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John Steinbeck estaba alerta

“En los ojos de los hambrientos hay una ira creciente.

En las almas de las personas, las uvas de la ira se están llenando

y se vuelven pesadas, […] listas para la vendimia”.

“Las viñas de la ira”

Quién sabe, o por qué, aparece de pronto en mis manos la obra de un enorme escritor; no comprendido por muchos en su tiempo; poco leído ahora. Un escritor de excelencia y por lo mismo Premio Nobel de Literatura 1962: John Steinbeck.

Por Joel Hernández Santiago*

*joelhsantiago@gmail.com

Es, sin duda, uno de los gigantes de la literatura estadounidense. Sus novelas y relatos cubren un amplio espectro temporal y sociopolítico de su país.

En muchas ocasiones fue criticado por sus paisanos y en algunos pueblos sus libros fueron quemados. No toleraban aquellas ‘buenas conciencias’ el modo como el escritor expuso de forma meticulosa las condiciones de vida de los más desfavorecidos y las aberraciones de una sociedad contrastada entre sus creencias religiosas y sus hechos de odio.

Se le acusó de comunista, de espía, de ateo, de colaboracionista, de belicista y hasta se le asestó que era una mala copia de Ernest Hemingway. De todo se le dijo, y él, por su parte, nunca se desdijo y sí mantuvo toda su vida el ideal del sueño americano, como también los claroscuros de ese mundo; las deudas y las purulencias de un sistema al que él –con su obra- calificó de injusto y cruel, aunque siempre tendría su propia redención.

Margarita Averbach, especialista en literatura estadounidense dice: “Fue un escritor versátil; escribió desde metáforas extendidas convertidas en novelas cortas como La perla hasta novelas río sobre dramas históricos como Viñas de la ira, o dramas psicológicos como Al este del Edén (1952), pasando por pequeñas crónicas de pueblo chico como Cannery Row (1945) o vidas de personajes histórico como La taza de oro (1929). Lo más impresionante de su obra es la forma en que combina un relato en principio muy cercano al realismo con una resonancia profundamente simbólica de lo que se cuenta”

John Steinbeck pasó por la gloria del hogar en donde todo estaba dispuesto para él,  y luego por la ruta del trabajo duro y en contacto con la gente que debía conseguir el sustento y la solución para el día siguiente…

Nació el 27 de febrero del año 1902 en Salinas, California (EUA). Fue el único hijo varón sus padres, y tres hermanas. Su papá fue John Ernst Steinbeck, tesorero del condado, y su mamá la profesora Olive Hamilton Steinbeck.

Digamos que su infancia pasó al modo americano del todo bien y sin faltantes. Sin embargo tenía enfrente la tragedia de los trabajadores mexicanos que llegaban a California para ocuparse, en las tierras más fértiles de Estados Unidos, de los trabajos más pesados por un salario apenas de subsistencia diaria. La injusticia estaba a la vista, el abuso y la desconfianza en otra raza con gente de otro país quienes–según sus patrones– no merecía nada más que trabajar de sol a sol y metidos en las barracas…Aun así aquellos mexicanos creían haber llegado a la tierra del “aquí todo es posible”.

Es muy probable que ya desde aquella infancia, John sintiera pasión y cariño por lo mexicano; ternura y, si se quiere en aquel primer momento, también compasión por aquella gente. Su pasión por México está retratado en gran parte de su obra, algunas de ellas supremas, como “La perla” cuya anécdota escuchó de un grupo de pescadores en Baja California y es precisamente ahí en donde ubica la trama.

Así mismo transcurrió su adolescencia. Observador silencioso, como fue, veía el esfuerzo de los obreros que día a día tenían que subsistir con apenas un mínimo salario. Le intrigaban las razones porque veía las injusticias, pero nada podía hacer aunque todo esto se almacenó en su memoria.

Al crecer tendría que acudir a la Universidad. Se inscribió en Stanford para estudiar Literatura Inglesa, pero en 1925 dejó los estudios. En adelante tendría que vérselas por sí mismo y con mucho esfuerzo consiguió trabajo, ya como obrero, como recolector de frutos y en muchas ocupaciones laborales, a veces hasta brutales como diría años después.

