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Avándaro, o ‘el diablo metido en el cuerpo’

“Encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, mugre, pelos, sangre”, “¡Hubo una mujer encuerada!”…”Hubo sexo, drogas, perdición, bajas pasiones” y así la tronadera que se escuchó por aquí o por allá en México luego del “Festival Rock y Ruedas de Avándaro” del 11 al 12 de septiembre de 1971 y como prueba de que aquí también se cocían habas luego del Woodstock en Estados Unidos que fue del 15 al 18 de agosto de 1969… Hace cincuenta años, pues.

Por Joel Hernández Santiago*

*joelhsantiago@gmail.com

Habían transcurrido apenas tres meses luego de la represión a los estudiantes el Jueves de Corpus, en la avenida San Cosme del Distrito Federal, y las cosas no andaban como para que el gobierno se pusiera sus moños frente a los muchachos que cada vez más salían a las calles a reclamar y a bien rezongar por lo que pasaba y por lo que ocurría alrededor, y lo hacían a su modo…: la música como expresión de cambio, de rebeldía y del inicio de tiempos nuevos para todos…

…No sólo en México, que en sí mismo ya calaba todo lo que había pasado; también veían con atención lo que pasaba en el mundo y el mundo cada vez era más chiquito y más a la mano en eso de las libertades para todos, a como diera lugar: “Amor y paz” comenzó a escucharse a modo de rechazo al sistema: comenzó ese movimiento contracultural que ya era imposible detener.

Aun se escuchaba en la radio a los grandes iniciadores del rock and roll mexicano, casi siempre con covers de éxitos gringos o europeos. Angélica María gemía a los cuatro vientos “Yo que no vivo sin ti”; seguían en la radio los “Teen Tops”; “Los locos del Ritmo”, a Julissa y sus “Ruedas” o “María Eugenia Rubio con aquel “Fuiste tú, sólo tú, nunca otro sino tú…”; o Leda Moreno, o Olivia Molina, o los Hermanos Carrión quienes todavía convivían con la colita romántica de los boleros de antaño que nuestros padres escuchaban arrobados y silbaban a la manera de Pepe el Toro, aunque aparecía ya, por ahí, Juan Gabriel, Leo Dan, Los pasteles verdes… En el cine se estrenó “Mecánica Nacional” y ya se podía ver el cine “de Ficheras”…

Pero también otros grupos musicales que ya estaban hartos del merengue apabullao aparecían por aquí o por allá con sus bandas rockeras que se pasaban al rock pesado, al rock inflamante, el de las guitarras sin fin, el de los metales incansables y el de las letras que nada tenían de melosas o caramelosas…

Las muchachas ya habían dejado aquello de “la falda hasta el huesito” para salir con sus minifaldas y algunas con los inspiradores “hot-pants”. Vestimenta florida y colorida era lo de entonces, aunque eso: aun predominaba la falda en ellas, y muchos jovenazos lucían melena larga, sin ‘Glostora’, los pantalones acampanados, los zapatos de “crece Crescencio crece” y cinturones anchos de hebilla ‘sin igual’. En la tele estaba “Muchacha italiana viene a casarse” y “El amor tiene cara de mujer.

Pero ya se escuchaba el grito: “No, no, no nos moverán, no no, nos moverán: unidos en la lucha: no nos moverán” que llegaba desde Estados Unidos en voz de Joan Báez, y acá ya estaba el signo del dos dedos con el “Amor y paz”… Y si, “amor y paz” paro también con voz nueva y modos nuevos…Había llegado “La onda”… “La onda chicana”…

Así que para no hacerle el cuento largo lo de “Avándaro” fue el resumen de ese urgente y feliz grito de libertad, pero también el principio del silencio.

Hasta 1969 se llevaba a cabo en Avándaro, cerca de Valle de Bravo en el Estado de México, una carrera de autos cada año. Digamos que sin pena ni gloria, aunque de pronto en un accidente murió el piloto Moisés Solana y por lo mismo se suspendió. Sus promotores quisieron retomar el asunto en 1971 ofreciendo a los jóvenes un festival musical antes del día de la carrera: por el acceso se cobrarían 25 pesos y habría bandas de rock…

Estaban en el asunto los hermanos Eduardo y Alfonso López Negrete, que eran dueños de los terrenos de la pista, también estuvo Justino Compeán, empresario y Luis de Llano Macedo ‘quien producía la sección “La onda de Woodstock” en “Hoy domingo” de Jacobo Zabludowsky.

