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«Las buscadoras», las madres que reparten cartas sobre sus desaparecidos en Colombia

«Las madres de personas desaparecidas llevamos un dolor eterno». Así reza una de las cartas que reparten un puñado de mujeres en los buses de la ciudad de Cali, en el suroeste de Colombia, y que escribieron en medio de una búsqueda incansable.

En las estaciones del transporte público, «las buscadoras», como se hacen llamar estas madres rotas y envejecidas por la tragedia, sostienen grandes carteles con las fotos de sus hijos desaparecidos en el curso del conflicto armado.

Sobre las imágenes está la pregunta «¿Dónde está?», que salta de retrato en retrato de civiles y militares, la mayoría muy jóvenes.

Carteles con la foto de la ingeniera ambiental Sandra Viviana Cuéllar, quien desapareció cuando tenía 26 años en 2011, en la casa de su madre en la ciudad colombiana de Cali

«Es como un grito que le hacemos al mundo para que sepan (…), para que se concienticen, para que cuiden sus hijos», dice a la AFP María Elena Gallego, casi como culpándose de la suerte de su hija cuyo paradero desconoce desde hace ocho años.

Como ella, cerca de 35 mujeres llamaban la atención en la estación o en los autobuses de Cali sobre el profundo desgarro que causa la desaparición forzada.

Una vez se suben a los buses apretujados, con el cartel colgado al cuello, reparten sus escritos. Son cartas que relatan la historia de algunos de los cerca de 83.000 desaparecidos que ha dejado el enfrentamiento de medio siglo en Colombia, una cifra que incluye a víctimas de guerrillas, paramilitares y agentes estatales, y que casi triplica las de las dictaduras de Argentina, Brasil y Chile en el siglo XX.

La colombia María Elena Gallego, de 58 años, madre de la activista desaparecida Sandra Viviana Cuéllar, posa con un cartel de su hija, el 24 de agosto de 2019, en Cali, Colombia

«Estimado amigo (…) Escribo esta carta porque quiero que sepas de lo que ha sido mi vida», empieza diciendo el texto que María Elena distribuye a los pasajeros.

Luego cuenta lo poco que sabe sobre lo ocurrido con su hija, la ingeniera ambiental Sandra Viviana Cuéllar, quien desapareció cuando tenía 26 años. Recuerda que el 17 de febrero de 2011 salió hacia Palmira, a unos 30 kilómetros de Cali, y nunca más volvió a saber de ella.

«Me he puesto en la tarea de indagar por ella. Ir acá, ir allá, ir a talleres a aprender cómo buscar a mi hija porque lo que más deseo es que aparezca», concluye la carta.

Para María Elena, contar su historia en los buses es una suerte de terapia en medio de la incertidumbre.

«Al menos uno sale, grita, habla, llora, es como un desahogo (…), es una terapia, pero el dolor lo lleva uno a todas partes. Es un dolor sin entender, sin comprender», lamenta.

Aunque ninguna autoridad le ha dado pistas certeras sobre el caso de Sandra Viviana, ella cree que la pudieron hacer desaparecer por su activismo ambiental. Y aún piensa que podrá reencontrarla con vida.

«¿Por qué tanta indiferencia?» 

La campaña #ReconocemosSuBúsqueda nació este año para destacar el trabajo de las mujeres que en solitario investigan el paradero de sus seres queridos.

La iniciativa es promovida por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y la Comisión de la Verdad, creadas a partir del acuerdo de paz de 2016 que puso fin a medio siglo de lucha armada de la guerrilla FARC.

Los lectores de las cartas, que también son exhibidas en el portal de la Comisión de la Verdad, pueden escribirles a las víctimas a través de WhatsApp u otras redes sociales indicando la etiqueta.

Luz Edilia Florez es una de las «buscadoras». Esta mujer de 57 años pagó en carne propia el atrevimiento de querer saber lo que pasó con su hijo José Ernesto Morán, a quien los escuadrones de ultraderecha capturaron en 2002 en la población de Jamundí (suroeste) después de que rehusara vincularse con ellos.

Según cuenta, cuando los paramilitares descubrieron que estaba indagando, la raptaron, la violaron, la torturaron y la tiraron a un riachuelo pensando que estaba muerta.

En su testimonio que reparte en los buses, Luz Edilia interpela a la sociedad por «tanta indiferencia».

Aferrada como puede de una baranda y con la foto gigante de su hijo al cuello, entona una canción a modo de lamento. «Mi hijo puede estar en una fosa» común, reconoce.

La desaparición forzada en Colombia está tipificada como delito desde hace 19 años y, debido al conflicto interno, no solo abarca a agentes del Estado, sino a cualquiera que cometa esta violación de derechos humanos.

Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, un órgano oficial, entre 1958 y 2017 unas 82.998 personas fueron desaparecidas a la fuerza, pero solo en el 52% de los casos se conoce al responsable.

En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se celebra cada 30 de agosto, Luz Edilia solo pide que «no haya más desaparecidos». Mientras tanto, asegura que seguirá buscando a su hijo.

AFP

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