Las balas policiales de EEUU también son para los hijos de latinos

Arrodillado y con las manos en la cabeza. Así fue ultimado en la localidad de Vallejo, California, el joven estadounidense de 22 años Sean Monterrosa, hijo de latinos y con un puñado de sueños truncados por el accionar de la policía que, por estas horas, es fuertemente cuestionada por la sociedad de EEUU.

Por Ramiro Barreiro*

«Mami, hay que conocer las leyes porque en cualquier momento lo pueden matar a uno», le dijo alguna vez el joven nacido en San Francisco, oeste de EEUU, a su madre, Laura Monterrosa (57), nacida en Argentina y quien le inculcó a sus tres hijos el amor por las empanadas, el asado y Lionel Messi.

El último mensaje que Sean mandó a sus hermanas fue el 2 de junio a las 23.49. Pedía que firmen la petición contra la muerte de George Floyd, ocurrida en Minneapolis el 25 de mayo, y que nombren a los oficiales que acabaron con su vida.

Fue en una protesta en reclamo de justicia por esa muerte, en la que Sean encontró la suya.

«Es bien duro saber que después de eso mi hermano también falleció en manos de la policía», lamentó, en diálogo con Sputnik, Michelle Monterrosa (24), una de las hermanas.

La policía de Vallejo recibió la denuncia de que la manifestación desembocó en un supuesto saqueo a una de las tiendas de la cadena Walgreens. Cuando llegaron los patrulleros y dieron la voz de alto, Sean se arrodilló y levantó sus manos, sin ofrecer señales de resistencia.

Sin embargo, de un vehículo sin identificación partieron al menos cinco disparos; uno de ellos impactó en el cuello del joven y le habría ocasionado la muerte instantánea. El informe de la morgue acusa que el deceso se produjo a la 1.30, aunque el oficial de la policía Johnny Williams le dijo a Michelle que el fallecimiento fue a las 4.30.

«El Departamento de la ciudad Vallejo está escondiendo todo y no quieren tomar responsabilidad por lo que le han hecho a mi hermano», acusa Michelle, «Sentimos que hubo negligencia de la policía porque su bala entró en el cuello y cuando es así normalmente es una muerte rápida. Yo siento que mi hermano falleció en la escena del crimen».

SOSPECHOSO

El Departamento de Policía de Vallejo tiene un largo y oscuro prontuario de violencia innecesaria que refleja como pocos el reclamo generalizado en todo EEUU de reforma policial, que llevó al presidente Donald Trump a firmar un decreto para crear una base de datos federal de agentes de policía con un historial de uso excesivo de la fuerza.

La tasa de asesinatos del Departamento Policial de Vallejo es significativamente más alta que el promedio nacional y que de otras ciudades del norte de California. En el año 2012, el 30 por ciento de los asesinatos cometidos allí fueron en manos de la Policía.

«Ellos no están aquí para protegernos, están aquí para matarnos, la policía es la pandilla más grande de América», resume Michelle.

A pesar del ocultamiento, alguien relacionado con la fuerza reveló a las mujeres quién fue el autor de los cinco disparos que terminaron con la vida de Sean.

«El oficial está en su casa, no está trabajando pero le siguen pagando. Nuestro abogado nos contó que la Unión de Policías (sindicato) puso una orden de restricción para que no oficialicen (como autor del crimen) el nombre de Jarrett Tonn, que fue el que mató a nuestro hermano», denuncia Ashley, la menor de la familia.

Tonn es un policía con 18 años en la fuerza y con antecedentes de protagonizar, al menos, cuatro tiroteos desde 2015 a la fecha, sólo que los tres anteriores no terminaron en muerte.

A raíz de las nuevas protestas generadas en torno al caso Monterrosa, el Departamento de Justicia del estado ordenó una investigación profunda en Vallejo. El martes, los supervisores de San Francisco demandaron que el alcalde y los oficiales de la localidad muestren los videos de esa noche, lo que aportaría algo de claridad.

«Mi hijo tenía todo un futuro por delante. Él era un mentor para otros jóvenes, ayudándolos a ser buenos lectores. Sean era un excelente lector y le gustaba conocer sobre las leyes», recuerda su madre Laura al sitio Mundo News, «era un hijo maravilloso para nosotros. Y fuerte. Muy fuerte era mi hijo. Pero al mismo tiempo tuvo esa gracia y humildad de ponerse de rodillas y rendirse».

Mientras tanto, la propia Laura, su padre Neftalí (57) -nacido en El Salvador- y sus hermanas, quienes encabezan el pedido de justicia con la etiqueta #Justice4Sean, aprenden a convivir con el dolor y la responsabilidad de luchar por ellos y por miles de víctimas alrededor del continente.

*Sputnik

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