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EDITORIAL.- Estado o Mercado

Con la explosión de los problemas económicos tras la pandemia y la crisis de gran calado que afecta al sistema, se han suscitado muchos comentarios y reflexiones, sobre dos elementos en debate: el Mercado y el Estado, en el sentido de encontrar las respuestas solucionadoras a la recesión presente que está haciendo temblar muchas estructuras morales, sociales, políticas e ideológicas.

Algunos gobiernos progresistas asoman voluntad de cambios en el sentido histórico en sus respectivas economías zarandeadas por la crisis sanitaria mundial.

Llama la atención que quienes sostienen con mayor virulencia la defensa del mercado libre, sin control del Estado, son aquellos que han puesto las manos para recuperar la liquidez perdida en especulaciones  salvajes.

Es cierto que la llamada globalización condiciona la vida económica de los Estados y la limitan sobremanera a la hora de poder intervenir con plena soberanía en los cambios estructurales que puedan producir un modelo alternativo al orden mundialmente asentado.

Sin embargo, mientras la economía se ha internacionalizado hasta límites peligrosos para los pueblos, los Estados, por el contrario, han permanecido, aun bajo esta influencia, asociados a sus elementos genéticos: el nacional, el territorial y el poder soberano, los componentes generales constitutivos de la realidad estatal.

Y si algo se observa en la historia es que las contradicciones sociales producen cambios. Y en nuestro presente también sucede esta inercia. En el momento histórico que vivimos quedan en entredicho los modelos de solución basados en la más pura receta capitalista, provocando decisiones novedosas en los Estados, que tienden incluso a la nacionalización de sectores económicos, otrora intocables.

No es el llamado “libre mercado”, por sí mismo, el que guarda la solución al desempleo, a las enormes diferencias sociales, a las privatizaciones de sectores esenciales para los pueblos…; porque su naturaleza subjetiva es la plusvalía, el beneficio rápido y cuantioso, a costa de lo que sea. Su organización no contempla coherencias con el reparto de riquezas; sus principios están solidificados contra lo valores  de provecho colectivo.

El Estado, sin embargo, a pesar de su carácter dependiente, como instrumento de poder, a los sectores sociales dominantes de otras épocas, produce cambios con gobiernos  de izquierda, tímidos, rompiendo las limitaciones inherentes a su origen natural, que parecían eternas, echando mano de la soberanía cedida para hallar soluciones nacionales.

La economía de mercado, como la entendemos hoy, está en evidente decadencia y sufrirá cambios significativos que darán paso a un nuevo modelo. El Estado, también.

El Estado y el Mercado no son realidades contrapuestas o alternativas, el sistema capitalista necesita del instrumento para su perpetuidad y la alternativa al mismo para producir los cambios que, sin duda, asoman ya su advenimiento.

Los gobiernos no neoliberales deben actuar con decisión, en el camino de recuperar lo privatizado, en el reparto de riquezas, en la construcción de un nuevo modelo basado en el provecho colectivo; avanzar en el contexto de crisis interna del sistema y deben hacerlo cuanto antes, apoyando sus políticas en los amplios sectores sociales que se beneficiarán de ello.

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