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El nuevo viejo rol de los militares ecuatorianos en la política

Ecuador está en las calles furioso, afectado y decidido. Lenín Moreno lo sabe. El paquetazo económico del FMI afecta profundamente el bienestar de la gente. Por eso para imponerlo necesita del firme apoyo del Ejército y de la Policía, pues sin ellos hoy no se sostendría.

Por María Luisa Ramos Urzagaste*

El paquete de medidas económicas que sufre ahora el pueblo ecuatoriano se venía cocinando hace meses. En marzo pasado el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que su Directorio Ejecutivo aprobó un acuerdo a favor de Ecuador por un monto de 4.200 millones de dólares.

La entonces directora gerente del FMI, Christine Lagarde, anunció que las autoridades ecuatorianas estaban comprometidas en adoptar varias medidas.

En palabras muy adornadas, se anunció una «moderación salarial en el sector público, brindar más facilidades para la contratación y un sector energético más eficiente», dicho más claro: reducción salarial, precarización de contratos laborales y eliminación de los subsidios a los combustibles.

El paquete de medidas económicas del Gobierno de Lenín Moreno, incluye el Decreto 883 sobre eliminación del subsidio a los combustibles, medida que transversaliza todas las actividades de la vida diaria de los ciudadanos, encareciéndolo todo de manera ineludible.

Era previsible la reacción de la gente y sus organizaciones. En ese entendido, el Gobierno ecuatoriano no habría lanzado tales medidas sin la seguridad de un apoyo decidido de las fuerzas armadas y la Policía.

El Gobierno de Lenín Moreno, arropado por su ministro de Defensa y por los comandantes de las Fuerzas Armadas, dictó toque de queda para evitar manifestaciones y protestas y restringió la movilidad de los ciudadanos.

Un militar experimentado necesario para Lenín

Una persona clave en todo este esquema de retroceso de Ecuador hacia la dependencia financiera y económica, pero también militar, es el actual ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín Román.

Jarrín es el primer militar en retiro que dirige el Ministerio de Defensa luego de 12 años de haber sido ocupada por civiles. Esto no es casualidad. El presidente ecuatoriano Lenín Moreno Garcés debía designar en esa cartera a alguien decidido a reanudar y consolidar la relación militar con EEUU.

Eso fue justamente lo que hizo el miembro emérito del Center for Hemispheric Defense Studies (CHDS) de la Universidad Nacional de Defensa (Washington DC), quien además recibió entrenamiento en Inglaterra e Israel.

Jarrín, quien cuenta con amplia experiencia militar, y fue titular de esta Cartera de Estado entre el 2005 y 2006, se desempeñó anteriormente como Secretario del Consejo de Seguridad Nacional y ocupó el cargo de Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

A esto hay que sumar dos momentos importantes de su biografía. Fue Director de Operaciones del Ejército en la Guerra del Cenepa con Perú en 1995, y se desempeñó como director de la Academia de Guerra del Ejército.

En su vida política y profesional su repertorio periodístico es amplio, pues nunca tuvo perfil bajo. Criticaba de manera directa y abierta la política del entonces presidente Rafael Correa y abordaba con frecuencia distintos temas del quehacer nacional.

Como ministro de Defensa defiende a capa y espada el acuerdo militar con EEUU indicando que «no habrá un destacamento permanente, no habrá una base», e insistió en que en las islas Galápagos no habrá un teatro de guerra, no se van a entregar las islas y tampoco se va a contaminar. Enfático dijo que los comentarios en ese sentido eran de «mala fe».

Así se expresaba el ministro para confundir a la opinión pública, en tanto que el Gobierno de Lenín Moreno aceptó la reapertura de la oficina de cooperación militar estadounidense en Ecuador, mediante la firma de un acuerdo para la instalación de un equipo de apoyo en seguridad.

Estados Unidos sabe que existe un amplio rechazo de parte de la sociedad civil a la instalación de bases militares, pero además valga decir que ya ni las bases son tan necesarias, pues si de intervención militar se trata, tienen a su servicio acuerdos de colaboración con países como Ecuador y toda la tecnología del mundo para sus cometidos.

El impulso del actual ministro de Defensa de Ecuador para retornar a viejas amistades es inmenso.

Con Jarrín el acercamiento a Israel tiene frutos, y las fuerzas especiales ecuatorianas se entrenan ya en Israel. Ha restaurado la estrecha colaboración que tuvieron hace más de dos décadas, la misma que fue interrumpida por el Gobierno de Rafael Correa.

En junio pasado se llevó a cabo la primera misión de la USNS Comfort —la Armada Marina—, un importante brazo de las fuerzas armadas de EEUU que contó con la presencia de Jarrín por ser dicha misión militar parte de la cooperación binacional.

Las Fuerzas Armadas ecuatorianas también están muy activas en las acciones de entrenamiento militar que lleva a cabo el Comando Sur de EEUU, tal cual lo hicieron en las Fuerzas Comando 2019 realizadas en Chile en el mes de junio.

Ecuador tomó parte de las UNITASLX, ejercicios militares de carácter multinacional llevados a cabo en el Brasil de Bolsonaro con la participación de 11 países, entre, ellos EEUU, Brasil, Ecuador, Perú, Chile y Colombia.

El ministro de Defensa Jarrín ahora tiene una tarea importante, que es garantizar a EEUU una celebración exitosa de las maniobras Unitas, que se llevarán a cabo en Ecuador en 2020.

Las maniobras Unitas son ejercicios militares tanto en altamar como en el espacio aéreo que desarrolla el Ejército de Estados Unidos conjuntamente con algunos países sudamericanos.

Represión en marcha

La represión estos días es brutal y varias instituciones han hecho llegar al Gobierno su preocupación.

La relatora especial sobre los derechos de los pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, manifestó su inquietud por la situación de los pueblos indígenas ecuatorianos dentro del marco de las protestas.

La Oficina para América del Sur de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos recordó a las autoridades ecuatorianas que han de garantizar el derecho de las personas a manifestarse pacíficamente «protegiendo los derechos a la libertad de expresión y opinión, a la reunión pacífica y a participar en los asuntos públicos».

​Lenín se victimiza y culpa a Correa por las protestas. Pero el poder detrás de Lenín sabe que con él o sin él jugará todas las cartas para lograr sus objetivos. Las fórmulas de cambio de presidentes ya han sido ensayadas en Latinoamérica hasta la saciedad.

Estos días de crisis, es clave el rol de Oswaldo Jarrín junto a Lenín Moreno para lograr que el paquetazo económico se acepte y cumpla. Ambos personajes son apenas instrumentos para fines mayores, que involucran el reposicionamiento militar de EEUU y la vuelta a la dependencia del FMI de ese preciado país andino.

El pueblo ecuatoriano tiene la última palabra.

*Sputnik

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