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Money

“Money  money  money  money…
Mark, a yen, a buck or a pound,
That clinking, clanking, clunking sound,
Is all that makes the world go ‘round,
It makes the world go ‘round!”

Liza Minnelli lo cantaba en “Cabaret”, reflejando el ambiente retorcido y corrupto de la Alemania nazi, en la que el dinero (marco, yen, dólar o libra) dominaba sobre el resto.

Por Alfonso Durán Pich*

Web del autor

Y así sigue, y así seguirá.

El dinero como variable clave, el dinero como factor explicativo del desorden mundial.

El dinero, siempre el dinero, es la razón básica por la que el Estado español no acepta que la nación más dotada del territorio, la que siempre ha liderado los procesos de cambio, de progreso y de mejora, pueda decidir sobre su futuro, con la opción de independizarse. El resto de argumentos en contra  –como la sobada “unidad de España”-  son pura retórica, vacía de contenido. La única cosa que les preocupa es que Catalunya deje de financiar a la gran Castilla, como lo ha hecho siempre desde que la monarquía castellana impuso sobre sus súbditos un sistema estructuralmente predatorio.

Money, money, money.

No es que la gran Castilla (el Estado español sin Catalunya y Euzkadi) no pueda ser viable económicamente (cualquier colectivo puede serlo), sino que su viabilidad pasaría por un reajuste a la baja de sus gastos, al ver reducidos sus ingresos. Jugarían en segunda B en lugar de en primera división. Y a nadie le gusta vivir en Nou Barris si está acostumbrado a vivir en el Upper Diagonal.

Money, money, money.

El Estado español está orientado al gasto, no al ingreso. Porque para ingresar hay que trabajar y su cultura (en el sentido antropológico del término) no se fundamenta en el trabajo. Aquí hallamos una diferencia sustancial con Catalunya: ellos son católicos integristas (el trabajo como castigo. Como has pecado estás condenado a trabajar: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”), en tanto que los catalanes son fundamentalmente calvinistas (el trabajo como recompensa).

El modelo organizativo de Castilla estaba formado por tres estamentos básicos: una monarquía absoluta, una corte extensiva y la plebe. El modelo permanece: han cambiado los significantes pero se mantienen los significados. Ahora hay una monarquía que se declara parlamentaria (valor simbólico), pero que actúa como si fuera ejecutiva. La corte ha evolucionado y ha conformado un Estado profundo (una sociedad de funcionarios). Por último, la plebe es el pueblo llano, que vive alienado, ajeno a la realidad, educado para seguir las instrucciones de la autoridad competente. Les basta con seguir las andanzas de “la Roja” y distraerse con “Sálvame Deluxe”.

Money, money, money.

No debe extrañarnos que este modelo organizativo sea propenso al gasto, lo que explica que históricamente el Estado español encabece el ranking de las bancarrotas públicas. La aberración económica de la red radial del AVE (un tren para ricos que pagan los pobres) responde a esta lógica. No es que el AVE no sea viable en términos económicos, es que tampoco lo es en términos sociales. Y siguen produciendo enlaces.

Money, money, money.

Vayamos al proceso de toma de decisiones y esto nos ayudará a comprender el embrollo. Primero un político (González, Aznar o cualquier meritorio) tiene una idea fuerza que cree que le dará votos. La comunica profusamente a su público objetivo para ganarse su apoyo. Y se lo gana, porque a todos los niños sin excepción les gustan los caramelos. Luego los “altos funcionarios” y los funcionarios de menor rango ponen en marcha los mecanismos para ejecutar la idea fuerza, con una dimensión aproximada de los gastos aparejados (aproximada y casi siempre muy inferior a la real). Que todo ello se ajuste o no a una necesidad no es el criterio central, ni tampoco el periférico.

Money, money, money.

Y aquí tenemos un poco el meollo de la cuestión, el factor nuclear. Los funcionarios públicos toman decisiones sobre asignación de recursos del Común que muy probablemente no tomarían si afectaran a su bolsillo. Manejan el dinero de los contribuyentes con una alegría que jamás tendrían si ellos, por ejemplo, tuvieran que avalar a alguien por un importe mil veces menor. A mi juicio ésta es una derivada del concepto de “azar moral”, que es una especie de seguro a todo riesgo que cubre tus posibles errores de decisión, por lo que te concede la libertad de hacer lo que quieras.

Y como ya hemos descrito, el Estado español es un Estado de funcionarios, incluidos aquellos que han copado los puestos directivos en las empresas vinculadas al aparato del Estado, que es su principal valedor y, en muchas ocasiones, su principal cliente. Dos tercios de las empresas representadas en el Ibex/35 se ajustan a este perfil. Y así corre el flujo del dinero: de los contribuyentes a los funcionarios y de los funcionarios a los rentistas, previo pago de una comisión a los anteriores, que actúan como intermediarios.

La etiqueta liberal-conservador con la que se presentan en sociedad es pura ficción. Es un falso capitalismo clientelar que no cree en la libre competencia. Todo el montaje es una gran mentira.

Money, money, money.

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