenemos lucha y tendrán que calarse seis años más de Gobierno Bolivariano. Esta inyección va para el glúteo de Mr. Trump”.

Nicolás Maduro ha comenzado a hablar. Acaba de anunciar la puesta en marcha del “Plan Mi Casa Bien Equipada” para “reponer los electrodomésticos quemados durante los días del sabotaje eléctrico en Venezuela, perpetrado por fuerzas opositoras extranjeras y locales. Fueron más de 60 horas sin luz en todo el país”.

Luis Carreo lo escucha rodeado de sus compañeros, un grupo de jóvenes de entre 17 y 20 años que forman parte del “Escudo Protector del Casco Histórico de Caracas”. Se trata de un grupo de muchachos afincados en el centro de la capital que se organiza en grupos de vigilancia para controlar posibles acciones violentas de la oposición. Hacen tres rondas: a la 1, a las 3 y a las 5 de la mañana. Aseguran que son una “estrategia de inteligencia y contrainteligencia en función de garantizar la seguridad en el territorio”.

Luis explica su metodología: “mantenemos una vigilancia permanente de las estrategias que vaya aplicando la oposición dirigidas hacia Miraflores: guarimbas, movilizaciones en la calle… Como juventud, somos el centro de poder, y como sujeto histórico de la Revolución nos corresponde organizar este escudo en la ciudad para no permitir la entrada de la derecha; y si el fascismo llegase a entrar, Caracas será su tumba”. Asegura que hacen las rondas “a pie” y que están prevenidos ante cualquier escenario.

El chavismo organizado es uno de esos elementos intrínsecos a su identidad. Cosas como la de estos jóvenes que de manera voluntaria se organizan para “proteger la ciudad” con grupos de vigilancia preventiva en la madrugada en un contexto de guerra no convencional, son la clave para entender cómo la Venezuela en crisis resiste a pesar de todo. Más allá de la política, el chavismo cuenta con la organización de millones de personas que se sienten parte activa de un proceso que nació hace dos décadas. Entender que esto ocurre es entender por qué hay una multitud en la calle en cada convocatoria que hace el Gobierno, como la de este 23 de marzo.

Maduro continúa hablando. Asegura que en las próximas horas anunciará “nuevas medidas para un cambio profundo”. A comienzos de esta semana pidió a sus Ministros que pusieran su cargo a la orden para una remodelación del gabinete que todavía no se ha hecho pública. “Siempre es necesario ajustar el equipo para hacerlo mejor”, asegura el mandatario. “Pero que nadie se acongoje ni se ponga triste. Es mi responsabilidad tomar decisiones, a veces duras y difíciles, pero necesarias. Necesitamos renovarnos, mejorar, cambiar mucho y ser un gobierno popular”.

También habla sobre la reciente detención del “número dos” de Guaidó, Roberto Marrero, detenido por el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) en su domicilio en Caracas. Minutos antes, el Ministro de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodriguez, denunció en una comparecencia pública desde Miraflores que Marrero era el “gran organizador” de una operación terrorista contra el país. Rodríguez mostró capturas de pantalla de conversaciones de Whatsupp entre Marrero y Guaidó en las que se habla de coordinar 1.000 millones de dólares de fondos bloqueados a Venezuela para financiar grupos irregulares de “sicarios” para perpetrar “asesinatos selectivos” y “sabotajes” a los servicios públicos.

“Al títere diabólico le acabamos de desmantelar un plan que dirigía él personalmente para matarme”, dice Maduro desde la tarima de El Calvario refiriéndose a estas importantes revelaciones sobre la operación perpetrada por la oposición y liderada por Juan Guaidó y su Jefe de Despacho.

Nery y sus compañeras de “Cocineras de la Patria” escuchan atentas los desvelos del presidente. “Cocineras por la Patria” es un grupo de mujeres (68.000 en todo el territorio nacional) que se dedican a cocinar en los colegios y liceos públicos del país, inventando recetas nutritivas y saludables con productos de temporada a pesar de la crisis. Cuando Maduro termina de hablar, Nery dice que está muy contenta de haber salido a la calle hoy. “He salido por la paz y por la armonía, porque lo necesitamos mucho. Fíjate lo que acabamos de escuchar. Con la guerra no logras nada. Nuestro armamento son nuestros cuchillos, nuestros tenedores y todos los utensilios que utilizamos cada día para cocinar”.

Es media tarde y termina la jornada de Marcha Antiimperialista. Nicolás Maduro ha concluido su discurso pidiendo a los venezolanos que continúen activos en las calles. Los camiones siguen sonando salsa mientras la marea roja comienza el retiro a sus casas y Caracas se prepara para una nueva rutina de sábado noche.

*Sputnik

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