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Celia Cruz… y… “Zongo le dio a Borondongo: Borondongo le dio a Bernabé…”

Al frenético ritmo de la música tropical no podíamos escapar. Casi imposible ser indiferentes porque la música, esa música, se nos metía en las venas, nos recorría a través del torrente sanguíneo, se nos metía en el ánima, en las entendederas… y producía una fiebre emotiva contagiosa que al escucharla hacía que no dejáramos de mover las manos, los pies, la cintura, las caderas y todo el esqueleto: “¡Se oye el rumor de un pregonar… que dice así…!”

Por Joel Hernández Santiago*

joelhsantiago@gmail.com*

Esa música llegaba de Cuba. Era una especie de locura emotiva que surgía de un intercambio no surgido de las oficinas burocráticas de la “cultura nacional”; un cambalache auténtico entre cubanos y mexicanos en el tiempo en el que ambos pueblos –su gente- se veían con una enorme carga de cariño y afecto y en el que la mayoría de los mexicanos se sentían parte de la efervescencia rítmica que estaba dirigida a la clase mexicana ‘de a pie’, como se dice hoy, y que no era de pipa y guante –aunque luego permeó hacia esa ‘alcurnia’ nacional-.

Ritmos como la guaracha, el guaguancó, el chachachá, el danzón, el mambo, el merecumbé, el bolero: todo ahí.

Y ese intercambio hizo que en México surgiera también una casta creativa de música ‘tropical’,como se denominaba a los ritmos que hacían que en la cortina de nuestras esencias convivieran las rancheras, los boleros nuestros, las orquestas a lo Pablo Beltrán Ruiz o Luis Arcaraz y lo tropical… Una especie de aquelarre musical que nos impregnaba la vida colectiva e individual.

A finales de los cuarenta (1947) se escuchaba a una agrupación cubana; la Sonora Matancera,que se fundó en Matanzas, Cuba, en 1920 y que trajo su sabroso ritmo tropical, con cantantes que interpretaban aquellas rolas que lo mismo eran amorosas como festivas y  ‘sin ton, ni son’: Bienvenido Granda, Daniel Santos, Leo Marini, Miguelito Valdés, Celio González, Alberto Beltrán…: ”Aunque me cueste la vida, sigo buscando tu amor…te sigo amando, voy preguntando dónde poderte encontrar…”… Todos ellos con grandes éxitos.

Y en esas andaban cuando en 1950 se incorporó a la agrupación musical una cantante cuyo nombre era Úrsula Hilaria Celia de la Caridad de la Santísima Trinidad Cruz Alfonso, mejor conocida luego como Celia Cruz, y que nació en La Habana el 21 de octubre de 1925.

Celia tenía buena voz, muy potente, ritmo, intención y eso que dicen que deben tener los grandes cantantes populares: carisma y personalidad, y quien había trabajado en lo musical desde los quince años a regañadientes de su padre, don Simón Cruz, que era fogonero de ferrocarril y con la complacencia de su madre, Catalina Alfonso Ramos.

En realidad su papá quería que fuera maestra de escuela. Y para complacerlo Celia se inscribió para estudiar “magisterio”, pero lo dejó para matricularse en el Conservatorio Nacional de Música en donde aprendió vocalización y algunos instrumentos…

Así que con esas credenciales comenzó a trabajar en programas de radio para aficionados. Pero nada. Apenas le daban las gracias o un pastel como premio hasta que en 1948 comenzó a trabajar en un grupo musical: “Las mulatas de fuego” con el que viajó por primera vez a México y Venezuela, aunque en 1950 llegó su gran oportunidad: el empresario Rafael Sotolongo la buscó para que cantar con la Sonora Matancera…

Es que les urgía reemplazar a la vocalista puertorriqueña Myrta Silva que regresaba a su país, así que como quien no quiere la cosa, el 15 de diciembre de 1950 comenzó a cantar con la Matancera aunque sin mucho éxito; grabó su primer tema ahí, «Cao, Cao Maní Picao» pero no sería sino años después, cuando grabó «Burundanga» de Óscar Muñoz Bouffartique, «Yerbero Moderno» de Néstor Milí; «Rock and Roll» de Frank Domínguez, y sobre todo el bolero «Tu voz», de Ramón Cabrera,que se convirtió en inolvidable.

Todo un éxito esta primera etapa en la vida de la cantante. Con estas rolas llegó a México que se prendió de Burundanga, del Yerbero y de Tu voz … ‘que es tañir de campanas al morir la tarde…’  Y desde México el impacto hacia América Latina. La radio las repetía una y mil veces al día.

