España se está quedando sin sedantes para los enfermos terminales por el coronavirus

Las mascarillas, los EPI, los guantes o los respiradores no es lo único que falta en los hospitales españoles. La creciente cantidad de contagiados por coronavirus está vaciando las despensas de los hospitales. En concreto, se están quedando sin dosis de fármacos para tratar a pacientes terminales.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) emitió el lunes 30 de marzo una instrucción para racionar los medicamentos de cuidados paliativos.

El aumento de pacientes con COVID-19 hace que se tenga que restringir el uso de determinadas sustancias y se tenga que realizar una mayor distribución de estas entre los pacientes graves de coronavirus y de otras enfermedades, como el cáncer.

Si se agotaran fármacos como la morfina o el midazolam, los facultativos no tendrían nada para tratar a aquellos enfermos que están en la última fase y a los que solo pueden reducir su angustia. De ahí las restricciones de la AEMPS o que algunos hospitales estén recuperando medicamentos como el Valium o la ketamina, seguros, pero hace tiempo descartados por la aparición de mejores alternativas.

«Al menos de manera temporal, es necesario buscar soluciones terapéuticas que contemplen distintas alternativas equivalentes en eficacia, particularmente para los pacientes en fase terminal, hospitalizados o en su domicilio», pide la AEMPS.

Opiáceos

La morfina y la metadona son dos de las sustancias que la AEMPS recomienda racionar. Ambos son fármacos que sirven para reducir el sufrimiento de los enfermos, pero que no para curar.

En el caso de la morfina, extraída del opio, se utiliza para paliar el dolor de los pacientes de cáncer o que acaban de ser operados. Mientras, la metadona es un potente sedante sintético, aunque también es útil para tratar la adicción a las drogas.

Las dos opioides se inyectan a los enfermos graves de COVID-19, por lo que el aumento del número de casos ha hecho que la producción de estos no de para abastecer el consumo creciente. Por este motivo, la AEMPS recomienda que:

  • Morfina: Aplicados por inyección 30 miligramos al día, divididos en seis dosis. Estas solo se pueden aumentar un 50%, por lo que pasarían de 5 miligramos a 7,5 miligramos. La respuesta corporal a esta subida de la cantidad de morfina indiciará si hay que incrementarla. Por vía oral, se administrará en tres tomas.
  • Metadona: 10 miligramos cada 12 horas por inyección. El incremento de dosis es del 50%. Por vía oral, la cantidad diaria se divide en 2 tomas.

Benzodiacepinas

La escasez afecta también a las benzodiacepinas o neurolépticos, sobre todo al midazolam. Este medicamento actúa sobre el sistema nervioso y funciona como un calmante menor en procesos dolorosos. Además de bloquear el dolor, el midazolam facilita la ventilación mecánica a enfermos graves, ya que induce a una profunda sedación.

Desde la AEMPS sugieren sustituir este fármaco por sustancias como la levomeopromazina, el diazepam, el lorazepam o, como último recurso, una pauta de opiáceos combinados con fenobarbital o clonazepam.

Otras sustancias

No todos los fármacos que sufren escasez están relacionados con los cuidados paliativos. Algunos de las sustancias suministradas a pacientes con coronavirus comienzan a agotarse en las estanterías de los hospitales españoles.

Uno es la hidroxicloroquina, un principio activo utilizado para tratar la artritis, el lupus y la malaria. Es uno de los que mejor está funcionando y el Ministerio de Sanidad permite que se administre para combatir la neumonía que suele provocar el COVID-19. Sin embargo, en España su presencia es mínima, sobre todo tras la decisión de India, principal productor de esta molécula, de vetar su exportación para disponer de una cantidad suficiente para su población.

Otro es el tocilizumab. Este medicamento biológico contra la artritis reumatoide es capaz de evitar la sobrerreacción del sistema inmunitario que suele provocar el coronavirus. El laboratorio suizo Roche es su fabricante y los encargos de tocilizumab superan su producción, que puede tardar hasta seis meses.

Una situación preocupante a la que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, responde que «están siguiendo muy de cerca la cantidad de ‘stock’ existente». «Hay producción nacional de estos productos. Hay también una actividad de abastecimiento de estos productos en mercados exteriores. Y la AEMPS está velando para que esta medicación esté disponible allí donde hace falta», comentó Illa, quien tampoco descartó la búsqueda de soluciones alternativas.

Sputnik

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