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El precio que Francia debe pagar para no repatriar a sus yihadistas

© Reuters / Michel Euler/POOL via REUTERS

Francia sabe ya el precio que debe pagar por mantener fuera de su territorio a los yihadistas de su nacionalidad detenidos en Irak y Siria, porque París no quiere acoger a los franceses que se alistaron en Daesh (conocido como Estado Islámico y prohibido en Rusia) y que pretenden ahora ser juzgados en su país.

Por Luis A. Rivas*

Ocho de cada diez franceses se oponen a que los yihadistas presos en Siria e Irak puedan ser repatriados. El gobierno de Emmanuel Macron insiste en el respeto de la justicia en Bagdad, que ya ha condenado a muerte a varios islamistas franceses.

Más de 450 yihadistas de nacionalidad francesa están detenidos en campos de prisioneros controlados por combatientes árabo-kurdos en el noroeste de Siria.  En tanto más de un centenar alistados en el autodenominado Estado Islámico están bajo custodia de las autoridades iraquíes.

Once de ellos han sido ya condenados a muerte por los tribunales de Bagdad, lo cual ha vuelto a levantar las críticas en Francia por parte de los familiares de los detenidos, quienes exigen a su gobierno la repatriación de los mismos para que sean juzgados y encarcelados en su país.

Los abogados de los familiares de los islamistas elevan su voz contra su propio gobierno, al que acusan de dejar abandonados a sus compatriotas, y ponen en duda los métodos utilizados por la justicia iraquí.

Emmanuel Macron, por el momento, solo ha accedido a recuperar a hijos de yihadistas franceses huérfanos o cuyos padres están condenados a severas penas. La presión de las madres y abuelas de yihadistas ha dado sus frutos tras una serie de discretas operaciones de repatriación.

Francia no mantiene relaciones diplomáticas con Siria, con lo que la situación de los presos franceses en manos de los kurdos tiene difícil solución. Por ello, más de 80 yihadistas franceses fueron conducidos a Irak, donde pueden ser sometidos a juicio.

Macron sabe que la mayoría de los conciudadanos se opone a la llegada de los terroristas que abjuraron de su nacionalidad y prometieron atentar contra su propio país.

Su retorno, aunque garantizara su encierro en prisiones francesas, supondría un peligro de contagio en Francia, donde no existen cárceles especializadas para este tipo de detenidos y donde la Justicia debería encargarse de estudiar cada caso, con la necesidad de viajar a las zonas de combates para determinar el grado de participación de los yihadistas en los crímenes que se cometieron bajo el «Califato», además del de alistarse en la organización terrorista.

2000 COMBATIENTES EXTRANJEROS EN IRAQ

Las autoridades iraquíes están desbordadas por los más de 2000 combatientes yihadistas extranjeros a los que deben dar sustento y vigilar estrechamente. Las condenas a muerte se multiplican y eso debe servir de presión para aquellos gobiernos, como el francés, que estén obligados a salvar la vida de sus enemigos y compatriotas.

Las autoridades de París repiten que, estando contra la pena capital, deben hacer lo posible para evitar la muerte de los presos. Bagdad está obligada entonces a negociar una solución que pasa, inevitablemente, por el aspecto monetario.

Según un ministro iraquí citado por «Le Figaro», el costo estimado por cada prisionero sería de 900.000 euros si se le conmuta la pena de muerte. En su vista a París, el 13 de mayo, el primer ministro iraquí, Adel Abdel-Mahdi, no habló de cifras, pero otras fuentes estiman que Bagdad va a pedir a París un total de 270 millones de euros. Por supuesto, las dos capitales lo niegan oficialmente.

«SI MUEREN ALLÍ, MEJOR»

Cuando la ciudad de Raqqa, la capital oficiosa del Estado Islámico, estaba a punto de capitular, en octubre de 2017, la ministra francesa de Defensa, Florence Parly, anunció ya el sentir de su gobierno: «Si los yihadistas franceses mueren en Raqqa, mejor. Debemos continuar los combates para neutralizar el mayor número posible».

Para nadie era un secreto que las tropas francesas implicadas en la lucha contra el Daesh sobre el terreno tenían, entre otros objetivos, acabar con sus ‘propios’ yihadistas.

Las noticias sobre la acción en ese sentido de las fuerzas especiales francesas se convirtieron en algo más que un rumor. En todo caso, por si había dudas, el propio François Hollande, presidente durante la peor ola de terrorismo sufrida por Francia, reconocía en el libro ‘Un Presidente no debería decir esas cosas’, que existían comandos especializados en la eliminación de terroristas.

Francia tiene el triste récord de ser el primer exportador de terroristas de la UE desplazados a Oriente Próximo y El  Elíseo calcula en casi 300 los franceses muertos en Siria e Irak.

Emmanuel Macron ha dejado a sus ministros aclarar la posición de Francia en este asunto: en el caso de los franceses detenidos en Irak, París considera que son las autoridades locales las que deben juzgarlos. No sería la primera vez. Ciudadanos franceses que combatieron contra el ejército norteamericano en Irak al inicio de la pasada década fueron condenados a varios años de prisión antes de ser liberados.

La ministra francesa de Justicia, Nicole Belloubet, señala que Francia solo dejaría oír su voz si sus connacionales son condenados a muerte -tal y como hace cada vez que un ciudadano francés es acusado de un crimen y condenado a la pena capital en cualquier país del globo.

Para el Ministro de Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, los combatientes –hombres o mujeres- fueron a Siria «a hacer la guerra. No a hacer turismo, sino a luchar contra nuestros valores». París sabe que no todas las mujeres que se unieron al ISIS (Daesh) pueden ser consideradas judicialmente en la misma medida, por eso el propio Macron afirmó ya en noviembre de 2017 -y no ha cambiado de idea- que la situación de las mujeres acompañadas de niños es examinada «caso por caso».

«Les Revenants», los retornados, despiertan el miedo en la sociedad gala. El término es también el título del libro del periodista francés David Thomson, que ha pasado 6 años en contacto directo con yihadistas de su país para conocer su manera de pensar y actuar.

Thomson considera que no hay diferencias en el grado de determinación y peligrosidad entre hombres y mujeres. Para Thomson, es imposible creer en el arrepentimiento de los yihadistas. Si vuelven, asegura, es porque están decepcionados por la derrota militar, pero siguen siendo fieles al islamismo radical suní.

El caso de los niños es, evidentemente, diferente. Los retornados representan «bombas de efecto retardado», según el exFiscal antiterrorista de París, François Molins. Algunos de los hijos de yihadistas han asistido o participado, con solo 8 o 9 años, en ejecuciones de rehenes del Estado Islámico.

*Sputnik

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