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Trasplante fecal: ¿un tratamiento revolucionario o una locura moderna?

La variedad de enfermedades que afectan a la humanidad crece exponencialmente. El número de tratamientos para curarlas aumenta al mismo ritmo y algunos de ellos pueden ser chocantes. Uno de estos métodos novedosos es trasplante fecal. ¿Se trata de un tratamiento revolucionario o es una locura? Sputnik trató de dar con el quid de esta cuestión.

Por María Krasnítskaya*

«El trasplante de heces fue utilizado por primera vez en el siglo IV a. C. en China», explica a Sputnik  Eugenia Shrainer, gastroenteróloga del Centro de Nuevas Tecnologías Médicas de la ciudad rusa de Novosibirsk, donde se realizó el primer trasplante fecal de Rusia.

Los chinos poseían las distintas recetas para realizar este tratamiento: hacían enemas, comían heces secas o frescas, explica la especialista. Así se trataban en la antigua China los distintos trastornos digestivos.

En la época actual el primer trasplante fecal fue realizado en el año 1955 en Estados Unidos, y desde los años 80 el tratamiento comenzó a utilizarse activamente para curar la diarrea provocada por la bacteria llamada Clostridium difficile. Según la Dra. Shrainer, la principal causa de la divulgación del trasplante de heces en EEUU radica en el hecho de que la bacteria Clostridium difficile, un agente etiológico de enfermedades infecciosas rectales muy graves, apareció en este país mucho antes que en otras regiones.

«En América Latina se comenzó a hacer el trasplante fecal desde el 2012», explica a Sputnik el Dr. Ricardo Espinoza, infectólogo de Clínica Las Condes, en Chile, uno de los centros de salud latinoamericanos donde se realiza el tratamiento.

En Chile se realiza el procedimiento a partir del año 2014. En Brasil, Argentina y Colombia también se han presentado algunas experiencias, explica el doctor.

¿Cómo se realiza el tratamiento?

«Por supuesto, todo el mundo está desconcertado por lo que hacemos. La mayoría de la gente imagina que tomamos excrementos de una persona y los empujamos al ano de otra. Pero en realidad, el tratamiento se realiza de una manera absolutamente diferente», explica la Dra. Shrainer.

De hecho, en la sustancia que se trasplanta al paciente, no queda casi nada de lo que entendemos por heces. El tratamiento se lleva a cabo de la siguiente manera: las heces de la persona sana se mezclan con el suero y después se filtran. Lo que se suele llamar heces se queda en la parte superior del filtro y el líquido fluye hacia abajo. Este líquido, o desde el punto de vista científico microbiota — un conjunto de microorganismos diferentes— sirve posteriormente para el trasplante.

El trasplante fecal se puede administrar a través de:

  • una colonoscopía;
  • enemas;
  • sondas nasogástricas o nasoenterales;
  • recepción de cápsulas.

El método que utilizan los médicos depende del país donde se realiza el procedimiento y de singularidad del paciente.

¿Qué enfermedades se pueden tratar con el TMF?

El trasplante de heces, denominado en el lenguaje profesional Trasplante de Microbiota Fecal (TMF), se está utilizando para tratar pacientes con infecciones por Clostridium difficile, quienes no responden al tratamiento estándar con antibióticos, y su flora intestinal ha quedado severamente dañada, presentando una diarrea que no responde a otros tratamientos. La otra indicación para este procedimiento es para los pacientes en quienes la bacteria reaparece, haciendo que sus síntomas se vuelvan recurrentes.

«La respuesta a esta terapia es realmente increíble y el éxito reportado es más del 90%. Y en los pacientes en que eventualmente fallara, uno puede repetir el procedimiento, con una alta tasa de éxito en los pacientes en que falló por primera vez», explica el Dr. Espinoza.

De los pacientes que se han trasplantado en la Clínica Las Condes, hasta el momento ninguno ha reportado alguna falla del tratamiento. Desde el 2014 a la fecha, 17 pacientes han recibido el trasplante en esta clínica.

En el Centro de Nuevas Tecnologías Médicas del Instituto de Biología Química y Medicina Fundamental de la Rama Siberiana de la Academia Rusa de Ciencias, ubicado en Novosibirsk, alrededor de 140 personas recibieron el tratamiento durante el mismo período. El TMF también se lleva a cabo en Moscú y San Petersburgo.

