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Las ‘Kellys’, las camareras de piso españolas que luchan contra su explotación

A fuerza de manifestarse en las puertas de los hoteles, las «Kellys», las camareras de piso españolas cosecharon numerosas victorias y expandieron a Europa su reivindicación: acabar con la precariedad del oficio que las agota y empobrece.

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«Señalamos los hoteles gritando delante de sus puertas ‘allí, allí se explota’. Nos tienen un poco de miedo», resume la portavoz del movimiento, Myriam Barros, de 40 años.

Estas mujeres discretas apenas evidentes para los huéspedes, se transforman en «guerreras», asegura Barros, cuando se ponen la camiseta verde de activistas.

El movimiento de las «Kellys», contracción de «las que limpian», nació en 2014 en Facebook. Dos años más tarde, conformaron una asociación.

Desde entonces, «han logrado que el trabajo muy duro de unas 150.000 camareras de piso, que era invisible, sea visible en el conjunto de la sociedad», se congratuló Gonzalo Fuentes, del sindicato Comisiones Obreras.

«La higiene es aparente» 

Segundo destino turístico a nivel mundial, España volvió a tener un año récord en 2018 al recibir a 82 millones de visitantes internacionales.

Las Kellys aprovechan la coyuntura para hacer un llamado de atención.

En Twitter, su sección madrileña pide al turista: «No te alojes en hoteles externalizados y pide esa información antes de reservar. Si no lo haces por nosotras hazlo por ti, porque la calidad de las estrellas ya no es garantía y la higiene es aparente».

Desde la reforma de la ley del trabajo en 2012, muchos hoteles echaron a sus empleados y subcontrataron empresas de limpieza, degradando considerablemente las condiciones de trabajo y disminuyendo los salarios en un 40%, según Barros.

Empleada en un hotel cuatro estrellas en Lanzarote (Canarias), con un sueldo de 1.600 euros al mes, se considera «una privilegiada».

Pero sus colegas «externalizadas» en todo el país limpian «más de 400 habitaciones al mes por una media de sueldo de 800 euros netos», y se exponen a ser despedidas si protestan o se enferman.

En la ciudad costera de Benidorm (sureste), «en ocho hoteles que hemos denunciado este invierno han tenido que darnos dos días libres seguidos, porque inspección (del trabajo) les obligaba», relata a la AFP la portavoz local de las «Kellys», Yolanda García, de 55 años.

Pero «seguimos haciendo un promedio de 25 o 27 habitaciones al día, y es peor en verano», se queja.

Contactada por la AFP, la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos declinó hacer comentarios.

3 euros por habitación en hotel 5 estrellas 

En nombre de las «Kellys», Myriam Barros recibió en marzo el premio «TO DO» de derechos humanos, en la feria de turismo internacional de Berlín.

En 2017, el colectivo envió una delegación al Parlamento Europeo para denunciar la subcontratación generalizada.

En la plaza de España en Madrid se ubica «un hotel cinco estrellas donde las camareras no llegan a 3 euros por habitación» limpia, y en otro recinto de lujo en la céntrica locación, «las camareras externalizadas no llegan a 2,5 euros por habitación», dice Ángela Muñoz, de 56 años.

Así, es imposible ofrecer «calidad» e higienizar correctamente las habitaciones, afirma.
El año pasado, las «Kellys» fueron recibidas por el entonces presidente del gobierno español, el conservador Mariano Rajoy, poco antes de ser desalojado del poder.

En ese momento, «se nos incluyó en una lista que reconoce las enfermedades profesionales» que sufren las camareras de piso, recuerda Barros.

La asociación espera ver cómo actúa el actual jefe de gobierno, el socialista Pedro Sánchez.

La ministra y la secretaria de Estado de Turismo «se han reunido en varias ocasiones con las ‘Kellys’ para tratar su situación», indicó una fuente del gobierno, evocando «gestiones» para regular la subcontratación.

En 2016, la entonces oposición socialista presentó sin éxito una ley para «garantizar a·los trabajadores que son subcontratados (…) las mismas condiciones que tendrían de ser contratados directamente».

La asociación sueña con una «ley Kellys» que prohíba la externalización de la limpieza. La actividad principal de un hotel es la limpieza porque los clientes «alquilan habitaciones limpias», agrega Ángela Muñoz.

AFP

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