Esa cercanía con los grandes problemas de la gente pobre lo hizo entender la tragedia humana de miles, no sólo en aquel momento posterior a la Primera Guerra Mundial, sino también porque ya se presagiaban los grandes problemas económicos que tendría que afrontar Estados Unidos y que derivarían en la Gran Depresión de 1929 que castigó a millones de estadounidenses.

De aquella tragedia para la gente sin nada en el bolsillo, con hambre y sin trabajo es de lo que se nutriría su obra. El día a día de aquella pobreza fue para él su propia tragedia, pero también su indignación porque eran ellos los que tendrían que sufrir en carne propia lo que no habían propiciado y eran estos trabajadores los que tendrían que solucionarlo…

Comenzó a escribir joven, al principio sobre temas históricos. A los 27 años publicó su primer libro: “La Copa De Oro” al que siguieron “Las Praderas del Cielo” (1932) y “A un Dios desconocido” (1933).

Todavía no aparecía en él aquel Steinbeck apasionado e indignado; ese obsesivo que daría origen a la literatura realista, o ‘novela no ficción’ de cuyo nacimiento años después se vanagloriaba para sí Truman Capote, aunque quien de forma estructurada y artística lo inició el californiano.

No tardó mucho en dar su primer gran campanazo de “aquí estoy”. En 1935 publicó su primer gran obra, todo un éxito: “Tortilla Flat”. Enseguida escribió “En Lucha Incierta” (1936) y esa pequeña gran obra de amistad y solidaridad humanas, pero también del lado más obscuro del ser humano: “De Ratones y Hombres” (1937), una de sus mejores novelas, sin ninguna duda. Y hubo más.

En la época de la Depresión, Steinbeck escribió para el periódico San Francisco News una serie de reportajes y crónicas que describían las duras condiciones de vida de los granjeros que migraban con sus familias  desde el norte o centro del país hacia la tierra prometida: California.

De sus notas, reunidas primero en “Los vagabundos de la cosecha”, surgiría mucho tiempo después  su gran novela realista: “Viñas de la ira” (1939) en la que relata el viaje de unos desposeídos granjeros desde Kansas hacia California, y su llegada a la tierra prometida en donde las promesas son incumplidas y su lucha tendrá que comenzar sin que su pasado fuera mejor que su presente…

… Es una historia épica de lucha, de fe, de confianza, casi bíblica, un poema en el que las ilusiones están puestas en un punto vago, sin solución, no por ellos, pero sí por las condiciones que les impone un sistema agrio y descompuesto, pero también con el único refugio: el del sueño americano.

La obra causó conmoción. Indignación en muchos. Pero reflexión en tantos más. La crítica oscilaba en sus propios prejuicios: ¿Qué obra es esta y por qué este autor restriega en la nariz a un país defectos que no le son propios?, decían… Sin embargo ganó el arte y la reflexión profunda: Lectores hubo a raudales… Y el Premio Nobel 1962: “Por su «escritura realista e imaginativa, combinando el humor simpático y la aguda percepción social».Steinbeck murió en 1968.

Habría muchas obras más de gran calado: “Al este del edén”; “El invierno de mi desazón”;Por el mar de Cortés” (que refiere uno de sus viajes a México. Esta vez por el Golfo de California y, sobre todo “La Perla”:

… Que es un monumento a la inocencia, a la lucha, a la incredulidad, a la ambición y la ternura por aquel pescador que encuentra la mejor perla del mundo, pero que con ella encuentra también sus pesares, para él y su familia, hasta que él mismo, en su fortaleza, termina con ello. Es un libro “Sobre la inutilidad de la riqueza y la universalidad de la codicia y la envidia” diría Carlos Monsiváis.

“Toda clase de gente empezó a interesarse por Kino —gente con cosas que vender y gente con favores que pedir—. Kino había encontrado la Perla del Mundo. La esencia de la perla se combinó con la esencia de los hombres y de la reacción precipitó un curioso residuo oscuro. Todo el mundo se sintió íntimamente ligado a la perla de Kino, y ésta entró a formar parte de los sueños, las especulaciones, los proyectos, los planes, los frutos, los deseos, las necesidades, las pasiones y los vicios de todos y de cada uno, y sólo una persona quedó al margen: Kino, con lo cual se convirtió en el enemigo común.”

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