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Una fundación venezolana se convierte en una esperanza para personas en situación de calle

La fundación Sol de Vargas, en el estado venezolano costero de La Guaira (norte), atiende a 290 personas que se encontraban en situación de calle, adictos a las drogas y al alcohol, con la misión de reinsertarlas a la sociedad.

Por Kelly Carreño*

Desde la sede, ubicada en una parroquia (jurisdicción local) llamada Caraballeda, ellos contaron a Sputnik cómo de vivir en las calles pasaron a convertirse en personas productivas.

«Estuve 28 años en la calle, hasta que una vez dije: «Señor, ayúdame, llévame para algún sitio donde yo pueda cambiar mi vida», y desde hace tres años y medio estoy aquí (…) Soy operador de desmalezadora [máquina para cortar plantas], ya aprendí a repararla, si algún día llego a retirarme de aquí puedo comprarme una y trabajar», dijo Víctor García, de 54 años.

Sol de Vargas es una fundación que depende de la gobernación de esa entidad; allí todos cumplen un rol: los «hermanos» como se llaman entre ellos, se encargan de cocinar, limpiar y supervisar a los más nuevos, pero además tienen como tarea el mantenimiento de todo el ornato público de la región.

Ángel Gil, de 47 años, oriundo de Caracas, contó a Sputnik que en la fundación comenzó en las cuadrillas (equipo que sale a limpiar a las calles) y ahora se desempeña como conductor, pues ahí todos tienen la oportunidad de avanzar en las diferentes áreas.

«Estuve atrapado con la situación de la droga, y hace cuatro años tomé la decisión de venirme para acá (…) Comencé en la cuadrilla limpiando, luego me hicieron una prueba y me dieron la oportunidad, consideraron que sí podía manejar y ya tengo tres años como chófer», relató.

Algunos han tenido la oportunidad de estudiar, tal es el caso de Migdalia Álvarez, de 57 años, quien antes de llegar ahí estuvo presa por tráfico de drogas, pero ahora con expresión de alegría y orgullo cuenta que dentro de tres meses se graduará como técnico superior en Agroalimentación.

«Caí en las drogas a los 13 años, no quise seguir estudiando (…) ya estoy rehabilitada, ahora soy una integrante más de la fundación (…) He propuesto un proyecto para la parte de agroalimentación sobre gallinas ponedoras y pollo de engorde, para tener nuestros propios alimentos», acotó.

Con lágrimas y la voz cortada, Luis Rodríguez, de 45 años, contó que aunque nunca vivió en las calles, tuvo «graves problemas» de drogas, tanto que su esposa e hijo lo «odiaban» porque llegó a robarles dinero para comprar crack, droga que consumía desde los 18 años.

«El entorno social me expulsó completamente, aunque dejaba tiempo sin consumir siempre recaía (…) llegué aquí con una mano atrás y una adelante, flaquito, rechazado por mi familia, mis hermanos me dieron la espalda (…) ahora soy el capitán de la cocina, tenemos un gran equipo en la cocina», manifestó.

Algunos rehabilitados han vuelto a formar una familia y hasta casarse en esa fundación, así relató Jhonny Flores, de 52 años, quien luego de dormir por años debajo de un puente en el oeste de Caracas, ahora tiene un hogar.

«Aquí yo me casé por civil y por la iglesia, conocí a mi esposa en este centro porque ella llegó a visitar a un familiar, ahora los dos trabajamos aquí y tenemos nuestra habitación», acotó.

La fundación cuenta con un área llamada «las casitas», destinada a los rehabilitados que decidieron formar un hogar; ahí viven con sus parejas, mientras en las otras habitaciones con camas tipo literas duerme el resto de las personas que habitan en esas instalaciones.

Proceso de captación

El presidente de Sol de Vargas, Pedro Merentes, explicó que existen formas para las personas que se encuentran en situación de calle y que desean ser rehabilitadas pueden ingresar a la fundación.

La primera es «por medio de un proceso de captación con personas que ya han sido rehabilitadas, porque ellos vienen de ese mundo y pueden hacerle más fácil llegar el mensaje, y la otra modalidad es que ellos llegan directamente aquí por sus propios medios», detalló.

Merentes indicó que la fundación tiene como base la disciplina, y así instruye a las personas que llegan; además cuentan con pastores evangélicos que ofrecen servicios religiosos.

«Ellos aquí tienen una rutina: todos los días viene un pastor en las mañanas, hacen un devocional y el día domingo es un servicio más amplio, que pueden venir sus familiares, porque también es el día de visita», señaló.

Merentes precisó que una vez que ingresan deben pasar por un proceso de «depuración», y para ello cuentan con un equipo multidisciplinario que constantemente le realiza análisis médicos.

«Ellos luego de pasar por un proceso de depuración, de estar cuatro meses internos, solo salen a trabajar [limpieza de las calles] bajo la supervisión de un líder de grupo, ellos optan además por un permiso de fin de semana», sostuvo.

La fundación les ofrece las tres comidas, un lugar para dormir y productos de aseo personal, además de contar con un servicio de lavandería, donde ellos hacen la limpieza de sus vestimentas.

«Nosotros contamos para la manutención de todos estos muchachos del apoyo directo de la gobernación, la cual es la que mantiene económicamente esta fundación (…) ahorita en tenemos 290 pero hemos llegado a tener hasta 400 personas», expresó.

En las noches, indicó Merentes, suelen salir a las calles a repartir comida a las personas que se encuentran en situación de abandono y de acuerdo al estudio que han realizado en su mayoría duermen en plazas oscuras o cercanos a centros de alimentación, de donde recogen desperdicios para comer.

*Sputnik

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