Cómo algunas empresas estadounidenses colaboraron con los nazis

El período de entreguerras fue una época muy turbulenta para muchas empresas, pero algunas aprovecharon la situación y cooperaron con los nazis. Entre ellas, compañías estadounidenses muy conocidas. Sputnik cuenta cómo los empresarios de EEUU prosperaron gracias a sus negocios con el bárbaro régimen hitleriano.

Quizá el ejemplo más conocido de una relación cálida entre un empresario norteamericano y la Alemania nazi es la historia de Henry Ford, el legendario fundador de la empresa homónima y padre de las cadenas de producción modernas que se usan hoy en día en cualquier producción en masa. Las relaciones entre Ford y el Reich no se limitaban a los negocios. Fue un hecho muy conocido que el creador de la famosa marca de automóviles era antisemita.

Los nazis valoraban la cooperación con Henry Ford, así que en su 75 cumpleaños, el 30 de julio de 1938, lo condecoraron con la Gran Cruz del Águila Alemana, un premio honorario que se otorgaba a extranjeros prominentes considerados simpatizantes del nazismo. Fue la orden más alta que un extranjero recibió del Tercer Reich. Sin embargo, es importante recalcar que en aquella época Ford no representaba a su empresa porque había entregado las riendas a su hijo.

La historia de su sentimiento antisemita se remota a su tiempo al frente de la empresa. Ford era conocido por sus declaraciones contra los judíos ya antes de que Adolf Hitler accediese al poder en Alemania. Expresó su punto de vista en las numerosas publicaciones que hizo a lo largo de muchos años. Luego, cuando surgió el monopolio del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) en Alemania, el empresario estadounidense empezó a prestar ayuda financiera a la organización.

Según diferentes fuentes, Hitler sentía un respeto profundo por el genio económico de Henry Ford. Lo más curioso es el trabajo que realizó el subsidiario alemán de la empresa Ford para la Alemania nazi. Dicho subsidiario produjo una enorme cantidad de camiones para las necesidades de la Wehrmacht. Es de dominio público que los prisioneros del Reich fabricaban los vehículos.

Es incluso probable que los trabajos forzosos se aplicaran a la producción de automóviles en 1940, cuando el subsidiario fue plenamente controlado por la empresa matriz en EEUU. No obstante, al mismo tiempo el aporte de Ford a la industria de la Alemania nazi no fue tan profundo como el de otras corporaciones estadounidenses como, por ejemplo, General Motors.

Colaboración a lo grande

Con la Orden del Águila Alemana fue condecorado en agosto de 1938 un alto funcionario ejecutivo de General Motors, James Mooney, por su servicio distinguido por el Reich. Por lo que sin duda alguna el subsidiario de General Motors contribuyó significativamente a la construcción de la máquina de guerra nazi.

El ministro para el Armamento y la Producción Bélica, Albert Speer, declaró que la guerra relámpago contra Polonia en 1939 no habría sido posible sin la tecnología de General Motors. Estas mejoraban el rendimiento de los vehículos militares. Es más, la Alemania nazi no habría podido invadir la Unión Soviética tan rápidamente sin ella.

Durante la guerra la planta del subsidiario de General Motors, Opel Brandenburg, fabricaba camiones, repuestos para aeronaves militares, minas y detonadores para torpedos para la Alemania nazi. El presidente de General Motors durante más de treinta años, Alfred Sloan, justificó este hecho aludiendo a la nacionalización de los subsidiarios de las empresas extranjeras por los nazis después del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, en realidad Opel —el entonces subsidiario germano de GM— nunca fue nacionalizado en la práctica: los directores y la gestión del subsidiario designados por la matriz General Motors continuaron ostentando sus cargos durante toda la guerra. Tanto GM como Ford insisten en que tienen poca responsabilidad o ninguna por las acciones de sus subsidiarios alemanes, que para 1939 controlaban el 70% del mercado automovilístico alemán.

Con el inicio de la guerra sus plantas fueron rápidamente reestructuradas para cumplir con las necesidades de la Wehrmacht y otras partes integrales de la máquina bélica hitleriana.

