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Trump ataca a Huawei en guerra contra una 5G china en Europa

El ‘decreto anti-Huawei’ firmado por Donald Trump pone la guinda a su guerra comercial contra China. El bloqueo del dragón de las comunicaciones mundiales obliga a Europa a tomar postura antes de lanzarse al desarrollo de la red 5G, la nueva tecnología de las comunicaciones.

Por Luis Rivas*

Trump invocó el «estado de emergencia» nacional como le permite la ‘International Emergency Economy Power Act’ de 1977. En plena batalla de tarifas aduaneras con China, el muro contra Huawei, que no es citada ni en las explicaciones de la medida, supone un acto de guerra comercial de gran calibre. Huawei, con una cifra de negocio de 180.000 millones de dólares, es el portaaviones del capitalismo de Estado chino y su empresa más internacional.

Estados Unidos, como el resto del mundo, se prepara para desplegar la 5G, la nueva red de telecomunicación que multiplicará la velocidad en el transporte de datos y que afectará no solo a la vida cotidiana de los consumidores —a través del teléfono o internet— sino que tendrá implicaciones sustanciales en lo referido a gestión de infraestructuras, hospitales, puertos, transportes, inteligencia artificial… Un salto tecnológico que, por el impacto civil y militar, hará mucho más sensible la protección de datos.

Trump considera que «los adversarios extranjeros están creando y explotando vulnerabilidades en servicios y tecnologías de la información y la comunicación que almacenan y transmiten enormes cantidades de información delicada, facilitan la economía digital y respaldan infraestructura crítica y servicios de emergencia vitales». En concreto: Estados Unidos quiere evitar el espionaje económico, industrial y, claro está, político.

El decreto veta en teoría a cualquier empresa china, pero ninguna como Huawei tiene el potencial para imponerse a nivel mundial. No hay que retroceder mucho en el tiempo para recordar el primer ataque de la Administración Trump contra Huawei.

Para el simple consumidor de celulares Huawei, la detención el pasado diciembre, en Canadá, de la Directora Financiera de la compañía, Meng Wannzhou, fue la noticia que puso al descubierto la guerra político-comercial entre Estados Unidos y China.
Entonces, Otawa se vio obligada a seguir la petición de su vecino y convertirse también en ‘enemigo’ de Pekín. Meng Wanzhou fue acusada de haber creado una empresa ficticia para sortear el embargo a Irán. Como represalia, dos canadienses fueron detenidos en China también en diciembre y han sido encausados formalmente de espionaje y robo de secretos de Estado pocas horas después de la firma del decreto por Trump.

¿Caballo de Troya de Pekín?

Hay que recordar que las medidas contra Huawei y las tecnológicas chinas comenzaron desde el mandato de Barack Obama. Huawei, que opera desde 1978, fue acusada de ciberespionaje en Estados Unidos en 2007, cuando intentó comprar la compañía norteamericana Bain Capital. En 2003, otra norteamericana, Cisco, acusó a Huawei de copiar su código fuente. También se achacaron a la empresa china, en 2012, los intentos de robar la tecnología del robot Tappy, creado por la norteamericana T-Mobile.

Por supuesto, el creador de Huawei y padre de la detenida en Canadá, Ren Zhengfei, ha rechazado siempre las acusaciones de espionaje y de ser un «caballo de Troya» del Gobierno de Pekín. Subrayó que nunca se han encontrado pruebas concretas para mantener esas acusaciones. «Amo a mi país, apoyo al Partido Comunista, pero nunca haría nada para perjudicar a ningún país en el mundo», afirmaba recientemente Ren Zhengfei.

Para el presidente de la compañía incriminada, la ofensiva de Trump no es tanto un problema comercial en Estados Unidos, como para su desarrollo en el resto del planeta, y, en especial, en Europa, donde la soberanía de los estados podría verse afectada por las presiones de su aliado transoceánico.

El Reino Unido forma con Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda el grupo ‘Five Eyes’ (Cinco ojos), con el fin de cooperar en cuestiones de seguridad e inteligencia. Australia, que ya en el pasado había prohibido a China la instalación de cables de fibra óptica submarina, decidió también bloquear el despliegue de la 5G en su territorio a Huawei y a otra empresa china de telefonía y comunicaciones, ZTE. Nueva Zelanda hizo lo mismo. Otro aliado asiático de EEUU, Japón, siguió los pasos de los anteriores.

Escándalo en el Reino Unido: ruedan cabezas

La jefa del Gobierno británico, Theresa May, ha tenido que añadir al conflicto sobre el Brexit, el debate sobre Huawei. Después de discusiones intensas con su gabinete y con el Consejo de Seguridad Nacional, May decidió, en un primer momento, ofrecer a Huawei una participación limitada en las infraestructuras de la 5G. Su responsable de Asuntos exteriores, Jeremy Hunt, dijo que la decisión no era definitiva y que «no se adoptaría una decisión que pudiera comprometer la capacidad de compartir información con sus aliados». Al Ministro de Defensa de May, Gavin Williamson, su inquietud, filtrada a la prensa, le costó el puesto.

Entre 2009 y 2011, la compañía telefónica británica Vodafone denunció fallos de seguridad en el material enviado a su filial italiana por Huawei. Se trataba de lo que los expertos llaman ‘backdoors’ en los routers, que permitirían a la empresa china captar y almacenar los datos de cada cliente. Vodafone y su rival nacional, British Telecom, retiraron el material de Huawei de su núcleo central en la red.

Las presiones de Washington sobre Alemania fueron más directas. El embajador norteamericano advirtió a Angela Merkel que, si Huawei no era rechazada en el desarrollo de la 5G, Washington se vería obligado a reducir su cooperación en materia de inteligencia. Hasta el ‘decretazo’ de Trump, Berlín aguantaba el tipo. El presidente de la Bundesnetagentur, la agencia reguladora de telecomunicaciones, Jochem Homann, declaró al Financial Times que Huawei tiene un número importante de patentes en le sector y que, si es excluido del mercado, el lanzamiento de la 5G se retrasaría. «Nadie será específicamente apartado», aseguró Homann. Pero será Merkel quien decidirá en última instancia.

La OTAN advierte a Europa

En Francia, también prefieren, de momento, aplicar la presunción de inocencia a Huawei. El Senado no quiso ratificar una propuesta de la Asamblea Nacional que aprobó en abril pasado una ley «para preservar los intereses de la defensa y la seguridad nacional en el marco de la explotación de las redes radioeléctricas móviles». Esa ley prevé que los operadores de telefonía pasen el permiso del gobierno y de la Agencia Nacional de seguridad de sistemas de Información (ANSSI). El presidente Macron ha optado, por ahora, por desapasionar el debate. La iniciativa de Donald Trump le obligará a tomar partido.

En España, una opción por el bloqueo de Huawei sería también complicada pues Madrid ya decidió a principios de año dejar en manos de esa empresa y de la también china ZTE el desarrollo de su 5G.

La Unión Europea, como institución, no puede intervenir en la contienda, pero quien no ha dejado pasar la ocasión para dar su opinión es el Secretario General de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, que ya ha advertido: «Lo que le importa a la OTAN es que las decisiones sobre la 5G sean tomadas de manera que garantice su seguridad. No se puede evitar esta reflexión». A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Huawei es, con la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia, uno de los lideres mundiales en telecomunicaciones y es el favorito de la mayoría de los gobiernos en todos los continentes para desarrollar la 5G. Ya está copando el mercado asiático y el latinoamericano, pero su conquista de Europa puede verse muy afectada por la decisión de Washington.

*Sputnik

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