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Otro mundo es posible: qué tiene Cuba para enseñarnos sobre la agroecología

A 60 años de la reforma que impulsó la soberanía alimentaria en Cuba, el campesinado organizado en Latinoamérica quiere trasladar lo aprendido al resto del mundo. Sputnik te cuenta qué tiene Cuba para enseñarnos.

La primera ley que aprobó Fidel Castro tras el triunfo de la revolución en 1959 fue la reforma agraria, con el objetivo de terminar con la situación de explotación y pobreza de los obreros agrícolas, y reorganizar su labor.

La situación de los agricultores y campesinos cubanos era paupérrima. El 60% de los obreros agrícolas del país vivían en bohíos con techos de guano, piso de tierra, no tenía letrinas sanitarias Y ni siquiera agua corriente. Sólo disponían de 25 centavos de dólar por día, según cifras tomadas de Ecured.

La medida revolucionaria dispuso la repartición de tierras y la instalación de granjas populares ecológicas, beneficiando a más de 100.000 familias campesinas y, gracias a la producción de alimentos, a todo el pueblo cubano.

La reforma no sólo implicó asestar un duro golpe al latifundismo y el dominio imperialista que reinaba en Cuba; los agricultores también pudieron acceder a créditos, se construyeron escuelas y centros de salud, y en 1961 se inició una campaña de alfabetización.

«Los trataron como seres humanos, ganaron mucho más que solamente tener tierra», dijo a Sputnik Nury Martínez, integrante de la Comisión Política de la CLOC-La Vía Campesina.

60 años después del impulso castrista, unas 400 personas que trabajan la tierra en distintas partes del mundo se reunieron en la isla caribeña entre el 25 y 30 de junio para celebrar el VII Congreso Continental de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-La Vía Campesina).

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VII Congreso Continental de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-La Vía Campesina).

Después de debatir y recorrer las granjas cooperativas agroecológicas de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños de Cuba, en las provincias de La Habana, Artemisa y Mayabeque, concluyeron que para cambiar la forma de producir y consumir alimentos  «se necesitan gobiernos que realmente quieran cambiar este sistema agroalimentario que existe, y eso no es fácil», señaló Martínez.

«La reforma agraria no se va a hacer solamente con los campesinos, se tiene que hacer en el conjunto de la sociedad, que tiene que entender la importancia que tiene producir los alimentos como se ha hecho siempre, con un modelo de producción ancestral, que no solamente produce alimentos sanos sino que también cuida el planeta. Aquí estamos hablando de la sobrevivencia de la humanidad», explicó.

Por ello libran la batalla para acortar el espacio entre el campo y la ciudad y para crear y fortalecer «alianzas con mujeres urbanas y el pueblo en general», con el objetivo de proteger el planeta «con un sistema de alimentación o producción de alimentos diferente al agronegocio, a la industria que produce alimentos dañinos», resumió.

«Nosotros aprendimos que para el Gobierno cubano es muy importante el campesinado. Ellos producen comida para alimentar del pueblo, tienen una forma organizativa y planificación muy detallada, se fortalecen de campesino a campesino (…) aprendimos a decir que nosotros como América Latina podemos hacerlo. No perdamos la esperanza de que si nos organizamos y trabajamos en torno a eso, lo lograremos», indicó.

La unidad fue uno de los puntos más debatidos durante el Congreso. «Hablando de la diversidad que hay en la CLOC y La Vía Campesina, fue importante pensar cómo nos juntamos campesinos, indígenas y afrodescendientes en una mirada de fortalecernos hacia enfrentarnos hacia un enemigo común», contó Martínez.

Ese es el mayor desafío que deben afrontar quienes laboran la tierra y se organizaron en la CLOC- La Vía Campesina. Entendieron que sólo unidos al resto de la sociedad se puede lograr la soberanía alimentaria.

«La soberanía alimentaria no se puede hacer si no hay una soberanía nacional, y la lucha tiene que ir más allá de una reforma agraria planteando el acceso a la tierra, tiene que plantear el acceso al territorio, que implica mucho más que tener tierra: se refiere al relacionamiento entre diferentes comunidades que somos parte del campo, pero también de los recursos naturales y todo lo que significa el territorio. Que sea algo colectivo y que ese territorio tiene que ser un espacio de lucha contra el capital», argumentó.

Para lograr entenderlo, es necesaria la formación política hacia dentro de las organizaciones campesinas, con escuelas a nivel regional, nacional, continental, pero también fortaleciendo las escuelas agroecológicas y un intercambio de la academia con el resto de la sociedad.

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VII Congreso Continental de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-La Vía Campesina).

En ese contexto, para lograr alimentarse con comestibles sanos y que hayan sido producidos de forma ecológica es necesario «cambiar las mentes» de las personas, «cambiar la cultura»; en definitiva, es necesario hacer una reforma agraria siguiendo el ejemplo cubano.

«A pesar del bloqueo y todo, hay que entender que ellos siguen allí, fuertes, fortalecidos en el tema del respeto al pueblo. Creo que nos enseñaron lo que significa la soberanía de los pueblos», resumió.

Sputnik

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