Otro caso importante de cooperación entre una empresa norteamericana y los nazis es la colaboración entre IBM y NSDAP. La compañía ya cooperaba con Alemania cuando Hitler creó su primer campo de concentración en la ciudad bávara de Dachau. El negocio entre las dos partes tuvo que ver con el uso de las máquinas tabuladoras del subsidiario germano de la empresa, Dehomag, cuyo 90% pertenecía a IBM.

En abril de 1933 el Gobierno alemán anunció sus planes de realizar el censo de la población que para aquel entonces ya había sido aplazado en varias ocasiones. Este evento fue de importancia primordial para los nazis porque sirvió como mecanismo de identificación de judíos, gitanos y otros grupos étnicos no deseados por el régimen hitleriano.

El censo tuvo lugar ese mismo año con la ayuda de los servicios de tabulación prestados por IBM, y se realizó a través de su subsidiario alemán. Este resultó ser esencial para los esfuerzos nazis encaminados a aislar y exterminar a la minoría judía del país, según los especialistas que han investigado el tema.

Casos menos conocidos

Algunas compañías estadounidenses realizaron enormes inversiones en la economía alemana en la década de 1930, lo que ayudó a equipar a las Fuerzas Armadas del Reich con nuevas armas y vehículos. Diferentes empresas colaboraron con los nazis en el sector de la comunicación, en el energético y en el financiero. Los negocios con la Alemania hitleriana fueron un elemento importante que ayudó a que ciertos empresarios y sus corporaciones tuvieran éxito.

Entre los casos menos conocidos se encuentra el de la empresa norteamericana ITT, especializa en la producción de componentes para el transporte y para los mercados aeroespacial, energético e industrial. Durante la guerra ITT poseyó mediante su subsidiario C. Lorenz AG el 25% de Focke-Wulf, el fabricante germano de las aeronaves militares más exitosas de la Luftwaffe.

En la década de 1960 la empresa hasta ganó 27 millones de dólares en indemnizaciones por el daño causado a Focke-Wulf por los bombardeos de la aviación de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Antes y durante los primeros años de la guerra el Gobierno nazi vendió una serie especial del Reichsmark —la divisa alemana de aquel entonces— a los ciudadanos estadounidenses de ascendencia germana. El estadounidense Chase National Bank y otros negocios de EEUU estuvieron involucrados en estas transacciones. Las acciones de Chase permitieron a los simpatizantes de los nazis en Estados Unidos adquirir los Reichsmarks con dólares a un precio reducido.

Los nazis fueron capaces de ofrecer los Reichsmarks por debajo de su valor nominal porque este dinero había sido robado de los que huyeron del régimen nazi, entre ellos, muchos judíos. Y este no fue el único caso de colaboración de la empresa con la Alemania hitleriana: Chase National Bank tomó parte en otras manipulaciones financieras de las que el Reich se benefició.

Las operaciones de The Coca-Cola Company en la Alemania nazi durante la guerra constituyen también un caso muy curioso. A causa de las dificultades que experimentaban los suministros de los ingredientes para la producción de Cola, el gerente del subsidiario de esta compañía estadounidense en Alemania, Max Keith, creó un nuevo producto que pasó a denominarse Fanta. Esta bebida es bien conocida en todo el mundo y cuenta con enorme popularidad hasta el día de hoy.

Fanta se estrenó en el mercado alemán en plena guerra, en 1941. Keith se esforzó para que el subsidiario germano de The Coca-Cola Company funcionara sin interrupciones en los años de guerra. Como consecuencia, la corporación obtuvo enormes ganancias y, además, después del conflicto armado empezó a vender sus bebidas refrescantes a los soldados norteamericanos estacionados en Europa.

La historia de la cooperación entre empresarios y empresas de EEUU con la Alemania de Hitler es especialmente vergonzosa porque algunas de ellas fueron directa e indirectamente culpables de prestar ayuda al Reich, quien al fin y al cabo invadió muchos países del Viejo Continente.

Además, después de la guerra el Gobierno de Estados Unidos se dedicó a dar empleo a los exnazis: reclutó a los científicos del Tercer Reich para usarlos en su beneficio. Dicho programa de reclutamiento recibió el nombre de Operación Paperclip.

Sputnik

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