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Hundimiento del General Belgrano fue un acto de guerra, dice ex jefe de Ejército argentino

El ataque del submarino nuclear británico Conqueror que hizo naufragar el 2 de mayo de 1992 al crucero argentino General Belgrano y acabó con la vida de 323 soldados constituyó un hecho de guerra pero no un crimen, afirmó en una entrevista exclusiva con Sputnik el exjefe del Ejército, Martín Balza.

«Sin lugar a dudas es un hecho de guerra, aunque algunos lo hayan calificado como crimen de guerra», señaló el general retirado.

El crucero de la Armada argentina, «el buque más importante que tenía nuestra flota», estaba fuera de la zona de exclusión que de manera unilateral había demarcado Reino Unido en torno de las australes Islas Malvinas, por lo que se situaba en aguas internacionales cuando fue atacado, indicó Balza.

«El crucero tenía proa hacia el continente, de modo que no era una amenaza para la flota británica», sostuvo.

El general retirado hizo alusión al vicealmirante británico Tim McClement, quien aseguró que durante la Guerra de las Malvinas de 1992 hubo cuatro submarinos nucleares del Reino Unido.

La primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990) «no podía desconocer la ubicación del submarino Conqueror y hacia dónde se dirigía, porque en ese momento la flota de mar argentina, los barcos de superficie, ni siquiera le disputaban la supremacía marítima al adversario», reflexionó el exjefe del Ejército.

A partir del hundimiento del General Belgrano, «las negociaciones que todavía estaban en marcha se cancelaron, y se agudizó lo que yo creo que la señora Thatcher deseaba: tenía una alicaída gestión y esta guerra la potenció en su accionar político».

En cualquier caso, el Estado argentino nunca reclamó ante la comunidad internacional que el bombardeo del Belgrano fuera un crimen de guerra.

«Crimen de guerra es considerado aquello que se aparta de los usos y hechos de la guerra, como cuando en la II Guerra Mundial, submarinos alemanes atacaron buques mercantes argentinos que no estaban participando en las operaciones», ejemplificó.

Familiares de soldados argentinos que murieron en el ataque al General Belgrano denunciaron a Thatcher ante el Tribunal Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo en 2000, pero los jueces desestimaron el caso.

«La actitud de los familiares es comprensible, han perdido seres queridos, pero otra cosa es la posición de los distintos gobiernos, y desde el regreso de la democracia en 1983, ninguno ha ido a ningún tribunal internacional por este caso», recordó Balza.

Tras reiterar sus respetos por «todos los combatientes británicos y argentinos» que participaron en el conflicto, Balza aseguró que «la guerra no solucionó nada».

«Argentina seguirá reclamando en los foros internacionales algo que es incuestionablemente argentino, y nunca más va a recurrir a la violencia», finalizó.

VIOLACIONES DURANTE LA GUERRA

El militar retirado, que era teniente coronel cuando fue enviado al archipiélago como jefe del Grupo de Artillería 3, negó que en la Guerra de Malvinas el Ejército hubiese cometido violaciones sistemáticas de derechos humanos contra sus soldados.

Una causa judicial abierta en 2007 en la austral provincia de Tierra del Fuego investiga la comisión de crímenes de lesa humanidad por parte de 95 exmilitares que habrían torturado a soldados conscriptos que estaban bajo su mando.

Tras escuchar a 120 víctimas, el juez responsable del caso, Federico Calvete, ordenó en diciembre pasado la declaración indagatoria de 18 exjefes militares acusados de estaqueamientos y vejámenes contra sus subordinados, quienes en plena batalla fueron enterrados en el suelo o imposibilitados de correr, según los testimonios.

«Le respondo por mi unidad y por otras de las que tuve conocimiento: no me consta ningún trato que hubiese podido afectar la disciplina militar, ni supe de la comisión de un delito tan agraviante», dijo Balza.

El general retirado admitió la gravedad de que un superior hubiese abusado de su autoridad contra un soldado durante el conflicto en el Atlántico Sur.

«He sido jefe del Ejército más de ocho años, desde fines de 19991 hasta el fin del siglo pasado, y nunca recibí una denuncia de ese tipo», señaló.

En la zona de combate «había 14.000 hombres argentinos, y en toda guerra pueden ocurrir actos delictivos, pero es inadmisible que fueran cometidos por oficiales o suboficiales», sostuvo.

Balza no descartó que, «de forma puntual y aislada», hubiesen podido ocurrir violaciones a la disciplina militar, lo que constituye un delito.

«Esos casos tendrían que haber sido sancionados con todo el rigor que corresponde en ese momento o inmediatamente después del conflicto», consideró.

De hecho, «no sé por qué se demoraron en hacer las denuncias más de 25 años, pero no niego que no se hayan cometido hechos puntuales que en ese caso debían haber sido juzgados por el Código de Justicia Militar», añadió.

Balza relató que tomó conocimiento de las acusaciones cuando trascendieron como noticia en los medios de comunicación hace una década, cuando ya había dejado el mando del Ejército.

«Ahora esas denuncias se están tramitando en la jurisdicción federal, que es la que corresponde», señaló.

El 25 de abril de 1995, Balza apareció en todos los televisores argentinos para pedir perdón en nombre del Ejército por los delitos de lesa humanidad que cometió su fuerza durante la última dictadura militar (1976-1983).

«El mensaje que pronuncié, que tuvo una gran trascendencia nacional e internacional, no porque fuera solo una postura personal, lo cual aisladamente no habría tenido ningún valor, sino porque fue un mensaje institucional del Ejército argentino hacia la sociedad», recordó.

Entidades de derechos humanos estiman que en aquellos años unas 30.000 personas fueron detenidas-desaparecidas y al menos 500 niños y niñas fueron sustraídos a sus padres y entregados a cómplices del terrorismo de Estado.

Sputnik

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