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Indígenas brasileños, principales afectados por incendios en la selva y la sabana

Las poblaciones indígenas que conviven en la Amazonía brasileña son las principales perjudicadas, junto con las familias de campesinos, por los incendios en la floresta que ya llevan 18 días y han provocado desplazamientos forzosos de comunidades y pérdidas de tierras destinadas a la subsistencia.

«El impacto mayor sucede como consecuencia de la tala de los bosques y la vegetación virgen y original de la Amazonía, que fueron sustituidos por caminos», dijo a Sputnik el coordinador general de operaciones de la organización no gubernamental Amazonia Nativa, Ivar Busatto.

«En los últimos dos o tres días, hubo 23 focos de incendio en el estado de Mato Grosso (oeste), la zona está más afectada incluso que el Amazonas, aunque hay algunos pueblos impactados también allí, y la mayoría de los problemas que atañen directamente a las poblaciones indígenas están en los pueblos en zona seca de montaña, ellos son los más afectados por los incendios fuera de control», dijo.

«Mira lo que hicieron a nuestra reserva, dos años estuvimos trabajando en nuestra reserva, y ahora nuestra aldea está en llamas. No les bastó acabar con el río, con nuestras fuentes de vida, ahora le prenden fuego a nuestra reserva, ¡no nos vamos a callar!, vamos a cerrar la pista y queremos que vengan los medios para defendernos», reclamaba una mujer indígena en un video reproducido por la cadena RT unas semanas atrás.

El episodio fue registrado en la región de Brumadinho, en el estado de Minas Gerais (sur), y dio cuenta de un incendio que afectó a las aldeas de la etnia Pataxós, que este año también sufrieron el colapso de una represa de residuos mineros tóxicos de la empresa Vale SA, que provocó 84 muertes y más de 200 desaparecidos.

Fue uno de los 76.720 incendios que el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, por sus siglas en portugués) registró en lo que va del año y que elevaron la marca interanual un 85%.

Busatto advirtió que el fuego no es algo ajeno a la vida de estos pueblos y que el estado brasileño ha trabajado en la última década y media en forma conjunta con los indígenas, entre otras cosas abonando una remuneración mínima durante algunos meses, sobre todo en épocas de mayor sequía, para que se capaciten y controlen los potenciales focos inflamables.

«Muchos pueblos indígenas han establecido grupos juveniles y brigadas de bomberos y eso ha ayudado mucho; entonces, en realidad, dentro de las tierras indígenas hay incluso un mayor control que fuera de ellas», expresó.

«El problema es que cuando el Gobierno retira esa fuerza y los recursos que favorecen que estas políticas continúen sucediendo, es difícil avanzar», finalizó.

En esta nueva catástrofe, unas 700.000 las hectáreas de tierras nativas dañadas entre Brasil y Bolivia son el el entorno de 506 pueblos indígenas, según una carta abierta que los pueblos originarios difundieron por medio de la Coordinadora de las Organizaciones de la Cuenca Amazónica (Coica).

«Algunas personas de las que vivimos aquí dejaremos de existir», explicó al medio La Sexta el jefe de la tribu Parintintin, Severino Parintintin.

Según el comunicado de la Coica, hay más de 100.000 indígenas damnificados, aunque el daño comenzó hace muchos años.

HISTORICA TENSIÓN

«Brasil es un país que nunca tuvo reforma agraria o un proceso de colonización del campo, por el contrario, siempre existió un proceso de privatización y ocupación privada del suelo», dijo a Sputnik Graciela Rodríguez, ecofeminista de la red de Género y Comercio del Instituto Equit.

«La convivencia entre los pueblos originarios y los campesinos con los hacendados siempre fue muy conflictiva y los indígenas siempre fueron devastados y destruidos, sobre todo en los procesos dictatoriales», agregó.

Rodríguez opinó que «seguimos siendo los países productores de materias primas, y esa es la tendencia que ahora se profundiza en el mundo, porque la exigencia de materias primas para los países que aumentan su nivel de consumo, produce una demanda muy grande de soja y de carne vacuna que provoca cada vez más conflictos porque los estancieros de aquí quieren el aumento de los territorios disponibles para la producción».

El INPE indica que entre enero y julio se habían quemado en Brasil 57.827 kilómetros cuadrados, de los cuales 27.149 kilómetros cuadrados corresponden al Cerrado, un bioma de sabana tropical que se extiende del noreste al centro y al oeste del país, y 18.629 a la Amazonía, que comprende toda la franja norte del país.

Sputnik

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