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Telefónica ‘busca novio’ en Latinoamérica

Telefónica, la compañía de telecomunicaciones de referencia en España, busca urgentemente una salida satisfactoria para recuperar la confianza de los inversores y su valor bursátil. Una de las soluciones puede estar en el mercado latinoamericano.

Por Francisco Herranz*

La cotización de esta empresa fundada el año 1924 no es nada buena. En la Bolsa de Madrid se sitúa actualmente en los 6,1 euros por acción cuando hace un año estaba en los 7,6 euros, es decir un 21,35% de depreciación, y en 2014, estaba nada menos que en los 11,4 euros, un cambio del -47%. En el verano pasado el valor tocó mínimos no vistos en los últimos 20 años. Sobran los comentarios.

Aunque bien es cierto que los mercados europeos no andan muy boyantes y están especialmente afectados por coyunturas externas —el Brexit, la guerra comercial entre China y EEUU y ahora la epidemia del coronavirus—, el valor de la multinacional es sorprendentemente bajo, y si bien su directiva está tomando decisiones acertadas, a la postre son insuficientes.

La revalorización de la débil cotización bursátil de Telefónica ha obligado a sus directivos, incluido su presidente, José María Álvarez-Pallete, a entrevistarse con representantes de grupos de fondos de capital riesgo y de fondos soberanos, para poder captar dinero fresco e incluso para plantear alianzas estratégicas. La deuda de la compañía es el mayor obstáculo para que cuajen estas operaciones a largo plazo. Esa mochila es bien pesada pues alcanzó en el tercer trimestre de 2019 una cifra aproximada de 39.000 millones de euros (45.000 millones de euros, incluidos los arrendamientos de los edificios).

Latinoamérica en la mira

Una de las alternativas pasa por deshacerse de una buena parte de los activos. Telefónica decidió el año pasado segregar sus filiales en Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela. Así creó en noviembre de 2019 una unidad independiente a la que bautizó con el nombre de Telefónica Hispam y contrató a la entidad financiera estadounidense Morgan Stanley para que la venda.

La estrategia consiste en reducir presencia en el continente americano, a excepción de Brasil, un mercado que consideran esencial pues es rentable. La operadora persigue priorizar las inversiones en sus mercados estratégicos, situados en España, Brasil, Alemania y el Reino Unido.

La división latinoamericana ha estado lastrando las cuentas en los últimos ejercicios y por distintas razones, entre ellas, los entornos macroeconómicos complicados, una mayor presión competitiva y la volatilidad de las divisas nacionales. De hecho, la ‘teleco’ ya vendió a principios de 2019 sus filiales en Nicaragua, Costa Rica y Panamá a Millicom International y posteriormente las de Guatemala y El Salvador a América Móvil. Esas ventas aportaron efectivo a las arcas de la compañía. También está traspasando el negocio de las torres de telefonía.

El pasado 20 de enero se hizo pública la oferta de un holding latinoamericano, formado por un grupo de empresarios muy potentes de Colombia, Chile, México y Perú, que pagaría 10.000 millones de euros por el 51% de Hispam para conseguir su control, mientras que un 20-25% lo seguiría poseyendo Telefónica y el resto, accionistas minoritarios.

Ese proyecto, aún no firmado, le daría a la multinacional liquidez inmediata y la posibilidad de permanecer en la región donde su presencia es estratégica, no solo para Álvarez-Pallete, sino también para el Estado español. La noticia de la propuesta sobre Hispam dio cierta alegría al parque madrileño. La cotización de la operadora experimentó ese mismo día una subida del 2,7%, pero a los pocos días había regresado a los seis euros.

Malos augurios

El sector de las telecomunicaciones es el que peor se ha comportado en Europa durante el año pasado y eso se explica principalmente por dos circunstancias. La primera es que el desarrollo de la tecnología 5G —el nuevo estándar de las comunicaciones móviles— implica enormes inversiones en infraestructuras. La segunda razón apunta a la fuerte competencia con las compañías de Estados Unidos (AT&T, Comcast y Verizon, por citar tres).

El sector, además, rezuma paradojas. A pesar del indiscutible auge de la telefonía móvil y sus gigantescos avances tecnológicos, las expectativas de este tipo de negocio son planas y no inspiran en la actualidad demasiada confianza entre los inversores. Se aprecia un sentimiento de cautela que algunos expertos vinculan a un momento de decadencia, más coyuntural que definitivo.

Telefónica, líder del sector en España, cerró 2019 con una caída bursátil del 10%, aunque es el cuarto-quinto valor con más peso de todos los que integran el índice selectivo de la bolsa española, el IBEX 35. Esa clasificación se pondera por la capitalización bursátil, una medida económica que indica el patrimonio disponible y que resulta de multiplicar el precio por acción de una compañía en un momento dado por el número de acciones en circulación en el mercado. En el caso de Telefónica esa cifra alcanza los 32.300 millones de euros.

​Según un informe de Goldman Sachs, el valor total de mercado de Telefónica alcanza los 95.000 millones de euros. Después de deducir la abultada deuda, esa cifra bajaría a los 40.800 millones de euros. Sus activos en Latinoamérica, siempre según la misma fuente, tendrían un valor de mercado de 31.000 millones de euros, de los cuales 17.500 millones de euros, es decir, el 18,4% del total del grupo, corresponderían a Brasil. Eso significa que Hispam valdría unos 13.500 millones de euros.

Los últimos cambios estratégicos y organizativos de la operadora no han impresionado a los inversores. En 2019 acometió una reconversión de la plantilla mediante la ejecución de un plan de bajas voluntarias que redujo en 2.636 personas el número de empleados. En junio de 2019, la plantilla de todo el grupo ascendía a 117.324 personas.

Telefónica mejoró sus ingresos en los nueve primeros meses de 2019 en comparación con el mismo periodo de 2018, un logro que no consiguieron sus máximos rivales en España: Vodafone y Orange. Los tres perdieron contratos. Ese aumento en los ingresos, sin embargo, no se trasladó al valor bursátil.

Un evidente aspecto positivo de la multinacional española es el dividendo con el que remunera a sus accionistas. Pese a la tormenta que soporta, mantiene su política de retribución y su Consejo de Administración aprobó un dividendo de 0,40 euros por acción a pagar en dos tramos: uno en diciembre de 2019 y otro en junio de 2020. Esa medida favorece un poco su rentabilidad.

*Sputnik

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