Estuvo con La Matancera por quince años en los que recorrieron al continente con sus grandes éxitos musicales; las rolas que hacían que la gente se parara a bailar, que las cantara y que se sintiera que Cuba estaba por todos lados y todos con Cuba. Fue buena esa etapa.

Junto con su éxito estaba la parte política, de la que Celia no se podía desligar. Sobre todo al finalizar la década de los cincuenta cuando ocurre la Revolución Cubana y la llegada de Fidel Castro al poder en su país. Ella dejó Cuba para quedarse en México durante un periodo corto. Lo que quería era irse a vivir a Estados Unidos…

Lo cual no fue fácil, porque el gobierno de Estados Unidos la acusaba de haber sido parte del proceso de propaganda a favor de Castro previo a su llegada. Esto porque participó en programas de radio en una emisora que transmitía “teorías marxistas” y se había mostrado proclive a la caída de Fulgencio Batista. Era Radio Mil Diez, de Cuba según constaba en la ficha de la inteligencia estadounidense: “Famosa cantante comunista y estrella del escenario”, decía ahí y que en 1953 participó en un concierto con comunistas venezolanos, según relata Estefanía Camacho.

Luego de muchos contratiempos consiguió asilo político en EUA, al principio algunos la consideraban como ‘espía de Castro’. Y para quitarse el estigma –o por puro gusto y enojo– contribuyó con la causa anticastrista y se ha dicho que aportó recursos para que la contrarevolución comprara armas. Fidel, por su parte, prohibió su regreso a la isla y ni siquiera la dejó acercarse a la muerte de su padre en 1960 y menos cuando años después murió su mamá. Estaba desterrada de Cuba y fuera de Cuba hizo su vida.

En adelante su vida sería otra;se había casado en 1960 con el trompetista de La Matancera Pedro Knight, y su carrera como cantante, ya como solista, fue en aumento. Muy admirada y querida entre los tropi-rítmicos de Latinoamérica.

Siempre se recordaban los éxitos con los que llegó a México y desde aquí al mundo, como son sus canciones emblemáticas con la Matancera… “¿Por qué Bernabé le pegó a Muchilanga? (Por qué Muchilanga le echó a Burundanga) ¿Y por qué Muchilanga le echó a Burundanga? (Le echó Burundanga, le hinchan los pies). Eh que lío”; canciones y compases que aquí mismo convivían con la nueva ola mexicana:La llegada a la radio y al espectáculo musical del rock and roll, con los nuevos ídolos… Angélica María, Enrique Guzmán, César Costa, Alberto Vázquez, Manolo Muñoz, los Rebeldes del Rock, los Hooligans, Los Locos del ritmo, Julissa, Fabricio… tantos más, inolvidables.

La música es parte de la vida nacional mexicana. Los ídolos musicales superan con creces el hecho cotidiano. No hay mexicano que no tararee una canción, una rola o no tenga aquella o ésta en el recuerdo de sus intensidades más íntimas… “Un día hubo una fiesta aquí en la prisión, La orquesta de los presos empezó a tocar. Tocaron rock-n-roll y todo se animó, y un cuate se paró y empezó a cantar el rock: Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock…”

Y en ese mundo fantástico que hace que la música sea parte de nuestras vidas, estaba Celia Cruz, la misma que adquirió la nacionalidad estadounidense e hizo cambios a su modelo musical mientras radicaba en Nueva York:

… La Salsa, que es una combinación de la rumba, el mambo, el chachachá, guaguancó, montuno, merecumbé y otros ritmos latinos, dándole un tono al mismo tiempo frenético como vigoroso y rítmico. Y se convirtió entonces en “La reina de la salsa” e hizo famoso su grito emblemático, el que anunciaba que comenzaba la fiesta, o que la fiesta está en su apogeo: “¡Azúcar!” y sus compañeros de viaje en esta nueva etapa serían Tito Puente como Willy Colón…

Con el paso del tiempo se hizo muy conocida y querida entre la comunidad cubana en Estados Unidos. De hecho en este país recibió grandes reconocimientos a su trayectoria y calidad musical: Dos Grammys y tres Grammys latinos, nombrada, asimismo, como un “Ícono musical de EUA’.

Celia Cruz murió a los 78 años, el 16 de julio de 2003 en Estados Unidos. Fue parte importante de la musicalización de la vida latinoamericana; fue controversial en sus ideas políticas pero, sobre todo, alegró a generaciones con su voz, su energía vital, su ímpetu y su… “No sé qué tiene tu voz que fascina. No sé qué tiene tu voz tan divina. Que en mágico vuelo le trae consuelo a mi corazón…”

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