EDITORIAL. El orden mundial

En lo que va de este 2020, la pandemia ha desenmascarado los sistemas de salud del mundo capitalista. Ha puesto de manifiesto que los oligarcas solo están interesados en una cosa: mantenerse como parte esencial del orden establecido.

El mundo es un circo de variedades; un orden que se impuso entre los siglos XV y XIX. Se lo llama capitalismo o sociedad de mercado y es una maquinaria de ilusiones, una fábrica de artilugios de todo tipo, cuyo propósito es despojar a la mayoría de las personas de su tiempo; y a los países de sus recursos.

Está claro que los oligarcas y, en especial, el sector financiero no tienen interés en que  la mayoría tenga acceso suficiente y de calidad a los servicios de salud, y a una educación libre de dogmas y prejuicios; acceso con equidad al agua potable, la electricidad y  un empleo recompensado adecuadamente.

El mundo es cada año más desigual, incluso, en los países hegemónicos.

A los amos oligarcas solo les importa mantener la maquinaria de vender ilusiones y a la clase trabajadora en servidumbre.

Su entretenimiento es disfrutar de la competencia (no deportiva), sino la lucha por la supervivencia de personas que deja su tiempo, su fuerza laboral, su vida entera laborando jornadas de 10 0 12 horas,  para devengar un poco más; algunas dedicadas a  prostituirse, otros a enrolarse en el crimen organizado y algunos más obligados a migrar.

Este es el Orden Imperante, la imposición de prácticas productivas y comerciales del gran Circo de Variedades Mundo

Lejos, muy lejos, en la nostalgia de la generación que nació después de la Segunda Guerra, ha quedado lo que en Europa y EE UU denominaron la Época de bienestar.

Con la hegemonía, casi absoluta de EE UU y de las políticas neoliberales impulsadas en los ochenta y noventa del pasado siglo, los países hoy, son soberanos solamente porque lo declaran en su Constitución.

Los países son sucursales del la plutocracia universal y controlados.

Se atomiza o se divide a los asalariados y pequeños productores en la disputa por el precio; se divide a las personas por su origen o color de piel, costumbres,  dogmas religiosos, prefencias deportivas, imposición de modas y otros estímulos afectivos.

Y, más importante aún, se los endeuda de modo que la deuda sea su principal preocupación existencial; pero se los ilusiona, eso sí, con la posibilidad de llegar a ser, algún día, uno de los escasos «heroínos» multimillonarios del país o del mundo, mientras se los  entretiene con todo tipo de espectáculo audiovisual en los pocos ratos de descanso.

El circo es amplio y no sólo incluye espectáculo vulgar o sublime a través de los medios de comunicación o de las redes sociales; también se hace circo con las campañas electorales; con  la guerras para entretenimiento de los fabricantes de armas (reality show lo llaman), con la migración forzada y masiva, con las protestas de calle, entre tantas cosas más.

¿Se organizarán algún día las comunidades como en otros tiempos? ¿Seguirá la mayoría como personaje de reparto haciendo papel de rebaño en este orden circense impuesto por la plutocracia capitalista?

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