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El día que Evo despertó (y se volvió a dormir)

La propuesta del expresidente Morales de organizar milicias armadas en Bolivia encendió la euforia de sus seguidores. Planteó una fórmula legal, con base en tradiciones indígenas. Pero un partido pidió su expulsión de Argentina y a los pocos días el exmandatario se retractó. ¿Capitulación ideológica o repliegue estratégico?

Por Claudio Fabián Guevara*

Evo Morales andaba somnoliento, soñando con su modelo de desarrollo económico y social para Bolivia, cuando le creyó al general Williams Kaliman, quien ya estaba comprometido en realizar un golpe de Estado y su hipócrita declaración de militar antimperialista y partidaria de la emancipación del continente.

Evo cerró los ojos el día que los grupos paramilitares empezaron a tomar las calles ante la pasividad de la Policía y el Ejército se negó a brindarle protección a la gente bajo el falaz argumento de «no reprimir al propio pueblo». Le fallaron los reflejos ante la evidencia de que las fuerzas de seguridad estaban infiltradas por enemigos de la nación y no se decidió descabezarlas de un golpe, buscar elementos leales y armar a la ciudadanía para organizar la defensa del país.

Evo Morales y Williams Kaliman, durante la celebración del 140 aniversario de la Batalla de Calama, en La Paz, el 23 de marzo de 2019

Evo Morales y Williams Kaliman, durante la celebración del 140 aniversario de la Batalla de Calama, en La Paz, el 23 de marzo de 2019.

Morales se durmió cuando, frente a la gigantesca batería de elementos de guerra híbrida contra Bolivia, en lugar de organizar comités de autodefensa, se empeñó en una conciliación imposible con el sicariato diplomático de la OEA y sus cómplices internos, con la ingenua intención de reblandecer el corazón de verdugos y mercenarios.

Evo estaba dormido, pero un día despertó.

El día que Evo despertó

El expresidente despertó y vio que su renuncia y toda su política previa de «contención» para apaciguar a las fieras, había sido solo un mal sueño inconducente. Kaliman y los jefes policiales cooptados por el imperio, una vez cobrados sus millones, tardaron solo 72 horas en radicarse en EEUU. El Ejército y la policía que habían dejado a los bolivianos a merced de las bandas de motoqueros para «no reprimir al propio pueblo» hoy apalea, secuestra y mata en nombre de la democracia recuperada. El terrorismo de Estado vuelve con renovados bríos y nuevas herramientas: lawfare, fake news, totalitarismo 2.0, paramilitarismo.

«Bolivia vive un Estado sin derecho, donde mandan grupos irregulares ‘pititas’ y motoqueros, convertidos en fuerza paramilitar del Gobierno de facto, cercando domicilios, golpeando, requisando a particulares y violando derechos fundamentales con la complicidad de la Policía», dijo Morales el 13 de enero en Twitter, retratando el asedio de bandas violentas al detenido exministro Carlos Romero.

Por esos días, Evo planteó una consigna que levantó revuelo en un encuentro con militantes del MAS en Buenos Aires: «Hay que organizar como Venezuela, milicias armadas del pueblo», anunció.

En el audio del acto, publicado por la radio Kawsachun Coca del Chapare, se oye el entusiasmo y la algarabía que despiertan sus palabras.

Una fórmula legal, con base en la tradición

Más tarde, amplió en Twitter su propuesta: «El movimiento indígena originario campesino siempre ha tenido su seguridad. En algunas regiones se llamó guardia comunal; en otros tiempos: milicias. Ahora, policía sindical o seguridad sindical. Todo en el marco de los usos y costumbres, y respetando nuestra Constitución».

Las milicias armadas del pueblo de Bolivia se convertían así en una fórmula de autoprotección de las masas, en línea con las tradiciones de los pueblos originarios y dentro del marco de la ley.

La consigna de Evo provocó una rápida reacción de las fuerzas procoloniales. En Argentina, la Unión Cívica Radical (partido centenario, infiltrado por grupos globalistas desde su alianza con Macri) pidió expulsarlo del país. El régimen usurpador de Bolivia anunció un nuevo proceso penal contra Morales por incitación a delinquir, sedición y terrorismo. La prensa hegemónica se apresuró a descalificar la idea, asociando a las «milicias populares de Venezuela» con «grupos de choque» y «dictadura».

Del lado de sus aliados, el Gobierno argentino le pidió que baje el tono de sus declaraciones. Y varios candidatos del MAS en Bolivia se mostraron en desacuerdo con la propuesta.

