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El coronavirus coloca a África al borde del colapso sanitario y económico

El ritmo de crecimiento del coronavirus en el continente africano suma ya más de 100.000 casos diarios y afecta a 50 de los 54 países, según el recuento del viernes 3 de abril facilitado por el CDC, la institución de la Unión Africana para emergencias sanitarias. La llegada más tardía del coronavirus a África, en otras circunstancias, podría haber permitido una previsión mayor pero la situación en general no ayuda.

Según los expertos, el Covid-19 es el mayor desafío al que se enfrenta el continente africano y su potencial de desastre epidémico se considera muy superior al de cualquier otra región del globo. Consciente de esta amenaza, ya el 22 de febrero el propio director del CDC, John Nkengasong, reunió a los ministros de Salud para acordar una estrategia continental. Desde le mismo CDC, se han formado capacitadores en prevención, control y vigilancia.

La calma antes de la tormenta

Toda esta previsión es sin embargo insuficiente y hace pensar que África, en la que el coronavirus todavía no ha mostrado toda su carga letal, vive una fase de calma antes de la tormenta.

En un escenario hipotético de masiva afluencia de casos graves, como los de China, Europa o EE.UU., África no tendría forma de responder sanitariamente. La falta de agua imprescindible para la higiene, la desnutrición y la pobreza de grandes núcleos de población son agravantes y hacen temer que el Covid-19 sea más mortífero en África que en otros lugares del mundo.

Pero hay otros factores que hacen temer que los casos graves de Covid-19 sean más numerosos en África. Condiciones endémicas que afectan al sistema inmune como la malaria, el SIDA y la tuberculosis. También factores culturales como la importancia de las actividades sociales en África, tanto cíviles como religiosas, que hacen más difícil la implantación del distanciamiento físico entre las personas. También por eso se quiere involucrar a los líderes religiosos en los programas de prevención.

Los conflictos armados aumentan también las posibilidades de propagación de la pandemia. Por este motivo, Naciones Unidas ha hecho un llamamiento  de alto el fuego que ayude a contener el coronavirus. Según su secretario general, António Guterrez, la petición cuenta con «enormes dificultades para su aplicación, ya que los conflictos se han enconado durante años, la desconfianza es profunda».

África, un continente de desigualdades

La pandemia del coronavirus pone además en evidencia que también en África hay grandes desigualdades. El continente comparte, sin embargo, una fortaleza común: la juventud de su población. A diferencia de los países más desarrollados, África es un continente abrumadoramente joven. Entre el 60 y el 70% de los africanos son menores de 30 años ante una enfermedad que diezma sobre todo el grupo de población de la tercera edad.

En lo que respecta a capacidad sanitaria, hay, sin embargo, muchas ‘Áfricas’. Argelia y Marruecos en el Magreb o Suráfrica están entre las más ricas. Entre los más necesitados, países como el Chad o la República Centroafricana, donde se contaría solo con tres respiradores disponibles para una población en torno a los 5 millones de habitantes.

Son precisamente los respiradores y el suministro eléctrico y el oxígeno, los recursos imprescindibles para poder atender los casos graves de coronavirus y, pese a las diferencias, no hay ningún país africano que esté entre los países que disponen de mayor número de camas de cuidados intensivos per cápita. Algunos, como Liberia, no tiene ni una sola UCI y Uganda tiene una UCI por cada cien mil habitantes, frente a las 9,7 en España o a las más de 29 en Alemania.

Cerrando el foco, cada país tiene además sus propios colectivos vulnerables, las enormes bolsas de pobreza que suponen los barrios de chabolas en la mayoría de las grandes ciudades africanas pero también los campos de refugiados, muy numerosos en África, entre ellos, el tristemente célebre Dar es Salaam en Chad.

Covi-19, más que un freno para la economía africana

En lo microeconómico, África es un continente de economía de subsistencia. Pequeñas actividades de negocio irregular permiten subsistir a millones de personas a las que ahora, el confinamiento por el coronavirus, deja sin ningún tipo de cobertura ni ingreso. Desde lo macroeconómico, los pronósticos tampoco resultan positivos.

El Fondo Monetario Internacional comunicaba su determinación de echar mano de más de un billon de dólares de su reserva de emergencias para contrarrestar la brusca desaceleración de la economía global que supone el Covid-19 . Un frenazo acentuado por el parón de los sistemas de producción y que compromete a más de una veintena de países africanos cuya fuente principal de ingresos es la exportación de materias primas.

La mayoría de los países tienen además una base impositiva muy estrecha con sistemas deficientes de recaudación de impuestos que los hace todavía más dependientes de las materias primas.

Ayuda internacional

El viernes 3 de abril, el presidente francés Emmanuel Macron, mantenía una conferencia telefónica con 10 presidentes africanos, entre ellos, Abiy Ahmed de Etiopía, Cyril Ramaphosa de Suráfrica, Ibrahim Boubacar Keïta de Mali o Abdel Fattah al-Siisi de Egipto. Todos ellos con el objetivo de coordinar una respuesta a la epidemia en el continente africano pero que terminó sin ningún acuerdo concreto, más allá de reconocer la necesidad de una suerte de Plan Marshall para África.

También el mismo viernes 3 de abril, el jefe de la diplomacia europea, el español Josep Borrell, recordó  la necesidad de conceder «prioridad a los más vulnerables» como el continente africano, donde la pandemia «podría escapar de control muy rápido». Según declaraciones de Borrell después de la reunión por videoconferencia con los ministros de Exteriores de la UE para evaluar el impacto de la pandemia, no es sólo por una cuestión de solidaridad sino también «por nuestro propio interés porque, si la pandemia se extiende allí podría volver a Europa».

Estaría también en marcha un esfuerzo conjunto entre la dipolomacia europea y la china para llegar a un acuerdo sobre la ayuda al continente africano.

Sin embargo, entre los líderes africanos se abre paso el realismo. A la vista de la actualidad diaria, no es difícil darse cuenta de que tanto EE.UU. como Europa, los dos tradicionales benefactores, sufren ellos mismos penurias de material sanitario hasta el punto de protagonizar rocambolescos episodios de tráfico pirata.

La ayuda china a África, entre la filantropía y la estrategia política

Considerado la vigésima mayor fortuna del mundo, el ex CEO y fundador del portal de venta en linea Alibabá, Jack Ma, ha sido de los primeros en socorrer con su ayuda a los países africanos.

Desde el 22 de marzo, ha convertido a Etiopía en plataforma para el desembarco de sus donaciones contra el Covid-19 con más de un millón de test de diagnóstico del coronavirus, cinco millones y medio de mascarillas y 40.000 trajes de protección.

Del transporte se encarga la Ethiopian Arlines, la única línea aérea que sigue volando para mantener la conexión entre África y China. Suráfrica, declara tener en esta difícil coyuntura el apoyo de dos países, ambos comunistas: China y Cuba que, con su bien engrasada «diplomacia sanitaria», tiene ya instaladas a sus misiones médicas en el sistema de salud surafricano.

RTVE

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