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Libertad de Expresión. Libertad de libertades

Era una pregunta que traíamos atorada en el buche desde antes. Era como si al hacerla se cumpliera el necesario ritual del ser o no ser. O como si uno quisiera estar seguro de que se estaba en el lugar correcto, con la gente apropiada y con un futuro profesional decidido aunque la respuesta fuera no, pero…

Por Joel Hernández Santiago*

*joelhsantiago@gmail.com

La hacíamos apenas llegábamos a las aulas. Ciencias políticas era –y es- un saludable hervidero de inquietudes y de preguntas. Esta era la más importante para nosotros. Pero también para los maestros y para la gente que ‘un día nos conocería en todo nuestro esplendor periodístico.’ (¡Sic!)

¡Ah! porque eso era, nosotros habríamos de cambiar las cosas que se veían y porque simple y sencillamente un estudiante estaba ahí para transformar. Ya lo había dicho Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Eso mero.

“¿Existe la libertad de expresión en México, maestro?” le preguntamos al maestro Aceves aquel día de junio de 1975.

Y se hacía un silencio monástico; un silencio que permitía escuchar la respiración nerviosa de todos ahí… Y no era para menos: por aquellos años algunos periodistas repetían ‘la regla de oro’ de la libertad de expresión entonces: “No más no te metas con el Ejército, con el Presidente ni con la Virgencita de Guadalupe”: Después de eso… pues sí…

Aceves caminó un poco. Pensaba en silencio. Fue y vino varias veces desde su plataforma magisterial. Luego nos dijo de forma que parecía un descubrimiento: la libertad de expresión es una de los derechos que le son intrínsecos al ser humano; que todos tenemos la libertad de pensar, de decir, de escribir, de expresar y de comunicarnos con apego a los preceptos constitucionales en sus artículos 6 y 7. Y de ahí en adelante nos relataba los dos artículos…

Y así seguimos un rato. De todos modos estaba puesta en la maceta de cada uno de nosotros el querer ser periodistas para participar, para decir, para investigar y correr detrás de la noticia y llevarla, trabajar en ella, cernirla y mandarla a un público real que habría de transformar su vida tan sólo por nuestra aportación a la verdad.

Avanzábamos en la carrera con rumbo a lo desconocido aun. Eran más los sueños –hoy lo sé- que las realidades contantes y sonantes porque ninguno, o casi ninguno de nosotros, estudiantes, habíamos tenido contacto con algún medio de comunicación, de manera que todo era ideal…

A principios de 1976 comenzamos la ruta directa. Miguel Ángel Granados Chapa llegó cuando parecía que todo estaba aplacado y nosotros tranquilos con aquella primera información que nos dio Aceves. Pero él fue más allá. Nos trasladó al hecho cotidiano, al cómo se procesa la información, como se recibe y cómo habría que tratarla en base al derecho y en base a las leyes y con base en ese principio inviolable como es la libertad de expresión…y el respeto a la dignidad de los otros, a su vida privada y a sus propios derechos.

Decía que esta Libertad es la base de todas las libertades. Es la que transmite a las otras libertades sus posibilidades y la que genera democracia. Sin libertad de expresión no habrá democracia porque no se tiene en las manos la herramienta que abre todas las puertas de las otras libertades que son derechos intrínsecos al ser humano y que son derechos adquiridos…

Y a cada paso, con los ejemplos que nos ponía en la mesa de discusiones nos abría los ojos a la libertad de expresión: ‘si la hay, pero con frecuencia se contrae por intereses ajenos a esta libertad. Esta libertad es ‘negativa’ (Bobbio) porque le niega al poder político parte de su imperio y éste tiene que ceder frente a la exigencia de este derecho, que es al mismo tiempo libertad, y porque para que haya un debate “desinhibido, robusto y abierto” en democracia debe existir el derecho a pensar con libertad y a expresarse con libertad…’

Y para confirmar su dicho, nos llevaba de la mano para entender a los teóricos como Locke, Montesquieu, Constant, Stuart Mill, Tocqueville y Smith…: “Se trata de una libertad que busca remover los impedimentos y las constricciones a la acción individual.”

