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Las universidades mexicanas necesitarán ayuda para respirar tras la pandemia

Las universidades mexicanas han tenido que cerrar sus puertas y privilegiar la educación virtual ante la pandemia del covid 19, y aunque su aporte en conocimiento e investigación ha sido vital para atender la emergencia sanitaria, el futuro inmediato podría ser desalentador si se cumplen los pronósticos de deserción y falta de financiación.

Por Víctor Flores García*

«Ya tenemos a doce universidades en crisis financiera, pero la tendencia es que se pueda extender al conjunto», dijo a la prensa local el subsecretario de Educación Superior de México, Luciano Concheiro.

Esa cifra citada por el funcionario, un viejo militante comunista, equivale a una de cada 10, y son 116 universidades públicas en México, que sobreviven conectadas a recursos del Estado para recibir al grueso de los estudiantes pobres y de escasos recursos.

Durante la gestión de la crisis sanitaria, tanto el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador como los gobiernos de los 32 estados han sido recurrentes en agradecer el respaldo que se ha recibido desde los claustros universitarios.

Rápidamente, esos centros de estudios superiores generaron respuestas para atender la emergencia: desde el diseño de respiradores para enfermos; la generación de data focalizó la atención en sectores sociales en riesgo; incluso destinaron esfuerzos internacionales para obtener una vacuna.

UNA DISTANCIA INSANA

Pero una vez que pase la emergencia, podría ser la propia universidad la que requiera de respiración asistida según coinciden estudios y expertos.

El panorama que dejará la crisis sanitaria en la educación superior «implicará prepararse para un regreso a clases en medio de la crisis económica, de recesión y con recortes en la inversión pública», advierte por su parte un informe de Instituto Internacional para la Educación en América Latina y el Caribe.

«Esto afecta especialmente a las poblaciones más pobres, rurales o indígenas de existencia en precariedad urbana o semiurbana», dijo a Sputnik el analista Axel Didriksson, del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La cifra de 4,2 millones de estudiantes inscritos en educación superior, incluyendo un 8 por ciento de ellos en estudios de posgrado, podría verse seriamente disminuida tras la crisis.

Ante la disminución de ingresos familiares muchos estudiantes optarán por incorporarse al mundo del trabajo.

Estos pueden ser unos sectores «que vean frustradas sus aspiraciones de escolaridad y que deserten o entren en una situación de rezago, dado que los estudios a distancia requieren de una alta tasa de conectividad de calidad», indica Didriksson.

Las universidades estatales también podrían ver disminuido los recursos de financiación que reciben ante la previsible baja en el recaudo de impuestos.

Una vez iniciada la crisis de la pandemia, las universidades optaron por dar sus clases a través de Internet con modelos de formación a distancia, que a pesar de ser una solución temporal, resulta apenas parcial pues no todos los estudiantes tienen el mismo nivel de acceso a redes con calidad.

No solamente las universidades, principalmente las públicas pero también las privadas, deberán hacer procesos de reingeniería interna para mejorarlos procesos de educación virtual sino también que deberán diseñar nuevas estrategias para socializar el conocimiento y los resultados de la investigación, que es otra de sus tareas históricas.

Didriksson autor del libro «Retos y paradigmas: el futuro de la educación superior en México» y exsecretario de Educación del Gobierno de la capital mexicana, sostiene que las universidades deberán «centrarse ahora en el diseño de estrategias que permitan articular y coordinar de nuevo modelos de aprendizaje social».

Estos modelos deben incluir «tareas para la construcción de la transmisión de saberes de los profesores e investigadores sobre la base de una mayor flexibilidad» puntualizó.

Según el subsecretario de Educación una investigación reciente arrojó que el 58 por ciento de las instituciones oficiales de educación superior reportaron carencias en equipos de computo o en el acceso a Internet.

Además, un 55 por ciento de los estudiantes y docentes admitieron que tienen desconocimientos en el manejo de las plataformas utilizadas para la educación virtual.

Estas cifras reflejan las dimensiones de la problemática y de una desigualdad enorme que crece y se profundiza en las aulas, mientras los políticos discuten reformas sobre los fondos públicos para la investigación y la ciencia.

Una iniciativa del partido gobernante eliminaría los fideicomisos que sobrevivieron a un reciente decreto presidencial, que eliminó todos esos fondos constituidos por decretos del Ejecutivo, cuyo monto total ascendía a más de 30.000 millones de dólares.

Con esa medida, quedarían sin fondos públicos 26 centros de investigación, becas en el extranjero, atletas de alto rendimiento, deportistas olímpicos; periodistas y defensores de derechos humanos amenazados, entre otro.

El presidente replicó esta semana a una carta de protesta, firmada por 1.300 científicos, que los investigadores no deben preocuparse: las becas académicas llegarán de nuevo en forma directa, «sin intermediación», de la Tesorería del Palacio Nacional, sede del Ejecutivo, a las manos del beneficiarios.

Sputnik

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