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El Papa Francisco en Rumania y el anticomunismo vaticano

El Papa Francisco ha visitado estos días Rumania, siendo los objetivos de su visita oficialmente dos: uno, el estrechamiento de las relaciones entre las dos iglesias cristianas separadas tras el cisma del siglo XI; dos, beatificar a unos obispos grecocatólicos supuestamente represaliados por los gobiernos comunistas de Rumania.

Del blog ‘Un vallekano en Rumania / Un vallekan în România’

El primero de los objetivos es producto de una reciente tendencia, propugnada tanto por Roma como por los principales patriarcas ortodoxos, especialmente Kirill, primado de la iglesia rusa, de acercar posturas y tender puentes entre las dos religiones, en el evidente marco de la globalización y la internacionalización de los mercados (¿que otra cosa más que mercado han sido principalmente las iglesias, especialmente en la actualidad?).

En cuanto al segundo, se trata de la continuación del esfuerzo del Vaticano, evidente desde la Segunda Guerra Mundial, en la cual apoyó sin fisuras al fascismo (tanto en Alemania, como en Italia,  Croacia, España, Ucrania, etc.), en su lucha anticomunista. En definitiva, la beatificación de siete obispos greco-católicos, como «mártires» del comunismo, no persigue otra cosa que continuar la guerra de propaganda contra esa utopía hecha realidad de que la clase trabajadora deje de producir para una minoría holgazana y empiece a hacerlo para sí misma.

Antes de nada, conviene explicar un poco que es la Iglesia Greco-católica rumana, con un rápido resumen. La región de Transilvania, históricamente parte del Hungria y del Imperio Austrohúngaro, estaba habitada mayoritariamente por rumanos de religión ortodoxa. El Vaticano, a través del rey de Hungria y los emperadores austríacos pretendieron siempre lograr la sumisión de aquellos mediante diversos métodos, incluyendo la represión y, por supuesto, la negociación. La religión ortodoxa era la amalgama ideológica del mundo eslavo-bizantino y, por lo tanto, soponía la asunción del dominio de las cabezas de esa iglesia y sus representantes políticos, antes de la Segunda Guerra Mundial el patriarca ruso, el turco, el griego, el bulgaro y el serbio, obstantando la primacía, considerándose por el mundo ortodoxo a Moscú como la «tercera Roma», el primero de ellos. El conflicto político entre Occidente y Oriente hizo que, para atraer el apoyo de los ortodoxos transilvanos a los gobiernos católicos, se creara la iglesia grecocatólica rumana, en la que se aceptaría la continuación del rito tradicional oriental-bizantino-eslavo mientras se aceptara la primacia papal y la jerarquía católica. Una gran parte de los ortodoxos aceptaron la oferta, aunque muchos otros no. En todo caso, la iglesia greco-católica se convirtió, desde entonces, en instrumento político de Roma, Hungria o, finalmente, EEUU contra la influencia rusa-ortodoxa en Rumania.

En definitiva, se trataba de motivos políticos, los mismos o parecidos que se hallan en la base de la visita de Francisco. Ha sido la primera vez que se beatifica a obispos de esta iglesia «asociada» a Roma ¿Por qué beatificar a los siete monseñores grecocatólicos, Iuliu Hossu, Vasile Aftenie, Ioan Bălan, Valeriu Traian Frenţiu, Ioan Suciu, Tit Liviu Chinezu y Alexandru Rusu? La respuesta es evidente: se trata de continuar el camino de criminalización del comunismo diseñado desde Washington y Bruselas y aplicado por todos los paises de la U.E. a cambio de inversiones y otras migajas.

Cuando en 1944 los trabajadores rumanos izaron al Partido Comunista al poder, y sobre todo tras la proclamación de la República Popular Rumana en 1948, la iglesia greco-católica se convirtió en un instrumento de Roma para minar, sabotear y zancallidear el nuevo sistema, tan poco conveniente a los intereses del Vaticano. No hay que olvidar que entre la Santa Sede y EE.UU. existió una alianza desde el origen de la Guerra Fría contra la antigua Unión Soviética, para frenar la creciente influencia del comunismo pro-soviético en Europa y el mundo entero.

varela

El actual Papa con el dictador argentino Varela.

En 1945, antes de la creación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en los Estados Unidos (EE.UU.), existió la Oficina de Servicios Estratégicos en Tiempos de Guerra (OSE) que creó lazos con el Vaticano. Estas instituciones trabajaron juntas en acciones que pretendían la expansión de la Democracia Cristiana y la promoción de los valores anticomunistas de la Iglesia Católica (por no hablar de la estrecha colaboración del Vaticano con Hitler, Mussolini o Franco).

Después de la II Guerra Mundial, el director de la OSE, Allen Dulles, afirmaría que su lucha no debía ser contra el nazismo, sino contra los soviéticos, cuya propuesta fue elevada y aceptada abiertamente en el Vaticano. Así que, y ahora con la colaboración de antiguos oficiales nazis, y junto con el Vaticano, se pretendía frenar la influencia de la Unión Soviética (URSS) en Europa y el resto del planeta. El entonces Papa Pio XII se ofreció al director de la sede OSE en Roma, James Jesús Angleton, para prestar toda la colaboración posible en la lucha anticomunista.

