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El éxito de la ‘Evonomics’

Evo Morales puede mostrar dos éxitos extraordinarios en la Presidencia de Bolivia durante 14 años: estabilidad política, en una sociedad cruzada históricamente por bruscos y violentos cambios de Gobiernos y una economía pujante, con una mejora sustancial de la distribución progresiva del ingreso.

Por Alfredo Zaiat*

Logró, de ese modo, que Bolivia deje de ser señalado como el país más pobre de América latina, para transformarse en una experiencia económica, social y política que despierta admiración a nivel mundial.

El próximo domingo 20 de octubre habrá elecciones en Bolivia y Evo Morales buscará ratificar en las urnas lo que ya se conoce como el modelo boliviano o la Evonomics. La disputa electoral, estiman analistas del proceso político, sería más estrecha para el oficialismo, pero los extraordinarios resultados económicos son su principal soporte.

En 2019, Bolivia registrará su decimoquinto año continuo de crecimiento, a un promedio anual de casi el 5%, el ciclo más intenso por la extensión en el tiempo de la historia del país.

Si bien la fuerza política que tiene como líder a Evo Morales (el Movimiento al Socialismo) no espera resultados como los de 2014, cuando obtuvo el 63% de los votos, confía en lograr el triunfo en las urnas por tres factores fundamentales:

  1. La mayoría de la población sigue aprobando la gestión de gobierno de Evo Morales.
  2. La imagen personal de Evo sigue siendo más fuerte que la de cualquier otro político boliviano.
  3. El apoyo electoral se basa fundamentalmente en un ciclo económico fabuloso.

La Evonomics

La gestión de Evo, iniciada en 2006, un presidente aymara por primera vez en la historia de un país cuya población indígena es mayoría, logró estabilidad con crecimiento sostenido.

Las claves de este resultado se tienen que encontrar en la combinación de una fuerte intervención del Estado (nacionalización) en áreas estratégicas, como el gas y la electricidad, con una potente alianza con el sector privado del agro, industria, comercio y finanzas.

Con una larga tradición de economía informal, hubo también un acuerdo con la inmensa masa de pequeños y medianos emprendimientos artesanales y comerciales, que emplea a más del 60% de la fuerza de trabajo.

La clave del esquema macroeconómico boliviano es cómo se administra el excedente. El Estado pasó a tener un papel relevante en la tarea de orientador y administrador de las actividades generadoras de excedentes. Estas son las petrolera, minera y de electricidad.

De esa forma, la evonomics tiene al Estado como el principal actor, puesto que se apropia del excedente social generado en los sectores más dinámicos, para transferir recursos vía el gasto público hacia sectores productivos generadores de ingresos y empleos.

Estos últimos están integrados por firmas dedicadas a las manufacturas, a la actividad agropecuaria, a la construcción, al turismo, entre otros. Con esas transferencias del excedente producido en el sector primario exportador, se consigue una redistribución de ingresos que permite ampliar la demanda interna.

El elemento esencial para comprender por qué esa dinámica generó una transformación sustancial de la economía boliviana se encuentra en la comparación de lo que se hacía con el excedente antes de la irrupción de Evo Morales en el Gobierno.

Durante el neoliberalismo dominante en la región en los 90, y también en Bolivia, esos excedentes se fugaban de la economía doméstica, ya sea por salida de dólares hacia el exterior o por la remisión de utilidades de multinacionales que operaban en áreas estratégicas de recursos naturales.

Un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) calculó el impacto de las nacionalizaciones de áreas estratégicas. Estimó que la generación de riqueza que no se fugó sumó 74.000 millones de dólares, equivalente a dos PIB, y que pudo crear entonces 670.000 puestos de trabajo.

¿Qué hacer con el excedente?

Las economías latinoamericanas han gozado de ciclos extraordinarios de precios internacionales elevados de las materias primas que exportan. El último se registró en la primera década del nuevo siglo. A diferencia de otras experiencias en donde se fugaban al exterior esos ingresos provenientes del sector externo, en estos años Evo Morales no solo nacionalizó el excedente que se producía en esa actividad, sino que lo reorientó hacia el mercado interno, con tres objetivos:

  1. Industrializar las materias primas.
  2. Fomentar actividades del mercado interno generadoras de empleo e ingreso nacional.
  3. Tratar de achicar la brecha social.

La meta de mejorar las condiciones sociales de la mayoría de la población ha sido reconocida por el Banco Mundial. De acuerdo con los parámetros utilizados por ese organismo internacional, Bolivia hoy es un país de ingresos medios.

