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Brasil, coronavirus e impeachment: «Bolsonaro ya está acabado»

Un «genocidio de la población brasileña». Así han sido interpretadas las declaraciones y acciones del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, frente a la pandemia de COVID-19. Tras minimizar los riesgos y contrariar las guías internacionales para frenar el coronavirus, el mandatario fue acusado de crímenes de responsabilidad. Hablemos de impeachment.

Por Por Patrícia Álvares*

«Bolsonaro está atentando contra la humanidad, está provocando un genocidio de la población brasileña», denunció a Sputnik el diputado opositor David Miranda, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Casi 6.000 muertes en 15 días fueron las proyecciones de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) para principios de abril en un escenario sin cuarentena por el que aboga Jair Bolsonaro, reveló The Intercept. En reiteradas declaraciones públicas, el mandatario se ha referido a la enfermedad COVID-19 como una «gripecita»; ha minimizado su impacto y los casos fatales. «Sí, van a morir algunos», expresó —indiferente— en un popular programa de TV.

Centenares de muertes por día, más de 700.000 infectados en todo el mundo —cifra que crece a ritmo exponencial— servicios de salud colapsados, la educación colapsada, países desarrollados colapsados, la globalización colapsada, la humanidad colapsada. Todo eso es «histeria» en las palabras del presidente de Brasil; histeria provocada por los medios de comunicación, repite:

Junto con las diputadas Fernanda Melchionna y Sâmia Bomfim, también del PSOL, Miranda radicó, el 18 de marzo, el pedido de impeachment contra Bolsonaro en la Cámara Baja. El documento presenta una veintena de argumentos extensos para justificar la acusación por crímenes de responsabilidad. Todo en el marco de la pandemia. Entre ellos, convocatorias a manifestaciones callejeras y cero distancia social o cuidados para prevenir la propagación del coronavirus entre personas.

En las redes sociales, el mandatario insiste en la manutención de la normalidad en nombre de la Economía, incluso con la frase de la moda desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la tuiteó: «que el remedio no sea peor que la enfermedad». De hecho, la plataforma Twitter ha censurado una publicación de Bolsonaro con un video que lo mostraba visitando barrios de la capital brasileña y saludando a la gente sin ninguna protección en pleno avance de la pandemia. Sin embargo, todavía sigue disponible otra filmación del mismo recorrido, en la que aparece rodeado de simpatizantes aglomerados aunque un tanto más cuidadoso con las manos, al menos.

El pedido de impeachment del PSOL señala que «12 personas de la comitiva presidencial que tuvieron contacto muy próximo con Bolsonaro fueron diagnosticadas con COVID-19» hasta mediados de marzo. Para Miranda, la gota de agua para plantear formalmente el juicio político fue la publicación de un video en el que Bolsonaro desautoriza a su propio ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, quien recomienda el aislamiento a la población para prevenir el contagio de COVID-19.

Las contradicciones internas del Poder Ejecutivo han sumado una fractura más al Gobierno federal. Afuera no es novedad la conflictiva relación con el Legislativo, marcada por una serie de embates entre ambos Poderes y la denunciada falta de diálogo en plena crisis, con frecuentes críticas por parte de los líderes de ambas Casas.

A juicio de Miranda, así es como el mandatario carece de apoyo para mantenerse como jefe de Estado. «Hoy día tendrá un 20 % de electores que todavía lo apoyan», estimó y enumeró a otros antiguos aliados que también lo han criticado públicamente por su «gestión irresponsable» frente a la pandemia de COVID-19.

Es el caso de João Doria, gobernador del estado de San Pablo, brazo económico del país, así como del alcalde de la ciudad de Río de Janeiro, Marcelo Crivella, entre otros. Para Bolsonaro, los gobernadores que han adoptado sus propias medidas para frenar el coronavirus —ante la falta de una coordinación nacional— son «lunáticos».

«Bolsonaro ya está acabado», sentenció Miranda.

Además, el juicio político a Bolsonaro ha sido requerido en más de un protocolo por diputados de otras siglas partidarias: Leandro Grass, de la REDE (Red de Sustentabilidad) y la polémica figura de un conocido exactor porno —otrora gran defensor de Bolsonaro—, Alexandre Frota, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB). Ambas peticiones también lo acusan de crimen de responsabilidad y se enmarcan esencialmente en las acciones y declaraciones del presidente respecto al coronavirus.

Impeachment de Bolsonaro: ¿cuándo?

«Es difícil prever qué va a pasar en la política, sobre todo en la política brasileña que es tan complicada», señaló Miranda. El parlamentario aclaró que el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, debe acatar el pedido de impeachment, lo que entonces abre el camino para el juicio político del presidente en el Poder Legislativo. En ese sentido, la oposición apuesta a una campaña popular masiva para presionar el Congreso a favor de la petición.

​​Sin embargo, hay prioridades que deben ser analizadas y aprobadas antes, explica Miranda. Son precisamente las que atienden a la población brasileña en la guerra contra el coronavirus. Lo cierto es que la agenda legislativa, cuyas votaciones se dan virtualmente para cumplir la cuarentena, ha sido monotemática. Mientras Bolsonaro se dedica a negar la gravedad del panorama con el replicado discurso de la economía por encima de la salud, diversas bancadas del Congreso suman esfuerzos para enfrentar la pandemia.

Abundan proyectos de ley que buscan paliar la situación de los brasileños durante la crisis mundial, sobre todo en cuanto a asegurar recursos a los sectores más vulnerables y vulnerados. Atender a personas en situación de calle, suspender tasas de interés, extender plazos de trámites y cuentas, reforzar servicios sanitarios o facilitar licencias laborales son algunos ejemplos de propuestas en la fila antes que un eventual juicio político.

Coronavirus en Brasil: desafíos

Los estratos más bajos de la sociedad son siempre los más afectados en cualquier contexto de crisis. En el caso de Brasil, las favelas y demás periferias de urbes brasileñas tienen muy poco o nada de infraestructura y servicios básicos como un sistema de saneamiento que les permita combatir el virus con la higiene necesaria, lo que preocupa a Miranda.

Otro punto sensible es la población carcelaria del país, la tercera mayor del mundo, detrás de EEUU y China. Considerando la sobrecarga y las deficiencias del sistema penitenciario de Brasil, Miranda sugiere mantener detenidos solamente los presos por delitos más graves, como en contra la vida humana, y liberar a los demás, o al menos a los que ni siquiera han sido efectivamente condenados. De acuerdo con un informe del Consejo Nacional de Justicia, más del 40 % de los presidiarios no terminaron de ser juzgados y cumplen sentencia sin una condena definitiva.

En sus disparos contra la histeria por el coronavirus, Bolsonaro se ha referido también a su madre, de más de 90 años, quien «se va a morir» si se contagia con COVID-19. Y así lo dijo, sin mucho pesar, en la televisión. ¿Qué dirá entonces este mismo presidente si esta enfermedad ataca a seres humanos sobre los cuales se ha manifestado con aversión más de una vez? Hablemos de impeachment.

*Sputnik

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