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España celebrará el 10 de noviembre sus cuartas elecciones en cuatro años

El rey de España, Felipe VI, constató este martes que los partidos políticos no se pondrán de acuerdo para investir a un presidente del Gobierno, por lo que el monarca no nominará a ningún candidato, abocando al país a una nueva convocatoria electoral, la cuarta en cuatro años, que se celebrará el próximo 10 de noviembre.

Felipe VI certificó la muerte de la legislatura en España después de que representantes de todos los partidos presentes en el Congreso de los Diputados le trasladaran su incapacidad para llegar a un acuerdo de investidura en base a los resultados de los comicios de abril.

«Su Majestad el Rey, tras recibir la información que le han trasladado los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, ha constatado que no existe un candidato que cuente con los apoyos necesarios para que el Congreso de los Diputados, en su caso, le otorgue la confianza», informó la Casa Real en un comunicado.

A lo largo de las jornadas del lunes y el martes, los principales líderes políticos del país desfilaron por el Palacio de la Zarzuela para trasladar al monarca la falta de acuerdo de cara a la investidura.

El ganador de las elecciones de abril, Pedro Sánchez –actual presidente del Gobierno en funciones y líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)– repartió las culpas de la repetición electoral entre el resto de formaciones, algo que sintetizó con la frase «lo he intentado por todos los medios, pero me lo han hecho imposible».

En una comparecencia desde el Palacio de la Moncloa –la sede del Gobierno, que seguirá en sus manos por unos meses más–, Sánchez afirmó que en las elecciones de abril los españoles manifestaron su deseo de tener «un Gobierno progresista cuya estabilidad no dependiera de las fuerzas independentistas».

«Los españoles han dicho claro que España quiere caminar por la senda progresista y les pediremos el próximo 10 de noviembre que lo digan aún más claro», dijo Sánchez, en una comparecencia que de forma oficiosa se convirtió en un acto de precampaña.

SIMULACRO DE NEGOCIACIÓN

La repetición de elecciones se produce pese a que el PSOE estuvo muy cerca de alcanzar un acuerdo para un Gobierno de coalición el pasado mes de julio junto a la formación de izquierda Unidas Podemos (UP).

En unas precipitadas negociaciones desarrolladas en apenas 48 horas, las conversaciones encallaron después de que el PSOE ofreciera a Unidas Podemos –que había aceptado un veto explícito a la entrada de su líder Pablo Iglesias en el Gobierno o a dirigir asuntos estratégicos– ocupar una vicepresidencia de carácter social y tres ministerios: el de Vivienda y Economía Social; el de Sanidad y Asuntos Sociales y el de Consumo, e Igualdad, eso sí con muy poca dotación presupuestaria y casi vacíos de contenido.

Las negociaciones se fueron al traste después de que Unidas Podemos pusiera sobre la mesa una contraoferta que incluía también el ministerio de Trabajo, lo que fue rechazado por Sánchez.

Ese fracaso puso en marcha el reloj de la repetición electoral: el Congreso de los Diputados rechazó la investidura de Sánchez por primera vez el 23 de julio, por lo que las Cortes Generales quedarían disueltas si el 23 de septiembre (dos meses después, tal y como establece la Constitución) seguía sin nombrarse a un presidente.

Tras el fracaso de esas conversaciones, Sánchez negó la posibilidad de retomar la negociación en los mismo términos bajo la supuesta premisa de que la investidura fallida minó la confianza entre PSOE y Unidos Podemos.

Durante el mes de agosto Sánchez se dedicó a reunirse con colectivos sociales para intentar diseñar un programa de investidura que despertase el número de apoyos posibles. Es decir, el ganador de las elecciones no negoció con el resto de partidos hasta el mes de septiembre, parecía estar ya en campaña electoral.

De hecho, ni siquiera en el mes de septiembre Sánchez se involucró en el proceso de negociación, ya que rechazó de forma repetida la posibilidad de reunirse con Pablo Iglesias.

Fueron los equipos negociadores del PSOE los que trasladaron a Pablo Iglesias su oferta para una eventual segunda sesión de investidura, en la que pedían el apoyo parlamentario de Unidas Podemos pero sin permitir la entrada de esa formación en el Consejo de Ministros, algo a lo que la coalición de izquierda no accedió.

La música de fondo durante la negociación de Sánchez con Unidas Podemos fue la constante publicación de encuestas pronosticando un avance del PSOE en caso de acudir a una repetición electoral, un escenario que los socialistas decían querer evitar, pero que finalmente no evitaron.

