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Los valientes latinoamericanos que combatieron cuerpo a cuerpo contra el nazismo

La participación de Brasil en la II Guerra Mundial es un capítulo muchas veces olvidado en la historia del país (por no mencionar la historia mundial). La bravura de los soldados brasileños desempeñó un papel significativo en la victoria de los aliados en la Campaña de Italia. A 74 años del fin de la contienda, compartimos con los lectores el relato de esos poco reconocidos héroes latinoamericanos.

Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el entonces presidente de Brasil, Getulio Vargas, decidió mantener al país en una posición neutral en un intento de seguir beneficiándose de las relaciones con las grandes potencias de ambos lados del conflicto. La ‘neutralidad interesada’ de Vargas llegó a su fin en los primeros meses de 1942, cuando permitió la instalación de bases militares estadounidenses en el país a cambio de préstamos millonarios para la creación de la Compañía Siderúrgica Nacional.

La alianza entre Brasil y EEUU obviamente no agradó a Alemania que, pocos meses después, empezó a atacar navíos mercantes brasileños. Hundieron más de una treintena de buques —algunos en plena costa del país suramericano— y cerca de seis centenares de brasileños perdieron sus vidas en los ataques.

La muerte de personas inocentes llevó al pueblo a salir a las calles a exigir que Brasil reconociera el estado de beligerancia con los países del Eje. En este contexto, en agosto de 1942, Vargas declaró la guerra a la Alemania nazi y a la Italia fascista.

Serpientes fumadoras

Pese a las obviamente duras condiciones que enfrentarían en la guerra, los ‘pracinhas’ (como pasaron a ser llamados cariñosamente los soldados brasileños por la prensa y la población en la época) mantuvieron su sentido del humor en la elección del símbolo que representaría la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB).

El escudo con una serpiente verde fumando en pipa surgió como una provocación bienhumorada a lo que se afirmaba de forma irónica en la sociedad brasileña de aquel entonces: «Es más fácil ver a una serpiente fumar que a Brasil entrar en la guerra en Europa».

La creatividad del símbolo de las tropas brasileñas acaparó la atención de un inesperado —¡e ilustre!— artista: Walt Disney. Con el objetivo de motivar a los soldados que a aquellas alturas ya se encontraban en el campo de batalla, el periódico O Globo publicó en su portada del 22 de febrero de 1945 una exclusiva interpretación del escudo de la FEB. El autor del dibujo no era otro que el creador de Mickey Mouse.

Rumbo a Italia

Por diversas razones de orden política y operacional, los más de 25.000 militares de la FEB embarcaron rumbo a Europa solamente en julio de 1944, casi dos años después de que Brasil declarara la guerra a las potencias del Eje.

«La llegada a Italia fue una sorpresa: viajamos, cruzamos el océano Atlántico y el mar Mediterráneo sin saber exactamente cómo y dónde actuaríamos. Solamente al desembarcar descubrimos que íbamos a luchar contra los alemanes en Italia», recuerda el teniente coronel Leonel Junqueira, quien partió rumbo a la guerra el 20 de septiembre de 1944.

El veterano, que cumplirá 105 años el diciembre próximo, se presentó voluntario para luchar por su país. En una conversación telefónica con Sputnik, Leonel Junqueira cuenta que las situaciones de gran peligro empezaron antes incluso de pisar suelo europeo.

«El viaje en navío a Italia duró cerca de 16 días, pero en el camino de vuelta se tardó cinco o seis días menos. Lo que pasó es que en la ida, los buques y aviones de nuestra escolta a veces detectaban submarinos enemigos en la ruta planeada. Entonces nuestro navío se veía obligado a cambiar su ruta», explica.

Leonel Junqueira todavía era sargento primero cuando embarcó hacia Italia y, pese a que estaba entrenado para otra designación, fue transferido al escuadrón de guerra química nada más llegar al país transalpino.

«Yo no tenía ninguna práctica en esta área, es decir, no solo yo, nadie de mi grupo de guerra química entendía de eso. Pero aprendimos con la compañía estadounidense de guerra química. Estábamos encargados de manejar gases venenosos en caso de que fuera necesario. Pero como los alemanes no los usaron, nosotros tampoco lo hicimos. Además, enseñábamos a los soldados a usar las máscaras antigases. Lo que sí hacíamos a menudo era preparar cortinas de humo. Cuando los brasileños necesitaban atacar a las fuerzas alemanas, hacíamos una cortina de humo para que no pudiesen ver a los brasileños caminando en su dirección», detalla el veterano a Sputnik.

Recuerdos imborrables

Pese a las más de siete décadas que han pasado desde que el nazismo fue finalmente derrotado, algunos momentos han quedados para siempre en la memoria del veterano centenario.

