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Prelados en crispación

Los prelados de la iglesia católica, eminencias en su trato honorífico, que no en el de sabiduría, vuelven por penúltima vez a hacer sonar el frufrú de las sotanas y salir al paso de las declaraciones de la ministra en funciones Isabel Celaá  referidas a la «libertad de enseñanza».

Por José Manuel Barreal San Martín

No parece, a tenor del concepto de «libertad» que tienen los tonsurados, que lo que esté en juego sea la » libertad de enseñanza» y menos «el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa», que sí tienen;  sino que el dinero público se empleé en financiar la educación religiosa y la educación privada.

La respuesta exagerada, crispada y falaz  de la jerarquía católica y de su brazo político el PP y cia, ante las palabras de la ministra, demuestra lo mucho que les importa controlar la educación de las élites. Esto es, así.

Cabe recordar que la ministra en funciones, no ha cuestionado ni los conciertos que están manteniendo a la enseñanza religiosa, como tampoco el famoso concordato con el Vaticano. Tanto el PSOE, dada su trayectoria en el tema, ya desde los años ochenta, como UP, en su minoritaria e hipotecada posición, no lo cuestionarán.  Ojalá, me equivoque.

Tienen los clérigos el inmenso problema, que es motivo de enfado y demagogia por su parte, lo que llaman «la dictadura del relativismo ético», que según ellos impregna la supuesta «dictadura laicista» que domina en esta España nuestra y que ven venir con el posible gobierno de una izquierda que, insisto, tendrá muy difícil, ya no poner en peligro la enseñanza concertada, sino aun minimizarla. Desgraciadamente.

Estos juglares del desastre, y sus cuentacuentos, que son incapaces de mostrar el mínimo arrepentimiento por la abrasadora pederastia que les quema, al igual que su pasar melifluo y obsceno ante los cientos de mujeres asesinadas en «aras del honor del macho», sin embargo se rasgan su hábitos telares aduciendo a la «dictadura laica», cuando en su casa, que llaman la de Dios, no existe ni un hálito de libertad, ni de dignidad.

Protestan y patalean quienes viven a costa del erario público, los que distribuyen mentiras, miedos y bendicen todo lo que redunde en su propio beneficio. Los regidores de una institución machista , en la que la democracia es pura entelequia, se permiten la frivolidad de hablar sobre «libertad». Hipócrita paradoja.

Claro que la ministra del PSOE tiene razón, cuando en el Congreso  de Escuelas Católicas, dijo que la Constitución no avala la libre elección de centros privados financiados con fondos públicos. Sin embargo, la realidad y las políticas educativas llevadas a cabo desde su partido, no dejan lugar a dudas de que nada cambiará. Y Unidas Podemos, no parece que está en las mejores condiciones para exigir nada. No sufran, pues,  los sectores católicos y sus partidos hermanos: Atado, está el tema. Al menos, de momento.

En suma, la ministra en funciones, que no olvidemos ocupó la cartera de educación en el País Vasco, donde la escuela privada concertada es mayoritaria, espoleó la cabalgadura eclesiástica formando mucha polvareda al paso de las herraduras equinas. Con ello ha desencadenado por enésima vez, y no está mal, el debate público.

Un debate en el que hay que exigir ya, sin contemplaciones un modelo educativo de escuela pública, laica, racional e inclusiva, que no segregue por motivos de conciencia, de sexo y por motivos sociales… La carga confesional al sistema educativo, así como los conciertos a la privada, tienen que desaparecer; la privatización que se pague por quienes libremente accedan a ella.

Señores eclesiásticos, el artículo 27 de la Constitución dice lo que dice, sin que quepa interpretarlo en «provecho propio». Proclama el derecho a la educación, reconoce la libertad de enseñanza, garantiza recibir la formación religiosa y moral de acuerdo con las propias convicciones y la creación de centros docentes.

No habla, para nada, de financiar la enseñanza privada, concesión de los gobiernos socialistas, precisamente, pero no como una obligación basada en un supuesto derecho de madres y padres.

Abundando en el tema hay que recordar que el Tribunal Constitucional estableció en 1981 que “el derecho de los padres a decidir la formación religiosa y moral de sus hijos a recibir es distinto del derecho a elegir centro docente”.  No mareen, pues, la perdiz. Pero, bueno, vale al caso, aquello de que «la ociosidad es la madre de todos los vicios». Y realmente sus eminencias están muy ociosas. Demasiado.

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