«Pedro Sánchez comete un error histórico de enormes dimensiones forzando otras elecciones por una obsesión con acaparar un poder absoluto que los españoles no le han dado. Hace falta un presidente que entienda el multipartidismo, España ha cambiado y no va a retroceder», dijo Iglesias tras conocer el rechazo del rey a nominar un candidato.

Iglesias descargó la culpa sobre un Pedro Sánchez que «tenía el mandato de formar Gobierno pero no quiso», lo que considera «un desprecio a las reglas básicas de una democracia parlamentaria».

LA OFERTA DE CIUDADANOS

Ante el claro desacuerdo entre Sánchez e Iglesias, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera –que desde mayo se negó a permitir la investidura del líder socialista– lanzó una oferta de última hora proponiendo su abstención a cambio de una serie de condiciones.

Esa oferta por sí sola no garantizaba la investidura y no tuvo demasiado recorrido, pero sirvió para que Rivera pudiera presentarse a última hora con lo que llamó «una solución de Estado» para «desbloquear la investidura».

«Si Sánchez rectifica, todavía hay tiempo de que este país se ponga en marcha. Que me llame», dijo esta misma tarde Albert Rivera, el mismo que durante la sesión de investidura de julio bautizó a Sánchez y el PSOE como una «banda» dispuesta a «repartirse España» como si fuese «un botín».

El único líder político que en todo momento se cerró en banda a la investidura de Sánchez fue Pablo Casado, presidente del Partido Popular –la principal formación de la repetición–, que durante meses desoyó los llamados del líder socialista a prestar su «abstención técnica».

«Pedro Sánchez no quería formar Gobierno, lo que quería desde el principio eran elecciones, y ya lo ha conseguido», dijo Casado en rueda de prensa este martes tras reunirse con el rey.

En la noche de este martes, tras constatar el fracaso de la investidura, Sánchez aprovechó su comparecencia ante los medios para responder a estas acusaciones.

Por un lado, reprochó a Partido Popular y Ciudadanos de no parecerse a los liberales y conservadores de otros países europeos, donde es habitual que este tipo de formaciones pacten con los socialdemócratas.

En cuanto a Unidas Podemos, curiosamente, Sánchez también utilizó comparaciones con el resto de Europa para afirmar que «es el único partido a la izquierda que ha impedido cuatro veces un gobierno progresista».

Con este cruce de acusaciones con aire de campaña electoral se pone fin a una legislatura marcada por unas negociaciones para formar Gobierno que en todo momento tuvieron sabor a precampaña electoral.

EL DÍA DE LA MARMOTA

Ahora, una España caracterizada por la fragmentación política tras la implosión del sistema de partidos en 2014, acude a sus cuartas elecciones en cuatro años.

El repaso del historial electoral reciente es elocuente para explicar la situación política del país: los españoles votaron en diciembre de 2015, pero los partidos políticos no se pusieron de acuerdo para investir a un candidato, lo que llevó a una repetición electoral en junio 2016.

Tras las elecciones de 2016, el PSOE permitió la investidura del conservador Mariano Rajoy, aunque ello provocó una crisis de partido que llevó al entonces líder socialista Pedro Sánchez a perder su cargo.

Una vez recuperado el poder en su partido, Sánchez consiguió en 2018 hacerse con el poder tras una moción de censura a Rajoy apoyada por Unidas Podemos y otras fuerzas, entre las que se encuentran los partidos independentistas catalanes.

Unos meses después, los mismos partidos de la moción de censura no son capaces de ponerse de acuerdo para aprobar los Presupuestos Generales del Estado y Sánchez decide convocar para abril de 2019 unas elecciones que gana pero tras la que no forma Gobierno por no ser capaz de conseguir acuerdos de investidura.

El resultado final es que los españoles tendrán que votar el próximo 10 de noviembre, unas elecciones que se celebrarán en un marco político muy distinto al de la última ocasión: mientras que el miedo a un auge del partido ultraderechista Vox era uno de los ejes sobre sobre los que discurrió la campaña electoral de abril, en noviembre el marco de debate se desplazará a Cataluña.

El Tribunal Supremo emitirá en la primera quincena de octubre su sentencia contra los doce líderes independentistas enjuiciados por el referéndum del 1 de octubre de 2017, por el que afrontan penas de entre 8 y 25 años de cárcel.

Esto, además de cambiar el eje de debate y poder influenciar sobre el resultado, tendrá una gran importancia también en cómo los partidos españoles afrontan las negociaciones para formar Gobierno tras la repetición electoral, en la que las fórmulas para el desbloqueo (en caso de existir) siguen siendo una incógnita.

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