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Agravio femenino

Van cubiertas del rostro. Visten de negro. Son jóvenes aun. Acaso unas niñas. Llevan en las manos instrumentos contundentes para hacer daño. Al grito único de “¡Alto a la violencia en contra de la mujer!”; “¡Alto al feminicidio!”, se lanzaban en contra de lo que estuviera a su paso en Paseo de la Reforma y en la Avenida Juárez de la Ciudad de México a las 6 de la tarde del 25 de noviembre…

Por Joel Hernández Santiago*

*joelhsantiago@gmail.com

… Ya aparadores de cristal que eran destruidos, vallas metálicas, monumentos históricos que de forma ingenua cubrió el gobierno de la Ciudad de México, van en contra de paraderos de autobuses, en contra de edificios, en contra de hombres que aparecían por ahí a los que rociaban de pintura con aerosol a modo de repudio…

… Porque aquello era exclusivo para mujeres… Y ellas, enfurecidas-violentas-indolentes se lanzaban a toda velocidad en una estrategia para la que evidentemente fueron preparadas y porque estaban ahí no para expresarse en contra del agravio femenino, el que justamente quieren erradicar otras mujeres, colectivos, defensoras de derechos humanos…

… Estas mujeres de negro tienen otra lucha; quieren demostrar coraje, fuerza, vigor y poder. ¿De parte de quién? Y cuando las mujeres policías las enfrentaron para intentar que pararan ya aquella destrucción, ellas arremetían en contra, al grito de “¡No seas pendeja, tú también eres mujer!”…

Y no se arredraban. No se contenían. No se limitaban en sus embates. En cada golpe, en cada mazazo en contra de zócalos de piedra se percibía indignación coraje, rabia…Y por otra parte había indignación de quienes a través de las imágenes veían aquella destrucción de lo que es y lo que somos en una ciudad que poco a poco se transforma en una masa amorfa producto del desamor ciudadano y de gobierno…

Y esto que vimos ese día en la Ciudad de México durante la manifestación de unas 3 mil mujeres que marcharon de forma pacífica para expresarse en contra de la violencia machista y el feminicidio, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer ya había ocurrido semanas antes en la Glorieta de Insurgentes y en Ciudad Universitaria y…

Otros contingentes a la vista de lo que ocurría apenas alcanzaban a gritar: “¡Estas mujeres no nos representan!” al referirse a las que iban embozadas y de negro. Pero éstas estaban ahí y fueron las que al final de cuentas consiguieron su objetivo: llamar la atención y demostrar la incapacidad de la autoridad para defender la integridad patrimonial de la ciudad de México y a su gente.

Y es cierto. En lo que respecta a la lucha de aquellas mujeres que de forma vigorosa, digna y propositiva se expresaron para defensa de todas las mujeres del país, tienen razón: toda la razón.

Es mucho el agravio en contra de ellas, el desprecio hacia su condición femenina; el abuso de muchas y muchos en contra de las mujeres que caminan, trabajan, transitan, viven y conviven en todo el país… Muchas de ellas abusadas, violadas, retenidas… muertas…

Las cifras son escalofriantes; según informe del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública tan sólo ‘de enero a septiembre de 2019, 2 mil 833 mujeres han sido asesinadas en México’. El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), dice que sólo 726 casos son investigados como feminicidios, mientras que los otros 2,107 asesinatos, como homicidios dolosos.

Esto hace que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) México se ubique como segundo país en América Latina y el Caribe con mayor número de feminicidios, luego de Brasil, lo que no es un orgullo nacional.

Pero ahí está el retrato de la situación al que habría que agregar los acosos, las formas subrepticias de confabularse en contra de la mujer ya en el trabajo, en la escuela, en los espacios públicos, en el hogar mismo… El acoso es parte de las formas de perjuicio, y la marginación y el desprecio.

La autoridad federal, o las estatales o municipales, no contribuyen a solucionar esta grave situación femenina. Así que el 11 de marzo de 2019, en un mensaje, la Organización de las Naciones Unidas (ONU)dice: “México ha recibido reiteradas observaciones de organismos internacionales, sobre la problemática de violencia contra mujeres, pero la atención a las mismas no es la esperada…”

Se debe exigir que ya pare esto: La violencia hacia las mujeres en México, en sus distintas modalidades y formas. Es bueno que se castigue en ley a quien cometa estos excesos y abusos. Siempre bajo prueba fehaciente, como en cualquier otro caso… Y en eso estamos muy de acuerdo…

Pero también será bueno que la autoridad del gobierno de la Ciudad de México sea eso: autoridad, que impide en ley los excesos de las mujeres de negro que llegan a manifestaciones pacíficas como la del 25 de noviembre para desactivarlas y hacerlas menos. ¿A quién le conviene esto?

No es un asunto de “no vamos a caer en provocaciones” –lo que expresa miedo–; “no vamos a reprimir” –lo que expresa incapacidad para el uso apropiado de la ley–: Al final el gobierno de la Ciudad de México se quita de encima el problema y nos lo deja a los ciudadanos que habremos de pagar los monumentos rotos. ¿Por qué?

 

 

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