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Maduro asegura que Bolsonaro busca un conflicto armado con Venezuela

El presidente Nicolás Maduro denunció que su homólogo de Brasil, Jair Bolsonaro, arrastra a su fuerza militar para impulsar un conflicto armado contra Venezuela.

«Amenazas terroristas las hay, desde Brasil las hay, y Bolsonaro está detrás de las amenazas terroristas y violentas contra Venezuela, está Bolsonaro, aunque los militares brasileros no se presten para esto, pero Bolsonaro está arrastrando a las fuerzas militares de Brasil a un conflicto armado contra Venezuela, expresó Maduro durante una rueda de prensa en el Palacio de Miraflores (sede de Gobierno).

El mandatario recordó que Bolsonaro otorgó asilo político a los militares que presuntamente participaron en un ataque a un cuartel el pasado 22 de diciembre en el estado Bolívar (sur).

«El Gobierno de Jair Bolsonaro es un Gobierno fascista, albergó a un grupo de terroristas que están convicto y confeso, de haber participado de un ataque militar terrorista que dejó a un soldado muerto en un cuartel venezolano (…) se robaron cohetes, misiles, fusiles (…) y el Gobierno de Bolsonaro le dio el asilo político sabiendo que eran convictos y confeso», detalló.

Maduro reiteró que el 15 y 16 de febrero realizarán los ejercicios militares para el resguardo de esa nación sudamericana.

Los ejercicios se ejecutarán en las ciudades de Caracas, Maracay (estado Aragua – norte), Valencia (estado Carabobo – centro), Barquisimeto (estado Lara – oeste) y Maracaibo (estado Zulia oeste).

El Gobierno venezolano ha dicho que los ejercicios militares no solo son para prepararse para hacer frente a las agresiones de Estados Unidos o Colombia, sino para responder a las mafias implicadas en el contrabando de combustible hacia países vecinos.

Sputnik

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  1. La necesidad de crear un movimiento comunista revolucionario

    Para hacer la revolución se necesita un movimiento comunista revolucionario. Sin un movimiento comunista revolucionario creado conforme a la teoría Marxista-Leninista, es imposible conducir a la clase trabajadora y masas populares a la victoria sobre el eje capitalismo-imperialismo-fascismo y sus lacayos.

    La situación en la que esta hoy el comunismo y la ideología Marxista-Leninista es crítica. El comunismo ha sufrido un retroceso enorme en cuanto a confianza, prestigio, influencia y reconocimiento entre las clases explotadas; la mayoría de los autodenominados Estados socialistas han desaparecido; los «partidos» comunistas han sido «legalizados,» disueltos, o han abrazado la falsa socialdemocracia y convertidos en «izquierda» reformista; la clase trabajadora se encuentra en una situación de debilidad y vulnerabilidad sin precedentes sufriendo asaltos constantes de un fascismo matón que se cree impune.

    Aunque sea típico considerar la caída del muro en Berlín o la desaparición de la Unión Soviética como puntos de inflexión en el retroceso comunista, la realidad es que la situación actual es el resultado de un proceso de larga duración y complejo. No es éste el momento para analizar en profundidad esta cuestión, pero es importante decir que habrá rechazo a cualquier análisis superficial, o que asigne el grueso de las responsabilidades a agentes externos y no al propio proyecto comunista. Es también común abordar los aspectos mencionados de manera unilateral y merece enumerar algunos de los callejones sin salida más habituales a los que puede llevar esa práctica. Quienes ven como absolutamente central el derrumbe ideológico separado de sus causas y contexto histórico suelen caer en un teoricismo de manera permanente; pretenden superar en el plano de lo ideal contradicciones que también existen en el mundo material y dan una importancia excesiva a la existencia de Estados autodenominados socialistas, que puede en ocasiones centrar energías en defender a los que todavía resisten como Cuba, Corea del Norte, Vietnam, o los que han abierto nuevas vías como Venezuela aunque queda por ver si crearan un socialismo real o se limitaran solo a hacer «reformas» de «izquierda.» Quienes sobredimensionan la necesidad imperiosa de reconstruir [o reconstituir] la actividad comunista revolucionaria en forma de movimiento según sus orígenes y no de «partido,» pueden verse llevados a procesos frenéticos de aglutinación de siglas o crecimiento cuantitativo y suelen confundir el autodenominarse como algo con la existencia objetiva de ese mismo algo.

