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La matanza del Templo Mayor desató la guerra de conquista hace 500 años

La masacre del Templo Mayor de Tenochtitlán, capital del Imperio mexica, hace 500 años, puso fin a casi siete meses de convivencia pacífica desde el encuentro de Hernán Cortés con Moctezuma, a finales de 1519, y desencadenó la guerra de conquista, explicó a Sputnik el especialista en historia prehispánica Enrique Ortiz García.

En ausencia de Cortés, que había partido de Tenochtitlán el 10 de mayo de aquel año, a encarar una emergencia, «este evento sangriento ordenado por Pedro de Alvarado tiró por los suelos la gran labor diplomática que había hecho el jefe de la expedición desde su encuentro amistoso con Motecuhzoma Xocoyotzin (el 8 de noviembre de 1519), que abrió la puerta a una convivencia pacífica y una frágil armonía», relató el estudioso y divulgador de la historia.

Cortés había partido hacia las costas del golfo de México, en el actual Veracruz, advertido del arribo de una flota española de 18 barcos comandada por Pánfilo de Narváez, quien partió desde el Caribe con unos 800 hombres, el doble de las fuerzas españolas del conquistador, 80 caballos y una docena de piezas de artillería.

La orden que traía Narváez era apresar a Cortés, declarado en rebeldía, quien decidió bajar a encarar el desafío desde el altiplano central del actual Valle de México, hasta las costas, dejando encargado del mando en la metrópoli mexica a Pedro de Alvarado.

El viaje urgente coincidió con una de las festividades religiosas más importantes del año, el ritual de ‘Tóxcatl’ dedicado a Tezcatlipoca, dios de lo invisible y la oscuridad, uno de las deidades más importantes del panteón mexica, indicó el experto.

También era festejada la deidad patronal de la capital imperial: Huitzilopochtli, dios del Sol.

Entre el 20 y 22 de mayo de 1520 –no hay acuerdo entre los historiadores sobre la fecha exacta–, los nobles y jefes de guerra mexicas «se reunieron a celebrar multitudinarias danzas y cantos en ese festejo en la explanada del recinto ceremonial», en la capital del mayor imperio prehispánico en este continente, prosigue el relato.

Alarmado por el desconocido ceremonial masivo, De Alvarado tomó entonces la trágica decisión de perpetrar la gran masacre.

Decidió atacar cuando «vieron estacas clavadas al piso y una muy grande enfrente del Templo Mayor, así como toldillos encima de algunos adoratorios», explicó el experto.

Ortiz indicó que las fuentes primarias que narran aquel aciago día son el cronista de los conquistadores, Bernal Díaz del Castillo, en su ‘Verdadera historia de la conquista de la Nueva España’; fray Bernardino de Sahagún, en su ‘Historia general de las cosas de Nueva España’; fray Diego Durán en ‘Historia de las Indias e Islas de Tierra Firme’; y el propio Cortés en sus ‘Cartas de Relación’.

¿POR QUÉ LA MATANZA?

La causa del evento en aquella urbe fundada en 1325, que cambió el rumbo del encuentro pacífico de dos mundos, sigue siendo un apasionante enigma.

De los 450 o 500 hombres que llegaron con Cortés al altiplano central, De Alvarado se quedó solo con una pequeña fuerza en Tenochtitlán, donde vivían entre 70.000 y 150.000 habitantes, dependiendo de la fuente, continuó Ortiz.

Tenía a su cargo 70 hombres, con 14 escopeteros y ocho ballesteros, cinco de los 16 caballos originales de la expedición, y con los aliados de Tlaxcala y Zempoala, que rondarían los 130 hombres, quienes ejecutaron la matanza de Tóxcatl.

La misión de Pedro de Alvarado era vigilar al cautivo tlahtoani (emperador), Motecuhzoma, quien acompañaba a los españoles como ‘huésped de honor’ desde noviembre de 1519 en el Palacio de Axayácatl, un noble mexica.

De Alvarado, quien años después conquistaría Centroamérica, donde fue herido por un flechazo en una pierna en Cuzcatlán (actual San Salvador), que lo dejó rengo para siempre, era apodado por los nahuas Tonatiuh (Sol), por el color rubio-rojizo de su cabello y barba, por su fuerza bélica.

«No sabemos y quizá nunca sepamos la causa de lo ocurrido, ni lo que pasó por la cabeza de Pedro de Alvarado ante aquellas ceremonias incomprensibles para él, persona impulsiva, violenta, codiciosa y leal a Cortés», dijo a esta agencia Ortiz.

Y sentenció: «Desde mi perspectiva, lo más posible es que los tlaxcaltecas (aliados de los españoles y vasallos de los mexicas) le inyectaron odio a Pedro de Alvarado», con versiones de una conspiración en marcha.

La descripción de Fray Bernardino de Sahagún es sobrecogedora: por sorpresa, los españoles «cercan a los que bailan, se lanzan al lugar de los atabales: dieron un tajo al que estaba tañendo: le cortaron ambos brazos. Lo decapitaron: lejos fue a caer su cabeza cercenada».

Y ofrece detalles sangrientos: «Al momento todos acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás: inmediatamente cayeron por tierra disparadas su entrañas. A otros les desgarraron la cabeza, les rebanaron la cabeza, enteramente hechas trizas quedó su cabeza (…) Todas las entrañas cayeron por tierra».

En aquella orgía de sangre se ahogó la frágil paz entre dos culturas encontradas hace medio millar de años, y se abrió el camino a la guerra de conquista que culminaría con la caída de Tenochtitlán, el 13 de agosto de 1521, tras un sitio de casi tres meses.

Sputnik

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