Jandira Feghali: #Somosimportantes

Al describir el proceso que implicó la Revolución Industrial, Eric Hobsbawn declaró que las consecuencias más graves que resultaron de él fueron las sociales. La nueva economía creó miseria y descontento. Las condiciones a las que fueron sometidos los trabajadores y trabajadoras son conocidas y atravesaron viajes inhumanos y precarias condiciones de seguridad. No hay nadie que lea sobre el tema y no se rebele.

Por Jandira Feghali *

Más de doscientos años después, estamos llamados a rebelarnos no por lo que leemos, sino por lo que presenciamos. En Brasil y en otros países, los trabajadores de entrega de aplicaciones demandan nuestra atención. El 1 de julio se detendrán y nos invitarán a participar de una manera simple: no solicite nada para las solicitudes en esta fecha. La lucha es por condiciones laborales mínimas, ya que los derechos no tienen ninguno y la justicia les niega la relación laboral con estos operadores de aplicaciones.

En tiempos de pandemia, los servicios de entrega aumentaron significativamente. Quienes pueden seguir las recomendaciones del aislamiento social recurren a ellos para que los productos, medicamentos y alimentos lleguen a sus hogares sin tener que exponerse al riesgo de contaminación en la calle. Un servicio, sin duda, imprescindible.

Pero a pesar del aumento, estos trabajadores no han visto aumentar sus ingresos. Hay dos razones: la avalancha de nuevos trabajadores que se unieron a esta sucursal y la ausencia de una garantía mínima para el monto por entrega.

Para ellos no hay descanso pagado, subsidio nocturno, asistencia con asistencia técnica o mantenimiento de vehículos, seguro de vida o accidente. Tenga en cuenta que el movimiento no se debe a los derechos laborales, muchos perdidos para el grupo de trabajadores después de la jubilación, sino a la dignidad en el ejercicio de la función. Acceso a alcohol en gel, máscaras e incluso un lugar para comer y usar el baño durante el viaje.

Cualquier parecido con la situación de hombres y mujeres del siglo XVIII no es una coincidencia. Es simplemente la realidad de un sistema que, al buscar el máximo beneficio, explota cada vez más a aquellos que dependen del trabajo para sobrevivir.

Estamos hablando de casi 4 millones de personas que tienen estas aplicaciones como su principal fuente de ingresos, según una encuesta realizada por IBGE en abril. Estamos hablando de jornadas que alcanzan 15 horas al día. Estamos hablando de condiciones inhumanas de remuneración y seguridad. El grito de estos trabajadores debe ser nuestro grito. Nos detendremos con ellos el 1 de julio. Un día para que sean valorados. Para que alguien pueda escucharlos y hacer que valga la pena luchar por condiciones de trabajo decentes.

Demostremos que nos importa y que importan.

* Jandira Feghali (PCdoB-RJ) es diputada federal

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