“La libertad individual será más grande en la medida en que sea más amplia el área de no interferencia del poder político. Desde la perspectiva de la libertad de expresión diríamos que somos libres en la medida en la que podemos expresar nuestras ideas, sentimientos, emociones… sin que el poder político nos impida hacerlo, pero también en la medida en que nadie nos obligue a expresar algo, una idea, una emoción, un sentimiento, que no deseamos manifestar”. (IIJ-UNAM)

Por entonces ya habíamos recorrido la historia de la larguísima lucha de los hombres de todos los tiempos por hacer que se reconozca esta virtud humana. Y los costos en vidas, en sangre, en fuego, en tormento y hasta en mutilaciones corporales e intelectuales que para su consolidación se han sufrido en la historia humana ya desde antes que los griegos y romanos la pusieran en papel legal ya desde la idea democrática ateniense y los valores de la República romana que incluyen a la libertad de expresión y la libertad de religión.

Recorrimos los conceptos de libertad de expresión en la Declaración de Derechos de Inglaterra en 1689  que establecía el derecho de “libertad de expresión en el Parlamento” o la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano surgida a raíz dela Revolución Francesa en 1789…

Y luego como parte de la exigencia de ese derecho por el cual han muerto miles-millones de seres humanos, nos acercamos a la Constitución de Cádiz de 1812 que incluía en sus preceptos liberales el de la libertad de imprenta, la que pasó a México durante la lucha de Independencia y que se plasmó ya en la Constitución de Apatzingán y más tarde en las Leyes de Reforma y sin duda a la Constitución de 1917

Me impresionó que Heriberto Jara, al defender los artículos 6 y 7 constitucionales argumentara como ejemplo de que durante muchos años la imprenta era objeto de delito si ahí se imprimía información que no cayera bien al poderoso y que si se habían tirado ejemplares de algún periódico ‘enemigo’ se metía a la cárcel, incluso, a los pequeños voceadores.

Y así todo lo que nos lleva a la eternamente amenazada y objeto de discordias Libertad de Expresión. Así que:

La libertad de expresión es ese derecho que me es propio, que nos es intrínseco, y que me da el derecho a pensar y compartir con otras personas mis ideas, mis reflexiones y opiniones. Tengo derecho a razonar y dar a conocer mis razonamientos y lo que conozco; puedo buscar información, recibir y difundir ideas, opiniones e informaciones por cualquier medio. Y si esto es natural al individuo y a la sociedad, lo es más aun  para los periodistas y para sus medios.

Porque en el periodista, en los editores, en los fotógrafos, en los editores, en los dueños de medios, en los directores editoriales se resume esta libertad social: tenemos esa responsabilidad y habremos de usarla con delicadeza, fortaleza y calidad social y humana… y con responsabilidad.

Pero con todo esto que es así de cierto también lo es que los enemigos de la libertad de expresión acechan a cada paso, milímetro a milímetro de nuestras ideas y nuestras expresiones. Y pronto, como estudiantes lo supimos, porque el 8 de julio de 1976 ocurrió una muestra de esa animadversión a la prensa libre cuando el gobierno de Luis Echeverría dio un golpe mortal a la libertad de expresión en Excélsior.

Dos maestros nuestros estaban ahí: Precisamente Miguel Ángel Granados Chapa y otro enorme maestro de entonces y ahora: Carlos Ferreyra Carrasco.

Como su estudiante me acerqué a lo que ocurría en Excélsior. Aquello era un maremágnum. Fui a ver al maestro Granados Chapa para preguntarle en qué podía ayudar… Pero… ¿en qué podía ayudar un estudiante de periodismo que tenía, ese día, una catedra magistral de la lucha entre el poder político y la libertad de expresión…? Me quedó claro lo que es la teoría y la práctica de la libertad de expresión.

En adelante, ya en la friega cotidiana del quehacer periodístico habríamos de encontrarnos no sólo con los enemigos externos de esta libertad, sino también con los internos…

Pero sobre todo me queda clara una cosa: que frente a diatribas, dimes, diretes, calificativos, verbos y adverbios en contra del periodismo y los periodistas, queda una cosa que no perderemos ni habremos de perder porque somos herederos de aquellos que murieron, sufrieron, se entregaron a la lucha y decidieron que la libertad de expresión nos es propia, es nuestra, nos pertenece a cada uno y a todos y nada, ni nadie conquistará nuestro fracaso y nuestra marcha atrás. Con dignidad. Con coraje. Con la verdad como principio y fin. Con libertad de expresión, que es nuestra esencia y nuestro escudo.

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