«Todo el tiempo en que estuvimos allá, estuvimos en peligro. Por ejemplo, en la segunda o tercera noche tras la llegada a Italia, todavía ni habíamos entrado en combate, cuando viví el primer momento de peligro. Yo estaba en mi carpa escribiéndole una tarjeta postal a mi novia bajo la luz de una vela cuando pasaron aviones y lanzaron una bomba, es más, varias bombas. Se apagó la vela, mi carpa voló por los aires. La suerte es que las bombas cayeron más allá de nuestro campamento. Si hubieran caído donde estábamos acampados, habríamos muerto sin ni siquiera haber luchado».

«En otra ocasión, tampoco morí de puro milagro. Cuando perseguíamos a los alemanes, llegamos a una pequeña ciudad que había sido completamente bombardeada. Llegamos a eso de las 17:30 a dormir para seguir adelante el otro día por la mañana. Me dieron a mí y a mi grupo de guerra química, éramos cerca de 25 hombres, un sótano para pasar la noche. En aquel entonces ya había sido ascendido a subteniente y era el encargado del grupo. Al entrar en casa les dije a todos que tuvieran cuidado con las minas. Al examinar el sótano encontré una bodega con unas 30 botellas de vino. Les dije a todos que no tocaran las botellas, pero algunos no escucharon la recomendación. Ya iban a poner la mano en una botella cuando les grité: ¡Para! ¡Para!», recuerda el veterano con emoción.

«Ordené a que llamaran a los sargentos de la ingeniería, encargados de las minas. Ellos entraron al sótano, con un aparato que detectó una mina bajo las botellas de vino. Con todo el cuidado removieron una mina enorme como un queso que, si hubiera explotado, nos hubiera matado a todos. Eso no pasó conmigo, tampoco con mis compañeros, pero en una casa vecina se murieron dos sargentos de esa manera», rememora el veterano.

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Leonel Junqueira, meses antes de la guerra. Archivo personal de Leonel Junqueira.

Pese al escenario de tragedia y destrucción que solo una guerra es capaz de proporcionar, Leonel Junqueira se acuerda también de momentos buenos y de las breves amistades construidas con los lugareños de las regiones por donde pasaban.

«Teníamos una muy buena relación con los civiles italianos. Al poco tiempo, nosotros ya habíamos empezado a hablar su idioma, nos enseñaban ellos. Y nosotros a ellos les enseñábamos portugués. De esa manera nos comunicábamos. Eran muy agradecidos con nosotros. Los alemanes les trataban muy mal, mientras nosotros, los brasileños, los tratábamos muy bien. En la hora del almuerzo, la mayoría de los brasileños antes de tocar la comida, separaba una mitad para aquellas señoras que llegaban con niños hambrientos a nuestro campamento, para que llevaran la comida limpia y no necesitaran estar buscando restos en la basura», recuerda el militar.

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Leonel Junqueira en los días actuales © Eduardo Rodrigues de Souza.

Después de casi un año en Italia y después de que el Eje finalmente perdiera la guerra, llegó el momento más esperado por todos los soldados: la vuelta a casa. A finales de agosto de 1945, Leonel Junqueira pudo hacer realidad la esperanza de «no morir sin volver a la tierra natal», según se refleja en la canción del expedicionario, el himno informal de la FEB.

«En la vuelta en el navío, la tropa embarcada la comandaba un general de artillería. Este general se quedaba en su cabina de lujo, mientras nosotros nos quedábamos en cubierta. Por el calor, llevábamos puestos solo unos pantalones cortos, sin camisa. En un determinado momento, el general avistó tierras brasileñas. Estaba en su camarote, en pijamas, pero no se contuvo y bajó a la cubierta a saludarnos. Estábamos todos semidesnudos, sin camisa, pero vino a abrazarnos a todos. Mientras se reía y lloraba nos dijo a todos: ‘Mis hijos, ya estamos llegando a la casa'», recuerda Leonel Junqueira con la voz entrecortada.»Todos llorábamos y reíamos, un llanto y una sonrisa de alegría de volver a casa. Ese fue uno de los momentos más inolvidables de mi vida».

Encuentro con una leyenda soviética

Al conversar con la corresponsal de Sputnik, que se encuentra en Rusia, Junqueira se acuerda de un poeta ruso que conoció en sus días de combate en Italia.

«En enero de 1945, algunos reporteros brasileños y nosotros estábamos en un bar en un día de descanso y conocimos a un poeta ruso que se llamaba Símonov. Mientras tomábamos unas cervezas, él declamó un poema que había escrito para su novia, que estaba en Rusia. Luego les pidió a los reporteros brasileños que lo publicara en nuestro periódico», recuerda el veterano de guerra antes de leer emocionado la versión traducida del texto que, de hecho, terminó siendo publicada en el periódico Cruzeiro do Sul el 7 de enero de 1945.