Esa colaboración, que daría lugar a la financiación y organización de invasiones, golpes de estado, sabotajes, atentados o asesinatos en todo el mundo (con la participación de agencias de inteligencia de los estados sometidos a la influencia de EE.UU., grupos paramilitares como Gladio, ayuda de la Mafia italiana, etc.), tuvo la colaboración especial de la red de sacerdotes católicos que hicieron un eficaz trabajo de información y propaganda en los paises comunistas, algo conocido a su vez por los gobiernos socialistas.

Richard Allen, exconsejero de seguridad del presidente estadounidense Ronald Reagan, ha afirmado en uno de sus libros que “la relación de Reagan con el Vaticano fue una de las más grandes alianzas secretas de todos los tiempos”. Igualmente, el sacerdote López Sáez, en un libro publicado por él, afirmó que el ascenso de Carol Wojtila (Juan Pablo II) a la jefatura del Vaticano había sido decidido a lo largo de la década de los setenta, en la Casa Blanca y en los círculos del poder económico de EE.UU. Todos sabemos el importante papel propagandístico del Papa polaco a favor de los intereses de la oligarquía capitalista mundial y sus presiones para acabar con esa pesada piedra en los bolsillos del mercado que era el sistema socialista.

El Papa Francisco, que pretende dar una imagen de cierto «Izquierdismo»; en realidad no pretende otra cosa que sus antecesores: su viaje a Rumania ha estado determinado por los mismos objetivos que los de Juan Pablo II, que tambien visitara el pais carpático en 1999. Se trata, pues, de hacer un trabajo de zapa contra el legado comunista que, al contrario, parece que entre la población sigue muy presente, especialmente tras tres décadas de experiencia de dictadura del capital, donde se han destruido más de la mitad de los puestos de trabajo existentes en 1989, en el cual más de 3 millones de rumanos han tenido que emigrar para poder vivir y en el que, entre otros datos, la pobreza infantil es la mayor de Europa y más de la mitad de la población sobrevive a trompicones.

No hay que olvidar tampoco que el actual Papa hizo su meteórica carrera eclesíastica bajo el abrazo de la dictadura argentina, desde 1976 hasta 1983. Durante este período, fueron secuestradas y asesinadas 30.000 personas. En el año 2005 se presentó una demanda judicial en la que se acusaba a Jorge Bergoglio (actual Papa) de estar conectado con el secuestro de dos sacerdotes jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics en 1976. Dicha demanda se efectuó luego de la publicación del libro de Horacio Verbitsky “El silencio: De Paulo VI a Bergoglio.

reagan y el papa

Así que, no se dice nada sobre la lucha de las autoridades rumanas comunistas contra el trabajo al servicio de los intereses del Vaticano y de las corporaciones occidentales de los obispos grecocatólicos beatificados por Francisco en su visita, el enfrentamiento de estos contra el ortodoxismo rumano y frente a la influencia de la patriarquía rusa en Rumania, habiendo aceptado el ortodoxismo en general el sistema comunista que había sido proclamado por los trabajadores. Al contrario, solo se dice, a grandes gritos, que las autoridades los detuvieron sin motivo alguno, arbitrariamente, como una lucha contra la libertad religiosa (aunque, mientras tanto, la iglesia ortodoxa no solo apoyaba las detenciones, sino que gozaba de toda la libertad necesaria para sus actividades e, incluso, su represetatividad política en los organismos del estado).

No obstante, hay un curioso caso de un religioso rumano, ortodoxo, que sería arzobismo de Moldova en la República Popular Rumana, Justinian Marina, que no se cortaba en afirmar que «Stalin, en su lucha por liberar al hombre del dolor y la explotación, no hacía más que llevar a cabo el trabajo de la igleisa según la palabra de dios», o de sostener que «la lucha del estado socialista rumano y de la Iglesia ortodoxa rumana es la misma», siendo „Jesucristo es el hombre nuevo. El hombre soviético es el hombre nuevo. Por lo tanto, Jesucristo sería soviético»; todo ello respetando siempre lo que el Socialismo rumano defendia con respecto a la religión y las creencias, según el artículo 27 de la Constitución de la República Popular Rumana: «La libertad de conciencia y la libertad religiosa están garantizadas por el estado».

En definitiva, tras la victoria soviética contra el fascismo y el rescate de los aliados a los restos de este, incorporándolo a sus fuerzas, la iglesia ortodoxa en general, en los paises en los que triunfara el comunismo, aceptó el nuevo sistema, respetando las autoridades políticas sus cultos en base a su legislación democrática, mientras la iglesia católica y sus sucursales, que siguieron bajo la autoridad del Papa de Roma y al servicio de sus intereses, fue un instrumento contra los trabajadores y una eficaz arma anticomunista, combatida, lógicamente, en la medida de lo posible por las autoridades comunistas. No obstante, como reconoce la propia Academia Rumana, algo que siempre se oculta o se minimiza por los miembros de propaganda de las grandes corporaciones capitalistas, el 75% de los disidentes detenidos por las autoridades comunistas en Rumania eran directamente militantes fascistas.

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1 Comment on El Papa Francisco en Rumania y el anticomunismo vaticano

  1. AMELIA HERNANDEZ PRADO // junio 16, 2019 en 12:46 am // Responder

    El clero podrido y fascista contra el comunismo,pues vaya ,si se llega a implantar en mas lugares ,se hubieran muerto los papas de un infarto..

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