    La situación de la clase obrera con el deterioro constante de sus derechos y calidad de vida pueden llevar a algunos/as a querer participar, dirigir o «hegemonizar» todas las luchas de resistencia espontánea que surjan. Caen en el practicismo y el seguidísimo, obviando la necesidad de la organización y teoría revolucionaria. El planteamiento es que los distintos aspectos de la situación actual forman un todo difícilmente separable y cualquier intento de solucionarlos de manera aislada o siguiendo algún tipo de plan absolutamente lineal y mecánico estará condenado al fracaso. Obviamente es imposible delinear en un único documento los pasos a seguir para salir de esta encrucijada que solo será el fruto de un proceso colectivo.
    El análisis dialéctico de la realidad

    Cualquier desarrollo es siempre el resultado de la interacción y el condicionamiento múltiple de todos los aspectos necesarios de un fenómeno. En este asunto no es difícil ver que existe una relación estrecha entre teoría revolucionaria, organización, estructuras sociales existentes y la situación general a todos los niveles de las clases oprimidas. Esta característica que es típica de todo desarrollo concreto en la que las causas se vuelven consecuencias y viceversa, nos lleva a la descripción de que todo movimiento dialéctico es como un círculo en expansión que gira sobre sí mismo o como una espiral de sistema relativamente cerrado que se desarrolla históricamente según sus propias leyes internas abarcando cada vez más fenómenos en sí mismo. Esta circularidad siempre ha supuesto un gran obstáculo a la hora de entender la realidad que es requisito imprescindible para su transformación. Tanto es así que después de 150 años desde que Marx y Engels crearan el materialismo dialéctico, todavía es rara la ocasión en la que tratamos de hacer un esfuerzo consciente para continuar la tarea urgente de desarrollarlo y utilizarlo consecuentemente. No vamos a explorar ahora en profundidad estas puntualizaciones pero es necesario pasar por encima de las mismas para poder decir que el análisis, teorización, implantación y transformación de nuestra realidad entendida como un proceso interdependiente y desde una perspectiva revolucionaria no es sencillo. La complejidad de lo concreto y limitaciones inherentes imponen restricciones severas a la hora de llevar a cabo esta difícil tarea. A esto debemos añadir la dificultad coyuntural añadida de que el declive relativo del Marxismo-Leninismo desde su posición anterior hegemónica en el movimiento revolucionario, presente a una o más generaciones el reto de comenzar la tarea de la liberación prácticamente desde cero y en condiciones objetivas prevalentes que requieren métodos de planteamiento y acción muy diferentes a las anteriores para lograr objetivos acordados.

    La centralidad y la teoría revolucionaria

    El aislar ciertos elementos de teoría, organización y Estado, la lucha social de la totalidad es ya de por sí una abstracción completamente necesaria para poder avanzar en el análisis. También, un tipo de abstracción completamente coherente con el realizado por otras ciencias sería el no olvidar el carácter temporal de estas abstracciones mentales. Para bien o para mal en nuestro ascenso de lo concreto a su comprensión tenemos que abstraer todavía un poco más. Abstraemos en el sentido de tomar por separado temporalmente elementos de una totalidad y decimos que en la situación actual, consideramos el binomio partido/teoría revolucionaria central o como «contradicción principal» en el análisis científico de la praxis revolucionaria. Afirmamos esto porque como dijo Lenin hace más de un siglo que «no puede existir un movimiento revolucionario sin teoría revolucionaria» que es la frase que sigue al principio de que «jamás se insistirá lo bastante sobre esta idea en momentos en que a la prédica del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad y práctica.» Segundo, porque hemos aprendido que sin una organización revolucionaria de vanguardia no puede existir una verdadera dirección y orientación de la lucha de clases. La inoperancia absoluta del espontaneísmo a la hora de presentar una batalla contundente a la clase dominante, incluso aunque el resultado final sea una victoria de corte reformista, es buena prueba también en nuestros días. Consideramos por tanto la tarea de reconstituir el movimiento comunista revolucionario desde la perspectiva del socialismo científico como una cuestión absolutamente fundamental. La abstracción de los factores es siempre algo temporal y no olvidamos la importancia de los otros aspectos de nuestra realidad. Creemos que es imposible avanzar en el desarrollo de la teoría revolucionaria y la reconstitución del movimiento comunista original sin un contacto estrecho y constante con la realidad concreta, sin un análisis de identificación con las luchas y movimientos espontáneos de resistencia; no simplemente por una cuestión de principio sino por ser éstos factor inseparable en el desarrollo dialéctico de la teoría y la organización revolucionaria. En este sentido reivindicamos como fundamental la llamada «línea de masas» para los/as comunistas. Reivindicamos también la importancia de que los acontecimientos a nivel internacional sean en los Estados autodenominados socialistas, antiimperialistas o en menor escala. No sirve el desentendimiento absoluto ni tampoco críticas fáciles desde posiciones idealistas que nunca encuentran la realidad al gusto de sus deseos. Como habitantes de un Estado capitalista de clases consideramos fundamental mantener una posición de confrontación firme sin que implique un seguidísimo absoluto de los que pudieran ser sus adversarios coyunturales.
    La línea de trabajo