El poeta que cruzó el camino de Junqueira no era otro que Konstantín Símonov, un premiado corresponsal de guerra de la Unión Soviética. El poema que recuerda el veterano hasta el día de hoy era ‘Espérame’, que se convirtió en un símbolo de la participación soviética en la guerra y se le enseña a muchos escolares rusos incluso a día de hoy.

Participación femenina en la guerra

Además de los más de 25.000 hombres, Brasil envió también a Italia su propio cuerpo de enfermeras. Entre las siete decenas de mujeres estaba Aracy Arnaud Sampaio, quien, a través de su diario de memorias, eternizó los días de esas jóvenes brasileñas en la Campaña de Italia.

Su hija, Maria do Socorro Sampaio, es presidenta de la Asociación Nacional de veteranos de la FEB en el Distrito Federal y se dedica a contar las historias de heroísmo de su madre y de sus compañeras de profesión en el campo de batalla.

Cuando salió la convocatoria para las enfermeras [en 1942], mi madre abandonó la universidad de economía donde estudiaba entonces. Fue a hacer el curso de voluntaria socorrista en la Cruz Roja brasileña y el curso de emergencia de enfermeras de la reserva del Ejército. Luego de eso, las otras muchachas y ella pasaron a formar parte de un cuadro especial del Ejército, pese a que no eran militares», explicó Maria do Socorro a Sputnik.

Aracy Sampaio embarcó rumbo a la guerra solamente dos años más tarde, cuando la Fuerza Expedicionaria Brasileña finalmente fue enviada a Italia. Al contrario de los soldados, las enfermeras partieron de Brasil en avión, pero no volaron directamente a Italia, sino a Dakar, la capital de Senegal. Después de otras dos escalas más en el continente africano, las jóvenes finalmente llegaron a Nápoles.

«Cada una de las enfermeras fue llevada a trabajar a un lado; mi madre fue para el séptimo hospital de Livorno. Este no era un hospital de campaña, era un gran edificio que solía ser una colonia de vacaciones. Sin embargo, las enfermeras dormían en carpas, razón por la cual mi madre se enfermó repetidas veces. Llegó a enfrentar 20 grados bajo cero, estando acostumbrada al calor del nordeste brasileño», contó la hija de la veterana.

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Aracy Sampaio antes de partir rumbo a Italia.

La dedicación al trabajo era tanta que, cierto día, en medio de la preocupación para ayudar a un paciente tras una explosión, Aracy Sampaio no se dio cuenta de que estaba herida ella misma.

«Un día, un soldado brasileño y un partisano italiano llevaban a cabo una operación en el hospital para transformar una escalera en una rampa, cuando accidentalmente hicieron explotar una mina que estaba escondida en el local. Los que estaban en el hospital creían que estaban siendo bombardeados. Mi madre se apresuró a un cubículo para ayudar a uno de sus pacientes que tenía el cuerpo completamente enyesado».

«Ella ni se dio cuenta de que la explosión le había perforado un tímpano. Cuando salió de este local y fue a la enfermería mayor, los pacientes le informaron que estaba cubierta de sangre. Mi madre tuvo que estar internada 10 días y perdió la audición en su oído izquierdo. Sin embargo, al contrario que otras enfermeras que tuvieron problemas de salud y fueron evacuadas de vuelta a Brasil, mi madre se quedó hasta el final de la guerra», recuerda Maria do Socorro orgullosa.

Memoria de la FEB y la nueva generación

Pese a que falleció en 2008, a los 91 años, Aracy sigue viva no solo en la memoria de su hija. El cineasta Ruyter Curvello Duarte decidió transformar los relatos registrados en el diario de la enfermera en una película sobre su vida. El cortometraje ‘Por los ojos de Aracy’ debe ser lanzado al público a finales de año, pero ya ha sido premiado en el Festival de Cine Militar de Brasil.

«Esta película es interesante porque arroja luz sobre las enfermeras de la FEB, que siempre han quedado un poco en segundo plano, aunque hayan desempeñado un papel tan importante como el de los hombres», contó Ruyter a Sputnik.

Aunque no tenga antepasados que estuvieron en la guerra, el cineasta, que creció en una familia de militares, se interesa mucho por las historias de la FEB y cree que es importante reconocer el valor de los brasileños y brasileñas que combatieron cuerpo a cuerpo contra el nazismo.

«Es importante contar estas historias porque en Brasil, desafortunadamente, tenemos un problema grave en lo que se refiere a perpetuar nuestra historia, de contarla y de reverenciar a nuestros héroes. Y estas historias se están perdiendo, cada vez quedan menos veteranos vivos, necesitamos escuchar sus historias ahora, mientras todavía se puede», subrayó Ruyter.

