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Ángel Gutiérrez y la metamorfosis del teatro español

El dramaturgo español Ángel Gutiérrez compartió con Sputnik sus recuerdos sobre la fundación de la escuela del arte dramático en España y la transformación del teatro español en lo que es hoy en día.

Uno de los ‘niños de guerra’, exiliado en la Unión Soviética, Gutiérrez regresó a España en los años 70 y desde entonces ha hecho una contribución muy importante en el arte de teatro dramático en España, al promover en su patria el sistema del legendario Konstantín Stanislavski y fundar su propio Teatro de Cámara Chéjov en Madrid.

PLANTEAMIENTO

Cuando llegó a España, descubrió con «gran sorpresa» que en el país «no había escuelas» de teatro dramático.

Al mismo tiempo destacó que en España siempre ha habido «mucho talento y mucha imaginación».

«Yo, por ejemplo, en el primer año de mi estancia en España, en 1975, conseguí, con muchas dificultades, hacer en el Estudio 1 –así se llamaba la televisión– la obra ‘El Tío Vania’, de (Antón) Chejov, con un actor absolutamente genial que se llama Pepe Calvo, y una actriz muy buena Mercedes Sampietro», dijo.

El dramaturgo afirmó que Pepe Calvo fue «el mejor tío Vania en la historia», pero «que no tenía escuela, porque no había escuelas. «

«Tenía un talento natural porque en España hay muchísimo talento y genialidad natural, como Goya mismo, son Goyas que aparecen de manera espontánea», enfatizó.

Señaló que «se creó la verdadera escuela del teatro dramático después de la muerte de Franco».

NUDO

La persona que querría fundar una nueva escuela, indicó, fue Rafael Pérez Sierra, futuro director general del Teatro, quien le invitó a Gutiérrez, el entonces profesor soviético del Instituto Ruso de Artes Teatrales (Gitis), para que ayudara a transformar la Real Escuela Superior de Arte Dramático (Resad).

«A mí me llamaron, me encontraron, me llevaron allí, yo propuse hacer exámenes de ingreso», relató.

Evocó que le costó mucho convencer de la necesidad de esas pruebas, pues sus colegas estaban seguros de que esas prácticas eran parte de la «dictadura» y «franquismo».

«Pero no hay que estar en la dictadura para hacer exámenes de ingreso para estudiar violín: hay que ver si uno tiene el oído musical, capacidad, sentido musical, sentido del ritmo, y muchas más cosas», insistió Gutiérrez.

El dramaturgo destacó que «quien estudia arte, no estudia para sí mismo, estudia para un público. «

Si uno estudia medicina para ser cirujano y hacer en el futuro operaciones a corazón y de cerebro, continuó, «hay que ver la capacidad que tiene ese joven para salvar vidas, no para matar vidas».

«Y el teatro salva vidas, entonces hay que hacer exámenes», apuntó.

Gutiérrez reveló que en España «no tenían ni idea» sobre el sistema Stanislavski, lo conocían «a través de (Lee) Strasberg».

«Pero Strasberg es mi opositor, yo no le reconozco como ruso, como stanislavskiano», dijo.

Explicó que el teatro de Strasberg es «un teatro de la representación, no teatro de experiencia como es el teatro ruso».

«Entonces eso yo lo llevé y por eso se considera por lo menos que llevé a España el método de Stanislavski», afirmó, al agregar que a él no le gusta hablar de sí mismo con tanta fanfarronería: «hice lo que tenía que hacer».

El maestro recuerda las primeras clases que dio en España como «una pesadilla».
«Cuando yo llegué todos estaban por los suelos, fumando y abrazando a las chicas, aquello era una anarquía total», evocó entre risas.

En su primera clase Gutiérrez les hizo a sus alumnos limpiar la sala, porque «todo estaba lleno de humo, por eso dije que abrieran las ventanas», y luego hizo varios ejercicios con ellos.

«Al final les dije: mañana vendré y quiero que no esté nada sobre el piano, ni abrigos ni gorros; limpiad todo, no se puede fumar aquí, y mañana quiero ver un ramo de rosas sobre el piano. (…) Al día siguiente, cuando entré todo estaba limpio, y sobre el piano estaban las flores», contó.

Para sus alumnos era obligatorio leer libros de los importantes autores rusos como Fiódor Dostoevski, Nikolái Gógol, Antón Chéjov y León Tolstói.

CULMINACIÓN

Recordó que los primeros espectáculos que hizo con sus estudiantes fueron ‘Las Picardías de Scapin’, de Molière, y ‘Los escándalos de Chioggia’ de Carlo Goldoni.

Fueron «todo un éxito» y recibieron «todos los premios que daban en todas las ciudades», resaltó.

Más tarde el dramaturgo presentó al público español a ‘Los veraneantes’ de Maxim Gorki, que también tuvo «un éxito impresionante».

También dirigió ‘El Pabellón número seis’ de Antón Chéjov y ‘Mi pobre Marat’ de Alexéi Arbúzov.

En esos espectáculos el teatro «era como un templo, como una catedral, (los espectadores) no respiraban, obsesionados, en un acto solemne, escuchando el texto de Arbúzov, hecho por actores bonísimos, alumnos míos bonísimos, con mucho talento, con canciones rusas, soviéticas», narró.

Después, señaló, sus alumnos empezaron a enseñar, y «ahora trabajan a su manera».

«Ya no voy a ellos, porque ya no me encanta lo que hacen, pero sí que organicé mi escuela, la de Stanislavski, y mi teatro, el de Chéjov», afirmó.

Entre sus alumnos, Gutiérrez valoró altamente a Charo Amador, Jesús Salgado, Nuria Alcorta, José Luis Alcobendas, Eduardo Noriega, Marta Belaustegui, y a otros, al destacar que son «entregados al arte con todo el alma, mucha inteligencia, mucha sabiduría y mucha erudición».

TEATRO CHÉJOV

En su Teatro de Cámara Chéjov en Madrid el dramaturgo presentó al público numerosas obras de William Shakespeare, Gorki, Chéjov.

Además, hizo ‘Los Balcones de Madrid’, de Tirso de Molina, y ‘El maestro de danzar’ de Lope de Vega.

Preguntado, cómo está ahora el Teatro Chéjov, Gutiérrez respondió indignado: «hombre, de mi teatro tiene que hablar el público, los críticos».

A la vez admitió que las críticas que recibe el Teatro desde los años ochenta son «genial, maravilloso».

«A veces me paran en la calle (y dicen): ¿usted es Ángel Gutiérrez? Y se arrodillan y dicen: es que solamente desde que he visto espectáculos suyos como Los veraneantes de Gorki o El Pabellón número seis, o de Shakespeare, no dejo de ir a este teatro, repito y repito. Es un teatro que me enseñó el sentido de la vida’–eso me dicen y me escriben», aseveró.

En una carta, agregó, un simpatizante le confesó que el Teatro Chéjov le ayudó a conocerse mejor a sí mismo.

«Eso es lo más grande que pueden decir a un artista. Por eso yo creo que no he vivido la vida en vano», afirmó.

Apuntó que fue en Rusia donde le enseñaron el arte dramático, y destacó entre los que le influenciaron a las estrellas soviéticas Andréi Labánov, Nikolái Jmeliov, María Knébel, y a su amigo, el director de cine Andréi Tarkovski.

«Me enseñaron los rusos lo que es el amor, y que el amor es la energía más grande que hay en el universo», subrayó.

Sputnik

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