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El adoctrinamiento de las cacatúas

Hace treinta años, el descuido de una pareja de visitantes argentinos, hizo que los árboles de Torremolinos se poblaran de cacatúas. Desde entonces un “diálogo” permanente se escucha entre todos los árboles del Paseo Marítimo de la turística ciudad malagueña.

Por Lucas León Simón*

Fiel creyente de la hermosa religión de los adoradores del espeto de sardinas he tenido muchas ocasiones de escucharlas.

Hace unos días, no obstante, su parlamento permanente me recordó algo. ¡Eureka!  Vi un extraordinario parecido con el sacrílego “informar” de la red mediática  o caverna pagada por los bancos–por decir algo- que nos martirizan en este país de mendrugos.

Los canales de televisión, radio y medios escritos recitan el dictado que el poder, ya sea en forma de IBEX, o de Pedrito,  el mentiroso de turno.

Veo estos días como se afanan en presentar una policía del Estado “impecable”, “profesional” y “ponderada” cuando por medios alternativos yo veo, compruebo y casi huelo,  desmanes de todo tipo. Cómo, por ejemplo, cuatro “números” aporrean y estrellan contra la pared a una menor cuyo único delito era estar sentada en la calzada.

La actuación de las Fuerzas y Seguridad del Estado en los últimos días es una auténtica vergüenza. Han arramblado con todos los derechos y garantías, oiga constitucionales,  de las personas. No han hecho cumplir la ley, la han violentado.  Han usado pelotas de goma, prohibidas, y sacado cuatro ojos a personas que ejercían con más o menos ardor, su libertad de expresión y manifestación.  Han sacudido y  aporreado en la cabeza a mujeres, jóvenes y ancianos y las cacatúas, digo los medios informativos, sólo resaltan, vitorean y agradecen, visitas hospitalarias incluidas,  a solo una parte.

A una menor de 16 años, le han abierto la cabeza por la frente. Ingresada de urgencia de extrema gravedad no ha merecido que Pedrito, El Mentiroso, la visite en su plaza hospitalaria.

Es la división del mundo en malos y buenos.  Una obra de teatro de antemano conocida

Este maniqueísmo es ofrecido como un producto acabado a la masiva grey de comensales de telediarios adoctrinados, la desmesura infinita de la mentira y no sabemos si navegan o se hacen la manicura con ella.

Es un consumo para cebar a las masas. ¡A por ellos!, gritaron y gritan. Es un holocausto casero, mientras ferreras, marhuendas, indas y calvinis, nos bailan la jota encima.

Su crueldad y falta de equidad es tan insensata como todas las bestias que albergan.

Las cacatúas de Torremolinos tienen más vergüenza. Nadie entiende lo que hablan.

*Blog del autor

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1 Comment on El adoctrinamiento de las cacatúas

  1. Maria Isabel Santana Leon // octubre 23, 2019 en 9:42 pm // Responder

    Totalmente de acuerdo. La violencia reaccionaria, versus violencia revolucionaria.

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