El artista plástico Antonio Junior también ha decidido contribuir a la propagación de la memoria de la Fuerza Expedicionaria Brasileña. Antonio es uno de los creadores del proyecto ‘Smoking Snakes’ —Serpientes Fumadoras—, que, además de publicar cómics con historias de los ‘pracinhas’ en estilo clásico y en estilo japonés —manga—, también lleva a cabo entrevistas con veteranos y prepara vídeos informativos sobre la época.

«Este es un proyecto de rescate cultural acerca de la participación de Brasil en la Segunda Guerra Mundial. La idea surgió cuando vimos en internet que una banda de metal pesado llamada Sabaton grabó una canción llamada ‘Smoking Snakes’, rindiendo homenaje directo a los brasileños que lucharon en la Segunda Guerra Mundial. Eso me afectó, porque me di cuenta que los propios brasileños no nos interesamos por ese asunto. Mientras unos suecos allá en la península de Escandinavia rinden homenaje a los soldados brasileños, nosotros mismos no lo hacemos», contó Antonio en una entrevista con Sputnik.

El proyecto cuenta también con la participación de dos estudiantes de historia, Danilo y Daniel Mota, hermanos gemelos que se dedican a entrevistar a veteranos y registrar sus relatos.

«La memoria de una nación trabaja la autoestima de la población, del pueblo, los hace creer más en sí mismos como personas, como ciudadanos, como nación. Es necesario tener conocimiento acerca de sus antepasados».

 Antonio Junior
artista plástico e ideador del proyecto ‘Smoking Snakes’

«Brasil tiende a enfocarse en el lado negativo. Muchos suelen decir, por ejemplo, que la FEB llegó a la guerra ya en los momentos finales, en un intento de desmerecer su actuación. El final de la guerra es el peor momento de la guerra, es el momento más sanguinario. No se puede tomar a la ligera llegar al final de la guerra, es el peor momento. Es el momento en que todo empeora en el lado humano, empieza la cobardía, las masacres. Desafortunadamente, eso de desmerecer a Brasil es algo característico de los brasileños», lamentó Antonio.

La importancia de Brasil en la II Guerra Mundial

Aunque pequeña, la contribución de Brasil a la campaña de Italia fue significativa, y permitió a los Aliados derribar finalmente a la llamada Línea Gótica, un conjunto de fortificaciones alemanas a lo largo de los montes Apeninos. Sin embargo, las historias de bravura de los ‘pracinhas’ a menudo se olvidan y suelen ser contadas solamente en los círculos familiares de los veteranos o en los pocos museos dedicados a este período histórico.

«Brasil tuvo una importancia muy grande en la guerra. La mayoría de las personas no habla de eso, es un gran pesar que mucha gente en Brasil y en Europa no sepa que más de 25.000 brasileños vinieron a combatir el nazi-fascismo. Mucha gente no sabe que Brasil fue el único país de la América Latina en combatir en Europa», lamenta el historiador italiano Giovanni Sulla, en una entrevista con Sputnik.

Sulla reside en Montese, una pequeña localidad italiana que fue el escenario de una de las más sangrientas batallas en las que participaron las tropas brasileñas. El historiador ha dedicado toda su vida a estudiar la participación del país suramericano en la II Guerra Mundial y ya ha publicado incluso un libro sobre el asunto.

«Acá donde vivo, en Montese, y en los alrededores, mucha gente tiene en sus casas recuerdos de la guerra, es decir, cascos, material bélico… Yo mismo tengo en casa muchas cosas. Cuando tenía unos 10 o 15 años me convertí en un entusiasta de este pedazo de historia. Mucha gente me hablaba de esos soldados que llegaron del otro lado del mundo. No eran estadounidenses, sino brasileños. Sin embargo, en los libros de historia nadie hablaba de ellos», cuenta Sulla en referencia a por qué decidió dedicarse a la investigación profundizada del tema.

En Italia, hasta el día de hoy, la población se acuerda de los ‘pracinhas’ y celebra su presencia. Giovanni cuenta que además de los diversos monumentos a los «libertadores», como quedaron conocidos en su región los soldados brasileños, se realizará en 2020 una gran fiesta para celebrar el 75 aniversario del fin de la batalla de Montese y «recordar la gloria de la presencia de la FEB».

«No hay duda de que los soldados brasileños trajeron una esperanza a la población italiana, trajeron una sonrisa. Los soldados brasileños vinieron acá no para conquistar, no para matar, sino para traer la democracia y la libertad a Europa y al mundo entero».

Giovanni Sulla
historiador italiano

Sputnik

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