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El Grupo de Puebla aspira a orquestar a las fuerzas progresistas de la región

El Grupo de Puebla que se reúne en la ciudad de Buenos Aires buscará el modo de aportar ideas que contribuyan a consolidar las fuerzas progresistas de América Latina, indicó en una entrevista exclusiva con Sputnik el exministro de Economía de Chile, Carlos Ominami.

Por Ana Delicado Palacios*

«El principal aporte del grupo es pensar y ayudar a articular a las fuerzas progresistas que durante el último tiempo han sufrido derrotas importantes y que a su vez comienzan a remontar con triunfos como el de Alberto Fernández en Argentina», señaló Ominami, doctor en Economía por la Universidad de París y senador durante 16 años.

Quien fuera una figura clave en la creación de la Concertación de Partidos por la Democracia que derrotó al dictador Augusto Pinochet (1973-1990) en el plebiscito de 1988 aclaró que el Grupo de Puebla representa a un grupo de personas que «se definen de izquierda, progresistas, nacional populares y proponen una manera imaginativa e innovadora de pensar para renovar la práctica y las ideas de las agrupaciones progresistas que han estado dispersas», describió.

Este colectivo, por lo tanto, no quiere erigirse como antagonista del Grupo de Lima, del que forman parte los Gobiernos de doce países de América Latina además de Canadá, y por ende, no busca la confrontación, sino contribuir al proceso de recomposición de las fuerzas progresistas, aclaró Ominami.

«Pero el Grupo de Lima está francamente en bancarrota, porque está por salir [el presidente argentino Mauricio] Macri, [su par de Chile, Sebastián] Piñera está en el suelo, en Perú tienen una situación precaria, y en Colombia también la situación de su presidente es complicada», repasó.

Además de embanderarse en defensa de la igualdad y de la justicia social, el Grupo de Puebla asume otros desafíos propios de estas épocas, como la igualdad de género, la profundización democrática y la sustentabilidad ambiental.

En el proceso de integración que intentan impulsar puede ser muy relevante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), «la institución de mayor amplitud que existe en América Latina y cuya presidencia a partir de enero será asumida por México», observó Ominami.

Para aprovechar ese espacio, «hay que hacer una discusión precisa de cómo nos recomponemos en América del Sur ante una situación muy difícil, porque el principal país tiene la presidencia que tiene», deslizó el exsenador en alusión al mandatario brasileño Jair Bolsonaro.

Dado el fracaso que constituyó también el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur), creado a instancias del presidente chileno Sebastián Piñera y de su par colombiano, Iván Duque, Ominami también propuso reflexionar sobre la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), que pese a ser «una gran idea, terminó en un proceso de desmantelación donde buena parte de los países se han retirado y han cancelado su participación».

A su juicio, el sistema de unanimidad que se estableció en la Unasur fue su perdición, ya que durante la secretaría general del expresidente colombiano Ernesto Samper, entre 2014 y 2017, «no tuvo capacidad de poner de acuerdo a sus integrantes sobre el uso de los vetos, en lo que fue una postura excesivamente ideológica».

Ominami publicó en 2017 Claroscuros de los Gobiernos progresistas, América del Sur: ¿Fin de un ciclo histórico o proceso abierto?, cuyas tesis vistas en retrospectiva se han revelado como un acierto, de acuerdo a su autor.

«Lo dijimos en el momento de mayor euforia de Ejecutivos conservadores, cuando nos decían que los Gobiernos progresistas, motejados de populistas, habían fracasado y venía una nueva era de economía promercado con buena relación con EEUU», comentó.
Pero ese escenario ya ha sido descartado por los acontecimientos que han tenido lugar en los últimos meses.

En primer lugar, porque «la idea de ciclo tiene fundamento en la economía, no tanto en la política, que es más líquida y volátil», reveló Ominami.

En América Latina ya no ganan las elecciones sectores ideológicos asociados con la derecha o la izquierda, «sino que triunfan las oposiciones y pierden los Gobiernos», añadió el exministro al citar como ejemplo las ascendencias de Piñera y Bolsonaro.

La tendencia predominante que consiste en poner en dificultades a los oficialismos puede detectarse en las convulsiones que han sufrido en las últimas semanas Perú, Ecuador, y ahora Chile.

También el caso de Bolivia puede incluirse en este análisis, dado que su presidente Evo Morales, realizó una gran gestión y «reivindica con buenos argumentos su triunfo en primera vuelta, pero con el 47% de los votos, cuando en anteriores convocatorias tenía más de 60%», convino Ominami.

