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Bajos precios, altos costos y sequía: tormenta perfecta para los cafetaleros de Costa Rica

José Luis Porras, con 64 años de edad y 45 como cultivador de café en Costa Rica, sabe que cuando muera nadie en su familia continuará el negocio: los bajos precios en el mercado y los elevados costos de producción están llevando a los cafetaleros a vender sus terrenos y obligando a las cooperativas a pensar nuevas estrategias para incrementar su productividad y ganancias.

Por Rafael Rey*

«Una vez que José Luis Porras patee el balde, que cuelgue las tenis (zapatillas deportivas), habrá que ver qué hace la familia con la finca, si no se ha vendido, porque yo soy el que mantengo el café», dice a Sputnik el veterano productor en su casa de la localidad de Grecia, a unos 45 kilómetros al oeste de la capital costarricense.

Porras aprendió a cultivar café con su padre, pero la tradición familiar seguramente se interrumpa cuando él ya no esté en condiciones de seguir ocupándose de su finca.

«Tengo cinco hijos, tres mujeres y dos varones. De los dos varones, uno ya es profesional, es ingeniero en electrónica, no se va a enredar por ahí. Y el otro, que está estudiando música, no lo veo que se vaya a hacer cargo de la finca. Si consigue un trabajo por allá, en la capital, le va a quedar más con ese salario que manteniendo la finca. Y no se van a ensuciar. Sentaditos en un escritorio se ganan el dinero más fácil», explica el productor.

Porras es propietario de la finca Santísima Trinidad, donde se encarga de todas las tareas relativas a la producción de café, y solo recibe ayuda de uno de sus hijos y de su esposa durante la recolección del fruto.

Es la única manera de que cierren los números.

«El gasto en mano de obra no le hago mucho número, porque es lo que sé hacer, entonces me queda un poquito de ganancia. Pero si tuviera que pagar todo lo que hay que meterle al café, no me quedaría nada en el fondo del canasto», dice.

COOPERATIVISMO

El productor integra desde hace décadas la Cooperativa Victoria, que con 75 años es la más vieja de Costa Rica, y hoy está conformada por unos 3.000 asociados.

Rodrigo Oviedo, integrante del Consejo Directivo de la cooperativa, contó a Sputnik que todo comenzó en 1943, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

«El país declaró la guerra a Alemania, todos los alemanes fueron expulsados del país y quedó esta hacienda en manos del Estado. Y los agricultores que había acá quedaron con el problema de qué hacían con su producto, porque anteriormente venían y se lo vendían a los alemanes y ellos lo procesaban», explica Oviedo en las oficinas de la cooperativa, ubicadas en el mismo predio donde hace más de 70 años estaba la hacienda de la familia alemana.

Tras la expulsión de los hacendados europeos, los productores recurrieron al Estado «para ver qué podían hacer».

«Se hizo un convenio con el principal banco del Estado en ese momento y hubo una participación en la que el Estado les ayudaba a administrar inicialmente, y así fue como empezó el proceso. Años después ya se vio que estaba funcionando bien y cedieron todo el manejo y la administración a los asociados», que en ese momento era unos 20, cuenta Oviedo.

Aunque la producción de café tuvo una época dorada, con buenos precios y altos niveles de producción, la situación actual del sector es un tanto preocupante, en momentos en que, paradójicamente, hay una demanda cada vez más grande de café a nivel mundial.

Este año la cooperativa recibió 28.000 fanegas de parte de sus productores; el año anterior habían sido 40.000.

Una fanega son 258 kilos de fruto de café, y equivale a unos 45 kilos de café ya en grano, listo para tostar.

«Se han tratado de desarrollar actividades comerciales, porque estamos en una zona que cada día está más al centro del país y cada día hay menos terrenos cultivables, porque se ha venido urbanizando», cuenta Oviedo.

Por ello, la cooperativa ha tenido que ampliar sus actividades para subsistir, y actualmente cuenta con una estación de servicio en la zona, un cementerio y un almacén de suministros de agroquímicos.

«Originalmente la agricultura era la que sostenía todo y permitía desarrollar otros negocios. Por lo que podemos ver, la agricultura en su momento va a necesitar apoyo, o ya está necesitando apoyo. Entonces ahí lo que queremos es ir dando vuelta para que las áreas comerciales sean las que soporten los costos y que sí podamos mantener la parte agrícola. No es que vamos a salir de la parte agrícola, sino que necesitamos sostenerla», explica.

El directivo cuenta que las familias de productores van dividiendo sus tierras para que sus hijos y nietos puedan construir allí sus hogares, reduciendo las áreas de cultivo.

«La gente con grandes fincas divide entre sus hijos, los hijos entre los nietos, y cada vez las fincas son más pequeñas y mucho menos rentables. Es muy difícil con una extensión pequeña tener una rentabilidad como para mantener la actividad. Entonces mucha gente que eran asociados de la cooperativa se va saliendo de la actividad, se dedican a otras cosas», lamenta Oviedo.

Por este motivo, y ante la imposibilidad de adquirir nuevos terrenos, la cooperativa elaboró un proyecto a mediano plazo para aumentar los niveles de productividad.

«Se está trabajando para que en el mismo terreno, porque no podemos crecer en terrenos, podamos mejorar la productividad y dupliquemos, o más, el ingreso de café», señala.

«El agricultor que está pensando en vender su parcelita porque no le es rentable, ya con una productividad mejor va a lograr un mejor ingreso y no va tener que vender su tierra», agrega Oviedo.

CAMBIO CLIMÁTICO

«Esta lluvia es una bendición», dice Paul Montoya, ingeniero agrónomo que trabaja hace siete años asesorando productores sobre todo lo referido al cuidado de sus plantaciones.

La lluvia, que cae copiosamente sobre los predios de la cooperativa, se demoró 45 días, cuenta Montoya a Sputnik. Y eso no significa otra cosa que problemas para los productores.

«El café es una planta que por su fisiología, para producir la floración, que después se va a convertir en el grano de café, requiere de estrés hídrico de suelo, que el suelo se seque. El estrés hídrico es un sufrimiento para la planta, que hace que ella enfoque su energía en la descendencia, en las flores. Y cuando llega el estímulo, que es la lluvia, esa energía se tira afuera y se produce la floración», explica.

Pero para eso hay un momento ideal, añade, «y ese momento ideal fue hace mes y medio».

«Todos los días que han pasado desde ese mes y medio hacia acá son suma de problemas para el agricultor, porque hay menos cuaje, menos flores, por lo tanto hay menos frutos de café, y al haber menos frutos hay menos cosecha», explica el especialista.

Para Montoya, la escasez de lluvias es uno de los efectos adversos del cambio climático, y perjudica directamente a los cafetales.

Las consecuencias, continúa, son varias: menos producción, menos años de vida útil de los cafetales, mayores costos de producción y menos resistencia a las enfermedades y las plagas, entre otras.

«El cambio climático afecta inmensamente; demasiado. En la zona, la planta que más está sufriendo el cambio climático se llama «café», resume el ingeniero agrónomo.

No obstante las dificultades, el café es, más que una profesión y un trabajo, un estilo de vida, y nadie parece dispuesto a rendirse ante las dificultades.

«He vivido agradecido con Dios y con el café, porque el café para mí ha sido la gallina de los huevos de oro. Soy cafetalero cien por ciento. Mientras pueda trabajar seguiré sembrando el café», afirma Porras, antes de despedirse para volver a ocuparse de sus plantas.

*Sputnik

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