    Habiendo identificado como centrales las cuestiones de la definición teórica y la reconstitución del movimiento comunista debemos definir una serie de tareas y objetivos concretos para avanzar. Es fundamental la autocrítica constante y el análisis concreto ya que entre las razones del colapso del movimiento comunista internacional sin duda habrá deficiencias de carácter teórico. Por otra parte, también rechazamos intentos algunos a veces indistinguibles de un post-Marxismo militante de dar un salto al vacío y negarse a dar un sólo paso hasta haber reconstituido el comunismo desde sus mismos cimientos originales. El devenir histórico nos obliga hoy más que nunca a adoptar una postura autocrítica con el Marxismo-Leninismo y prestar especial atención a la brecha entre teoría y práctica, que no implica renunciar a principios fundamentales que han sido corroborados por la historia. Se pueden identificar una serie de principios mínimos que históricamente es coherente denominar fundamentos del Marxismo-Leninismo que pueden servir como punto de partida para cualquier desarrollo posterior y son los siguientes:

    • La lucha de clases como motor de la historia en una etapa de transición hacia la abolición de las clases sociales.
    • El análisis desde una perspectiva Marxista-Leninista de todo tipo de opresión estructural [género, raza, nacionalidad, cultura, etc.] La lucha constante por su superación y la primacía del papel de las/os oprimidas/os es la misma.
    • La necesidad de la vanguardia basada en el centralismo democrático como forma propia de organización del proletariado.
    • La necesidad de la combinación de todas las formas de lucha disponibles en el enfrentamiento prolongado que llevará al derrocamiento de la burguesía capitalista como clase dominante.
    • La necesidad de la línea de masas. Sólo un movimiento comunista revolucionario fuerte y conectado orgánicamente con las masas puede impulsar y dirigir sus posiciones hacia una conciencia revolucionaria. Son solo las masas a través de su vanguardia que deben ser los únicos protagonistas de la revolución y la construcción del socialismo.
    • La necesidad imprescindible del enfrentamiento directo contra el oportunismo y el revisionismo. Desde nuestra posición como comunistas ortodoxos en un país capitalista se hace doblemente importante combatir esas manifestaciones de origen burgués presentes en la actividad comunista.
    • La inevitabilidad de otras líneas dentro del movimiento comunista como expresión ideológica de la lucha de clases en su seno sin que eso signifique permitir la existencia de fracciones en nuestra organización.

