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Las mujeres, en la primera línea de las barricadas en las calles de Quito

Las mujeres están en la avanzada de las protestas que se realizan en Ecuador, se ocupan de política, organización, logística, salud. Sputnik conversó con varias de ellas para traer la voz de quienes protagonizan una movilización histórica en el país.

Por Marco Teruggi*

Hay barricadas en las calles de Quito. Dan de frente a la Asamblea Nacional, donde, desde hace días los manifestantes intentan ingresar y enfrentan las bombas lacrimógenas de una represión en escalada que ya no cesa ni de noche. Son indígenas, jóvenes, trabajadores, y mujeres, muchas.

Participante de las protestas en Ecuador

Participante de las protestas en Ecuador.

Se las puede ver en la primera línea de la barricada, en la parte de auxilios, logística, prensa, cocina, organizando una línea para transportar piedras para armar un nuevo punto de contención ante el avance de la policía. Mujeres indígenas, jóvenes, trabajadoras, ancianas, con banderas del Ecuador, ropa de su comunidad, mascarilla sobre la boca para frenar el efecto de los gases.

Una de esas mujeres es Patricia Yallico, del pueblo indígena waranka, y realizadora audiovisual. «No hay que dudar de la fuerza y la rebeldía de las mujeres en todos los ámbitos y espacios de la vida misma», dice.

Ella está, como la mayoría, día tras día en este punto de Quito donde se concentra la fuerza de la movilización que le exige al presidente Moreno que dé marcha atrás con las medidas económicas.

«Estamos luchando por todos los ecuatorianos, no solamente para el movimiento indígena, esta lucha es para la derogatoria del decreto 883, el paquetazo económico hace que se encarezcan los alimentos, la vida en sí».

Yallico destaca la amplitud de la participación de las mujeres en las jornadas de protesta: «estamos aquí en todas las áreas, no solamente en la cocina como muchas compañeras y lo hacen con todo el agrado y amor, estamos en la brigada de limpieza, la brigada médica, y en la parte política», explica.

Su rol en las primeras líneas tiene un sentido estratégico: «es para intentar convocar al Estado a que cese la represión, a que mire que estamos caminando mujeres ancianas, adultas, jóvenes, con hijos, jóvenes, adolescentes, es una forma de decirle que no estamos en guerra, hacemos una marcha pacífica que es como inicia siempre hasta que al final nos bombardean, gasean, entonces es importante este cerco de mujeres para frenar la violencia».

En el caso del movimiento indígena, ese protagonismo de las mujeres no solamente se expresa en las calles con barricadas de Quito, sino que es parte de una construcción del día a día y de la política, por ejemplo, en la Coordinadora de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) donde participa Yallico.

«Hay mujeres dirigentes del fortalecimiento de las federaciones, presidentas de federaciones, comunidades, cada vez está más el sentir, la guía de las mujeres de las mujeres está ampliándose», explica. ¿Dificultades y machismo? «Como en todos los espacios y sectores», agrega.

Yallico resalta la diversidad de las mujeres en la movilización: «quieren mostrar desde fuera que sería una lucha entre el gobierno y el movimiento indígena y no es así». La protesta abarca a más sectores, a jóvenes, barriadas, y a trabajadoras, como Rosa Salazar, que es parte de la Coordinadora por la Paz, la Soberanía, la Integración y la No Injerencia.

Salazar tiene 72 años y una vida de pelea por sus derechos como mujer trabajadora. «Las mujeres hemos estado movilizadas todo este tiempo por nuestros derechos como mujeres, siempre con la claridad de que la lucha de las mujeres es de clases también, es integral». Por eso vino cada día con su bandera de Ecuador a hacer frente al plan neoliberal del gobierno de Moreno.

«Aquí estamos unidos trabajadores del campo, indígenas con las diferentes nacionalidades, movimientos de mujeres y jóvenes, viejas, las abuelas que somos de los movimientos de toda una vida, y sabemos que nuestro enemigo es el imperialismo y el modelo que buscan imponer», explica.
Son muchas mujeres como Salazar y Yallico en las movilizaciones, primeras líneas, en la organización de sus comunidades, en la compleja logística cotidiana que se requiere para mantenerse durante días y noches en una ciudad donde la única respuesta del Gobierno es criminalizar y reprimir.

Expresan una voluntad popular, colectiva, una decisión de no retirarse de las calles hasta haber logrado su objetivo: la derogación del artículo 883, que quitó los subsidios a la gasolina, y el conjunto de medidas pedidas por el Fondo Monetario Internacional.

«Las mujeres vamos en primera línea con valentía, no existe cobardía, existe quizás un poco de miedo a la represión brutal que estamos viviendo, que los medios de comunicación están invisibilizando, a eso tenemos quizás un poco de miedo, pero cobardía no», dice Yallico.

*Sputnik

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