¿Evo se volvió a dormir?

Tres días después, el expresidente boliviano expresó su arrepentimiento. «Hace unos días se hicieron públicas unas palabras mías sobre la conformación de milicias, me retracto de ellas», afirmó en un comunicado.

Aunque criticó «el decreto de impunidad para las fuerzas armadas, las masacres, los grupos paramilitares que recorren las calles, las casas quemadas, los tribunales electorales incendiados, los presos políticos y la persecución sistemática, todos esos crímenes sin justicia», el exmandatario arrió la bandera de las milicias populares expresando que su «convicción más profunda siempre ha sido la defensa de la vida y de la paz».

Pocas horas después, ante un medio alemán, agregó más opiniones culposas: admitió como «un error» aceptar el pedido de sus bases para buscar un cuarto mandato en las elecciones generales del mes de octubre.

¿Capitulación ideológica o repliegue estratégico?

Bolivia: la paz dinamitada

Por necesidades diplomáticas o electorales, Evo Morales eludió instalar un debate que América Latina necesita dar abiertamente. ¿Cómo defender a nuestro continente del cóctel guerrerista al que nos expone el globalismo? ¿Cómo defender los procesos soberanistas del ataque multidimensional (guerra convencional y guerra híbrida, paramilitarismo, atentados de falsa bandera) de las metrópolis coloniales?

La defensa de la vida y de la paz no está reñida con la creación de cuerpos militares populares. Más bien, la experiencia práctica indica todo lo contrario. Allí donde los dispositivos de «seguridad» y el entrenamiento militar están concentrados en grupos de élite, es más simple la cooptación de las altas esferas y su puesta al servicio de intereses antinacionales o antipopulares. Y cuando esto sucede, la defensa de la vida y de la paz es dinamitada.

Hoy las calles de Bolivia están crecientemente militarizadas, arrecian los arrestos de opositores, las masacres y la intimidación de la población por grupos paramilitares. ¿Hubiera sido esto posible con un pueblo armado y organizado en unidades de autodefensa?

La hora de los ejércitos populares

Así lo afirma Vicky Pelaez en Sputnik:

«El pueblo boliviano está pagando con su sangre que Evo pecase de inocente al no tomar en cuenta la experiencia de Hugo Chávez, quien desde el inicio del proceso de cambio logró formar una sólida alianza cívico-militar y crear también los Comités de Defensa de la Revolución Bolivariana. Los adoctrinó en los postulados de Simón Bolívar y los armó con 100.000 metralletas Kalashnikov adquiridas en Rusia. Su seguidor, actual presidente Nicolás Maduro, fortaleció y adiestró militarmente a estos comités. Actualmente ya cuentan con más de 2.000.000 de militantes».

Frente a la guerra permanente del imperio contra las pueblos insumisos del mundo, las estrategias de defensa meramente formales o parlamentaristas han pecado de ingenuas o insuficientes. La experiencia cubana —según Noam Chosmky, el territorio que más atentados y hostigamiento militar ha sufrido en todo el mundo— es otro ejemplo de preservación de la vida y la seguridad de una población. ¿Hubieran logrado arrasar con Irak, Libia y Afganistán si sus Gobiernos implementaban la doctrina de Fidel Castro de la defensa general del país por todo el pueblo?

En otros niveles, la autorganización militar de la población es mejor solución frente a la descomposición del aparato policial. Así fue la experiencia de Cherán (Michoacán, México), donde una junta vecinal liderada por mujeres tomó el poder y expulsó al núcleo coludido de narcos, políticos y policías corruptos que aterrorizaban a la población. Otros pueblos autogobernados son ejemplo de paz y convivencia, con el poder de las armas en manos de la gente. Por eso la pregunta de rigor: ¿Quién le teme a las masas armadas?

El ultraje de la nación andina debe funcionar como un recordatorio de cuánta violencia puede desencadenarse si se mantiene indefensa a la población de un territorio insumiso. Hoy, pasividad y confianza en las «instituciones democráticas» de Bolivia es un camino suicida. Por lo que insinúa la retórica del régimen usurpador, pronto habrá funcionarios amenazando con drones y asesinatos selectivos.

Al mismo tiempo, cualquier estrategia de resistencia armada puede ser funcional a los objetivos de la dominación extranjera: justificar sangrientas represiones, generar caos y división social, multiplicar la violencia, desmembrar el país. Qué hacer es un dilema sin respuesta.

Tal vez por eso Evo se quedó dormido otra vez. ¿O solo posa para las cámaras?

*Sputnik

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