El Grupo de Puebla ha convocado a 30 líderes internacionales de doce países que se reunirán entre los días 8 y 10 de noviembre en la ciudad de Buenos Aires.

Modelo chileno

Ominami también dijo a Sputnik que su país debe cambiar la matriz económica, dado que el famoso «modelo chileno» está agotado.

«La estructura productiva está constituida por exportaciones de piedras, palos y frutas, en consecuencia, es un modelo que crece poco y distribuye pésimo, lo que ha provocado parte de la crisis actual», evaluó.

El integrante del Grupo de Lima propone avanzar hacia una política pos neoliberal, reinstaurar un Estado con más capacidades de intervención que no sea burocrático, e impulsar una reforma tributaria progresiva, pues Chile es el único país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) «en el que la distribución de ingresos después de impuestos es igual antes que impuestos, o sea que no corrigen nada».

El exministro del primer Gobierno democrático que tuvo Chile tras la dictadura de Pinochet abogó a su vez por un plebiscito que se pronuncie sobre una nueva Constitución, y en caso afirmativo, que decida si quiere redactarla a través del Congreso, un comité de notables o una asamblea constituyente, pues «no hay salida progresista sin que haya participación del pueblo».

«Esa es la salida por arriba, pero tengo mis aprensiones de que haya cierta regresión autoritaria, que el Gobierno intensifique la represión en el afán de que las manifestaciones sean menos masivas y queden protagonizadas por grupos radicales que terminen con actos vandálicos», alertó.

​El exministro se refería a las protestas que comenzaron en Chile el 14 de octubre por el alza del precio en el pasaje del Metro, que días después fue anulada por el presidente Sebastián Piñera.

Sin embargo, las manifestaciones continuaron y tomaron un cariz más intenso que dejaron hasta el momento un conteo oficial de 23 muertos, cinco de los cuales perdieron la vida a manos de efectivos de las Fuerzas Armadas y la policía militarizada.

Auditoría del Gobierno argentino 

Además, Ominami declaró que el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, asumirá el próximo 10 de diciembre con un escenario económico muy difícil de encarar, y para abordar los problemas que puedan surgir a futuro sería una buena idea llevar a cabo una auditoría del Gobierno.

«Sería de ayuda que se realizara una auditoría rigurosa para que se sepa cuál es el punto de partida que tiene la próxima gestión», dijo Ominami.

Fernández recibirá una economía en recesión «que no está ajustada en sus cuentas fiscales, que tiene desequilibrios macroeconómicos fuertes, unas tasas de interés incompatibles con cualquier proceso de reactivación de la economía y un gran endeudamiento», enumeró el exministro.

El líder de la alianza opositora Frente de Todos, con quien Ominami mantiene una amistad desde hace más de 20 años, «ha afirmado su autoridad y liderazgo durante el resultado electoral que [su compañera de fórmula, la expresidenta] Cristina Fernández [2007-2015] no habría tenido».

De este modo, y bajo una «conducción políticamente legitimada», el próximo Gobierno «intentará conseguir un respiro en el tratamiento de la deuda externa que le permita, sin una quita, iniciar un proceso de reactivación».

Al mismo tiempo, debe reactivar la economía y el poder adquisitivo de sectores como el de los jubilados, que además de recibir una mejora en sus pensiones, también tendrán una cobertura gratuita de los medicamentos que necesitan, según prometió Fernández en campaña.

El presidente electo argentino ha expresado su preocupación por la emergencia climática pero al mismo tiempo reconoció sus intenciones de estimular la minería y el yacimiento de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén (suroeste).

Consultado sobre esta contradicción, Ominami reconoció que en general los países de América Latina deben asumir su responsabilidad en la generación de gases de infecto invernadero, «pero teniendo claro que nuestra incidencia en el deterioro del calentamiento global es marginal» en comparación con países como EEUU, China e la India.

La relación de amistad entre Ominami y Fernández llevó a que el argentino reflexionase sobre corrupción y sobre sus divergencias con la ahora vicepresidenta electa en un capítulo incluido en la obra Claroscuros de los Gobiernos progresistas, publicada en 2017, en lo que constituye uno de los pocos escritos que se conocen del dirigente peronista.

La próxima gestión argentina asumirá en funciones el 10 de diciembre.

*Sputnik

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