«Actualmente el TFM es bastante popular y muchos centros médicos en Rusia, tanto públicos como privados, están interesados en promover este método, porque la necesidad de este tipo de tratamientos entre los pacientes es enorme», revela a Sputnik Vitali Morózov, profesor del Instituto de Biología Química y Medicina Fundamental de la Rama Siberiana de la Academia Rusa de Ciencias (Novosibirsk).

De acuerdo con la Dra. Shrainer, a pesar de que la mayoría de la gente tiene una actitud escéptica ante el trasplante de heces, las personas que se han enfrentado a la Clostridium difficile, que sufren hasta 10 actos de defecación al día y no responden al tratamiento con antibióticos, perciben con mucho placer el tratamiento.

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Además de la cura de la diarrea causada por la Clostridium difficile, desde principios de los años 2000 la microbiota se utiliza activamente en el tratamiento experimental de otras enfermedades.

«Todo comenzó con los experimentos en animales. Llevaron a cabo la siguiente prueba: dos grupos de ratos fueron alimentados de la misma manera, pero a un grupo le trasplantaron la microbiota de ratones que estaban propenso a la obesidad, y a otro le trasplantaron las heces de animales proclives a la delgadez. Los animales de ambos grupos consumían la misma cantidad, el mismo tipo de comida, pero los examinados dotados de heces de ratones delgados adelgazaron y los otros al revés, aumentaron de peso. Claro que los científicos quedaron impresionados», relata la Dra. Shrainer.

No se pudo detectar ninguna microbiota específica que pudiera curar la obesidad al 100%. Sin embargo, los médicos siguen investigándola para tratar enfermedades cardiovasculares, autismo, enfermedad intestinal inflamatoria y alergias.

Efectos secundarios del tratamiento

Aunque los efectos secundarios de la terapia son prácticamente comparables al placebo, existen ciertos riesgos asociados con el TMF. Como aclara Dra. Shrainer, durante el trasplante el paciente, junto con las ‘bacterias útiles’, recibe una serie de microorganismos: virus, hongos, bacteriófagos etc. Por un lado, esto ayuda obtener los efectos positivos del tratamiento, pero por otro, representa algunos riesgos. Es que no se puede predecir exactamente cómo se comportará la microbiota en el organismo del paciente. El intestino humano contiene al menos 50 billones de distintas bacterias, y solo cerca de 1.200 de estas bacterias han sido estudiadas por la comunidad médica.

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El trasplante de microbiota fecal a través de una colonoscopía.

El anuncio sobre la primera muerte de un paciente en EEUU tras recibir el TMF también genera preocupaciones. El debilitado sistema inmunológico del paciente no pudo hacer frente a las bacterias resistentes a los antibióticos que heredó de la nueva microflora. Por eso la selección del donante se vuelve más imperiosa.

Donación de heces

En Chile, por ejemplo, existen los siguientes criterios para los donantes de heces: tienen que ser personas jóvenes, que no tengan otras enfermedades asociadas y que no hayan consumido antibióticos en los últimos seis meses, para que tengan una microbiota no alterada.

En Rusia, la selección de donantes es aún más estricta: son personas de entre 18 y 25 años de edad con una buena herencia genética, análisis ideales, sin malestares, no tienen piercing o tatuajes, o han cambiado de parejas sexuales.

El proceso de estudio de los donantes requiere un alto costo y para reducirlo en algunos países crearon los bancos de heces, donde se congelan las muestras de donantes muy bien estudiados. Eso permite hacer el trasplante cuando sea exigido sin la necesidad de realizar cada vez un estudio completo del donante. Los bancos de heces existen en EEUU y los Países Bajos. El año pasado el primer banco de muestras de heces congeladas fue creado en España.

Cabe señalar que en algunos países se gratifica a los donantes económicamente por su aporte.

«En Rusia a los donantes se les paga por su labor, ya que se trata de un proceso que requiere mucho esfuerzo. Las heces solo pueden ser donadas en la clínica. Solo se aceptan heces calientes. La defecación debería ser ideal, calificada de tipo 3, 4 o 5, según la Escala de Bristol. Las otras no las aceptamos «, dice Dra. Shrainer.

Es muy difícil encontrar en el mundo moderno a una persona que cumpla todos los criterios necesarios para donar heces, aún más difícil es motivarla a convertirse en donante. Así que es muy probable que pronto el llamado a «donar heces» sea tan relevante como el llamado a convertirse en donante de sangre.

*Sputnik

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