    Dentro de la propuesta para desarrollar las bases necesarias en la reconstitución del movimiento comunista original destacamos la importancia del análisis concreto de la realidad. En ese sentido recordamos la urgencia de un análisis de clases del Estado ajustado a nuestra situación actual. Creemos también necesario hacer un balance del papel de los «partidos» comunistas en países imperialistas durante el último siglo. A la vista de su persistente deriva hacia posiciones reformistas, revisionistas y complacientes con su postura privilegiada dentro del capitalismo, son insuficientes la mayor parte del análisis que solo hablan de traiciones o del poder de la hegemonía burguesa. Si vamos a forjar un movimiento auténticamente comunista revolucionario en el seno del capitalismo-imperialismo-fascismo, necesitaremos una visión científica y ajustada a la realidad de las causas materiales de la práctica política histórica de los movimientos comunistas occidentales. También buscamos impulsar el acercamiento a otras organizaciones o colectivos que deseen trabajar en la reconstitución del movimiento comunista revolucionario a nivel originario prefiriendo el debate directo y confrontación de ideas para superar deferencias y lograr acuerdos. Seguramente algunas de nuestras tesis necesitarán ser revisadas o modificadas y consideramos imposible llegar a nuestros objetivos sin pasar por ese proceso. Por ello potenciaremos el contacto directo con otras organizaciones, la creación de espacios de coordinación comunista, el debate y el estudio colectivo o individual. Todo conectado de una manera permanente a nuestra realidad en toda su concreción tanto a nivel internacional como al nivel del Estado capitalista en que vivimos. Reconstruir el movimiento comunista a su estado original deberá incluir obligatoriamente eliminar la oprobiosa condición de «legalizado» que fue impuesta por el poder burgués como requisito para conservar el nombre «comunista» pero sin protagonismo o peso real en la estructura política burguesa. La «legalización» del «partido» comunista elimino efectivamente su razón de ser como organización comunista fundada en el Marxismo-Leninismo y deberá ser la primera tarea a realizar antes de continuar con el urgente proceso de reconstrucción comunista. También, la condición originaria de la actividad comunista revolucionaria fue clandestina desde su inicio y culmino en la adquisición de armas que completo el proceso cuando el Estado burgués fue derrocado en Rusia. Sucedió en Rusia, China, Vietnam, Cuba, Nicaragua, Corea del Norte y en otros lugares, lo cual es prueba irrefutable de que un Estado capitalista que por naturaleza es violento, solo puede ser eliminado por la revolución armada y no por medio de procesos electorales o debates en parlamentos o congresos burgueses. Los auténticos comunistas tienen armas y no son pacifistas. Además, los verdaderos comunistas no están en parlamentos o congresos de la oligarquía sino trabajando en el campo de las masas informando, debatiendo, analizando, proponiendo, colaborando, adiestrando, concienciando y en general, participando directamente en el proceso de preparación insurgente para futuros combates. El difícil y complejo proceso de reconstrucción del movimiento comunista revolucionario a niveles originarios producirá mas temprano que tarde, encuentros o contactos con ciudadanos en Rusia activos en iguales o similares tareas relacionadas con la reactivación de actividades para recuperar al menos parte de lo perdido, cuando la Unión Soviética fue vilmente traicionada por Mikhail Gorbachev, lo cual sugiere que para lograrlo ellos/ellas estarían también trabajando para reconstruir el movimiento comunista original desde Rusia. Cuando suceda no se deberá perder la oportunidad para establecer niveles de colaboración mutua que producirá importantes avances en nuestro objetivo principal. La reconstrucción del movimiento comunista revolucionario a su autentico origen tendrá las prioridades mencionadas, pero será de particular importancia identificar y eliminar de inmediato el oportunismo. Es de sentido común entender que el oportunismo socava cualquier esfuerzo para reconstruir el movimiento comunista y equivale a traición que deberá ser castigada con ejemplar severidad. Consideramos a los/las oportunistas como individuos inmoralmente perversos, egoístas, farsantes, sin ética, pero sobre todo, contrarrevolucionarios enemigos infiltrados que solo buscan su beneficio personal y no deberán ser permitidos. No son verdaderos comunistas sino chaqueteros de «izquierda» que como veletas, cambian según sus egoístas intereses y son un estorbo en el proceso para reconstruir el movimiento comunista revolucionario que tanto urge. Lenin fue muy crítico y duro contra el oportunismo cuando dijo:

    «La lucha contra el imperialismo es falsa y vacía si no esta indisolublemente ligada a la lucha contra el oportunismo.» — Lenin.

    El oportunismo de «izquierda» es un atraso que sustituye la lucha contra el capitalismo por compromisos reformistas con la burguesía que es diferente al pensamiento comunista ante la valoración de las condiciones objetivas en la lucha de clases. Los verdaderos comunistas a diferencia de los oportunistas de «izquierda,» ofrecen alternativas reales al capitalismo, trazan perspectivas concretas de transformación, organizan para luchar no solo en la solución de problemas cotidianos, sino también por el objetivo fundamental de la clase trabajadora para liberarse de la explotación, desigualdades, opresión e injusticia que son elementos inherentes en la naturaleza del capitalismo. El oportunismo de «izquierda» es un conjunto de inútiles concepciones falsas, ambiguas y desorientadoras; es la defensa de la colaboración con la clase burguesa, la renuncia a las ideas de la revolución socialista, a los métodos de lucha revolucionaria y la adaptación ideológica al chovinismo burgués. Por todo esto y más el oportunismo es la negación del Marxismo-Leninismo que constituyen sus raíces teóricas claramente contrarrevolucionarias y debe ser eliminado.

    «Los oportunistas que usan la revolución para su beneficio personal deben ser fusilados» — Comandante Che Guevara

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