La extrema pobreza en términos monetarios (dos dólares por día) disminuyó de 38% a 18%, mientras que en los principales centros urbanos retrocedió al 10% de la población.

Un informe especial del semanario estadounidense The Nation, realizado por Zeeshan Aleem, reconoce que durante la evonomics Bolivia triplicó el ingreso per cápita y que la inflación y el tipo de cambio se han mantenido estables. Además, destacó que los niveles de desigualdad, que se encontraban muy por encima del promedio de la región, ahora se ubican bastante por debajo de la media.

Para sorpresa del mundo conservador, que cuestiona la intervención estatal, Aleem reconoce que «está claro que una agenda redistribucionista no ha sido ruinosa para la economía boliviana». Por el contrario, el país ha crecido al doble de la tasa promedio de Latinoamérica.

Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) el motor del crecimiento del PIB de Bolivia ha sido la inversión pública, destacando también la expansión del consumo. En este año, la inversión pública en infraestructura y energía, así como en salud y educación, junto al crecimiento sostenido del consumo, facilitará que «la economía continúe mostrando un ritmo de avance similar al de 2018».

Bolivianización

La era de Evo tiene también estabilidad en la función pública de un cargo clave: la del ministro de Economía. Con la pausa obligada de un año por enfermedad, Luis Arce Catacora está al frente de Hacienda y es considerado una de las principales figuras de la evonomics.

Uno de sus pilares filosóficos en términos económicos de Arce Catacora es el equilibrio macro, al que considera que se trata de «un patrimonio del pueblo boliviano». Defiende que el programa monetario y fiscal sea diseñado por el Ministerio de Economía y el Banco Central, y no el Fondo Monetario Internacional, como en el pasado.

Esa tarea de coordinación tiene como objetivo básico impulsar la actividad, pero sin crear presiones inflacionarias. Uno de los grandes logros de Arce Catacora estuvo en el frente financiero: la desdolarización o, expresado en términos económicos nacionales, la bolivianización de la economía.

La moneda nacional volvió a circular en transacciones comerciales y, en especial, financieras, desplazando al dólar. A comienzos de los 2000, apenas el 3% de los depósitos del sistema financiero estaba nominado en la moneda nacional y el resto estaba en dólares. Ahora, la relación es la inversa: 94% de los depósitos están en bolivianos y solo 6% en dólares.

Esta transformación no fue por arte de magia. El Celag realizó una ilustrativa explicación para exponer el éxito de la desdolarización de la economía boliviana. Las principales acciones fueron las siguientes:

  1. Mantener estable el tipo de cambio (cotiza a 6,95).
  2. Desalentar la compraventa de divisas ampliando la brecha entre ambas operaciones.
  3. Encarecer el costo de los créditos en dólares.
  4. Aumentar la tasa de interés de los depósitos en moneda nacional.
  5. Establecer un impuesto a las transacciones financieras en dólares, que alcanza solo a las cajas de ahorros con más de 2.000 dólares y a los depósitos a plazos menores al año.
  6. Facilitar el crédito en moneda nacional, al tiempo que se aumentaron los requisitos para otorgar créditos en dólares.
  7. La emisión de títulos públicos es en moneda nacional.
  8. Se prohibió indexar las tarifas en función a la evolución del dólar.
  9. Se creó un fondo contracíclico de reservas internacionales, equivalente al 25% del PIB.

La estrategia de bolivianización del sistema financiero permitió que las políticas monetaria y fiscal puedan ser expansivas, alentando la demanda interna que derivó en el ciclo de crecimiento continuo más importante de la historia del país. Y lo pudo sostener pese a la crisis económica de Argentina y Brasil, las dos potencias latinoamericanas que en los últimos años han recaído en otro experimento neoliberal.

A contramano

El éxito del Gobierno de Evo Morales adquiere mayor dimensión porque ha podido superar el cambio de signo político en la región, que pasó de uno dominado por fuerzas que se reconocen en la heterodoxia económica a uno con predominio del neoliberalismo. Bolivia pudo mantenerse en su sendero y ha mostrado que, de ese modo, están en condiciones de exhibir mejores resultados.

El ministro de Minería, César Navarro Miranda, resume esa experiencia de sobrevivir a la ola neoliberal indicando que «hoy nos encontramos en este escenario en el que el Estado Plurinacional como modelo de Estado, economía y sociedad, está consolidado, con una economía plural con intervención del Estado, de producción, de distribución de la riqueza y de democracia integral».

*Sputnik

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