La idea era que tocara ahí Javier Bátiz y “La revolución de Emiliano Zapata”. Pero no se llegó a acuerdo con Bátiz y se contrató, por 3 mil pesos a cada uno, a 12 grupos que amenizarían el Festival, luego se incorporarían más:

El Ritual”; “Love Army”;“Peace & Love”:“Dug Dug’s”; “La Tribu”;“El Amor”;“La División del Norte”;“La Revolución de Emiliano Zapata”; “Los Spiders”; “Bandido”; “39.4”; “La vida”;“La fachada de piedra”; “Three souls in my mind”; “Tinta Blanca”, “La máquina del sonido”; “Iguana”;“Tequila”;“Nuevo México” y más… Rock ácido y sicodélico, a tono con la época hippie.

Así que, como ya estaba digerida la jalea, al llamado de “¡Queremos rock!” acudieron muchachos y muchachas en multitudes; dispuestos a vivir; dispuestos a escuchar y a escucharse; dispuestos a decirle a todos que ahí estaban, que ya no había tiempo para el silencio y que en adelante todo sería distinto porque ellos mismos eran distintos y porque no querían hacer la guerra a nadie, querían la paz, pero también querían su libertad para ser ellos y no mandato de gobierno.

Y llegaron a Avándaro a montones. Se tenía calculado que acudirían unos 25 mil asistentes atraídos por la carrera de autos y luego por el rock. Pero fue a la inversa porque al final lo de la carrera tuvo que suspenderse en vista de que al lugar llegó un aproximado –se dice- de 400 mil muchachos. Algunos apuestan a que fueron más, pero varias estimaciones apuntan a esta cifra.

“Sobrevivieron por 3 días compartiendo la lluvia y el lodo; eso fue un intento de tener una identidad”… dijo Luis de Llano.

Y aunque se prohibió la venta de bebidas alcohólicas y el uso de ‘otras substancias’ si las hubo. No todos los asistentes le entraron con fervorosa alegría al tema, pero si, estuvieron ahí presentes. ¿Jóvenes enloquecidos? No. Jóvenes simplemente. ¿Felices? Buscaban serlo.

De todos modos desde el jueves 9 de septiembre comenzaron a llegar. El presidente Echeverría que quería quedar bien por aquello del 68 y del 71, dijo que apoyaría al evento con 300 autobuses con capacidad para 50 pasajeros cada uno: insuficientes. El gobierno del Estado de México dijo que apoyaría con la seguridad, como fue… Y comenzó la fiesta:

Los grupos de rock comenzaron a desgranar sus rolas y los muchachos a agitarse al ritmo de la música que ya era suya, el rock; de pronto Peace & Love interpretó “Marihuana” y “We got the power” –Tenemos el poder– y lanzaron al aire “palabras inapropiadas” según Radio Juventud que se comprometió a transmitir el festival por radio, y suspendió la transmisión. Grrrrr.

Y mientras más avanzaba el Festival de rock, más se prendían los muchachos, más gritaban, más se exaltaban, más demostraban que estaban ya, en lo suyo: “¡Amor y paz!” y eso hicieron aunque no a la vista-al portador… Era el éxtasis del rock. Aquello era la locura… el grito fuerte… los grupos tocaban pero los muchachos eran los que vivían… Estaban eufóricos… Estaban contentos… Muchísimos de ellos no necesitaron ni alcohol ni marihuana para estar ‘efervescentes’…

El parte médico final informó: “Hubo un caso de apendicitis, 20 intoxicados con pastillas; 50 con marihuana; 5 con congestión alcohólica; 5 con gastroenteritis, algunos descalabrados, con fractura de tobillo y quemados”. Esto en una multitud de 400 mil asistentes.

Todo bien. El desahogo exacto. Y luego el secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, que los acusó de “haber actuado con dolo”; Carlos Hank González, entonces gobernador del EdoMex, se defendió diciendo que había autorizado una carrera de automóviles, pero “salieron con un festival de rock”… Fidel Velázquez dijo: “Aquello fue una bacanal” y Enrique Olivares Santana desde el Senado gritó: “¡Que no haya más Avándaros en la República!”…

En adelante el rock sería proscrito. Los grupos participantes prácticamente desaparecieron y algunos resistieron el silencio. Luego, como diez años casi el silencio; aquello causó estupor en un gobierno mocho y cilindrero y en parte de la sociedad mexicana aun moralina y descafeinada.

Pero Avándaro había ocurrido. Y Avándaro fue el piso en el que luego habría de sostenerse la voluntad de los muchachos para demostrar que por encima de discursos, prohibiciones o moral mal entendida está su propia vida, su libertad consagrada en la constitución y al grito interminable de “¡No, no, no nos moverán; no, no, no nos moverán; como una roca firme junto al río: no nos moverán!”.

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