Lavarse las manos es un lujo para millones de yemeníes

Cada mañana, Mohamed, de 11 años, se sube a su burro para ir a buscar agua a Al Hajjah, cerca de Saná. Como en otras partes de Yemen, la región carece del precioso líquido, sobre todo en tiempos de lucha contra el nuevo coronavirus.

Para hacer frente a las necesidades diarias de toda la familia, el niño recorre con su hermana hasta tres kilómetros para conseguir agua, generalmente insalubre.

Ahí, los dos hermanos se ponen en una larga fila, llevando viejas botellas de plástico de aceite de motor, que luego llenarán de agua aspirada de un pozo, gracias a un tubo de dudosa limpieza.

«Por la mañana, preparo el burro. Luego, a las 07H30, voy a buscar agua y hago idas y vueltas hasta las 10H00», dice Mohamed a la AFP.

Mientras el mundo intenta contener la propagación del nuevo coronavirus, los expertos son formales: el confinamiento y lavarse las manos con jabón son la mejor forma de protegerse y de proteger a los demás.

Yemen no registra casos de infección covid-19, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero las ONG temen una catástrofe si la pandemia llega a este país, el más pobre de la Península arábiga, sumido desde hace cinco años en una cruenta guerra interna, y que afronta la peor crisis humanitaria en el mundo, según la ONU, tras la intervención armada en el conflicto en 2015 de Arabia Saudita y sus aliados.

«El coronavirus representa un nuevo desafío para Yemen» alertó el lunes la ONG Oxfam, que cita entre otros problemas el del «acceso al agua potable».

«Tras cinco años de muertos, de enfermedades, de desplazamientos y ante la creciente amenaza de una pandemia mundial, los yemeníes necesitan desesperadamente un alto el fuego», clamó Muhsin Siddiquey, director de Oxfam para Yemen.

«Catástrofe» 

La guerra ha dejado decenas de miles de muertos, esencialmente civiles, según varias ONG. Más de tres millones de yemeníes viven amontonados en campamentos de desplazados y unos 24 millones –dos tercios de la población del país– necesitan ayuda humanitaria, estima la ONU.

Amenazado por hambrunas, el país es golpeado habitualmente por epidemias de dengue y de cólera, debido a un sistema de salud casi inexistente y a la escasez de agua.
Tras cinco años de guerra los yemeníes «no tienen acceso al agua potable y algunos carecen de jabón», insiste Caroline Seguin, responsable local de los programas de Médicos sin Fronteras (MSF).

«Podemos recomendar a la gente que se lave las manos, pero ¿y si no tienen nada para hacerlo?», asegura, y dice temer una «verdadera catástrofe».

Los rebeldes hutíes, que controlan la capital Saná, han anunciado medidas para prevenir la llegada de la pandemia a los territorios bajo su control, como el cierre de colegios o la suspensión de vuelos de la ONU a Saná. Estos vuelos eran los únicos autorizados en este país sometido a bloqueo aéreo por la coalición progubernamental liderada por Arabia Saudí.

Cólera 

Cinco años después de iniciado el conflicto, la UNICEF calcula que 18 millones de yemeníes –entre ellos 9,2 millones de niños– no tienen acceso directo al «agua potable, al saneamiento y a la higiene» y que solamente un tercio de la población dispone de agua corriente.

En 2017, Yemen sufrió la mayor epidemia de cólera y diarrea aguda del mundo que causó más de 2.000 muertos.

El centro médico de Haradh, en la región de Haja, acoge cada día a 300 pacientes, la mayoría por «enfermedades transmitidas por un agua impropia al consumo», afirma a la AFP el médico de urgencias Mohamed Akil.

Según una declaración de la OMS transmitida a la AFP, los centros de salud estarán «desbordados» en caso de que la pandemia del coronavirus llegue al país.

AFP

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