La gestión es nuestra, el relato es de ellos

Si esto sigue así, Cristina se queda con todo. Tal, la alucinación de los «intelectuales orgánicos» del poder real de la Argentina. Acorralados en el redil de sus propias miserias, estos adalides del «estado de derecho» han quedado impúdicamente al desnudo: periodistas y funcionarios macristas integraban un contubernio inmundo para espiar y perseguir a amigos y enemigos por igual, que es lo que decían y dicen que hacen los «totalitarismos».

Por Juan Chaneton*

*jchaneton022@gmail.com

Y entonces, la reacción pavloviana los delata; huyen para adelante, y La Nación titula que «encontraron manchas de sangre en la casa del ex secretario privado de Cristina», mientras que el jefe del departamento propaganda de ADEBA, Marcelo Longobardi, declara que el gobierno de Alberto Fernández se dispone a «encarcelar periodistas».

Pero esto ocurre no sólo porque si esto sigue así Cristina se queda con todo sino porque si esto sigue así, Macri va preso y se hunden en el desprestigio sus soportes mediáticos  que sostuvieron la mentira republicana en el período 2015-2019. Hay que salir a jugar, y pronto. Y lo único que hay a mano es una gastada demonización de Cristina.

Es una muestra de debilidad y de impotencia por parte de la derecha argentina. Pero nadie piense que por eso, porque están débiles, se hallan en tren de perder la partida. A la base social del macrismo y de la derecha argentina  -que, a futuro, es la base social de Horacio Rodríguez Larreta- no le importa nada el espionaje y el estado de derecho: siguen firmes contra «venezuela y el kirchnerismo» y sólo depondrán su veneno antiargentino por la vía de un rigor institucional impropinable por ahora.

De modo que el tema de fondo no es el «estado de derecho». El tema de fondo es de qué modo el estado de derecho le podría servir a la nación argentina y al pueblo de la nación argentina.

Si queda al descubierto la banda de Mauricio Macri dedicada a hacer befa del estado de derecho, pues hay que desempolvar la probabilidad de «otro Nisman», en este caso, Fabián Gutiérrez, que seguro que «sabía mucho» sobre CFK y por eso lo mataron, como a Nisman, para que no hable.

Lo ruin y lo torpe, en amalgama con olor a mafia, han sido, sin embargo, complementados con otra maniobra más fina y sutil aun cuando remanida: Federico Villena, el juez de Lomas de Zamora, ha sido desapoderado de la causa por la cámara de La Plata y ya comienzan los espías a ver la luz al final del túnel.

Se trata de funcionalismo sistémico en estado puro. El Poder Judicial está para hacer justicia cuando dos vecinos se pelean por la humedad en la medianera pero no para hacerla cuando de su actividad jurisdiccional puede emerger como consecuencia la desestabilización del «estado de derecho».

La estabilidad del sistema institucional argentino, hoy, se sostiene  en la vigencia de dos propuestas: el macrismo de mercado y el heterogéneo peronismo estatalista. Y cualquier actividad jurisdiccional del Poder Judicial siempre se va a detener allí donde su afán justiciero amenace el equilibrio con el arrasamiento en masa de una u otra de las formaciones políticas que dan sustento a ese equilibrio. Se ha comenzado a andar el camino de la exculpación del macrismo de los graves delitos cometidos contra la noción misma de república, de estado de derecho y, en última instancia, de Constitución como acuerdo básico de convivencia.

Sin embargo, la hipótesis de una simetría perfecta entre peronismo y macrismo vale sólo en términos de ejemplo académico y con la salvedad de que el peronismo, dentro de sí, alberga a una fuerza política sistémicamente revulsiva y cuya líder máxima no sólo no ha cometido ni uno solo de los delitos con que se intentó mancharla sino que, a un tiempo, encarna la única posibilidad que tienen las masas populares de este país de avanzar políticamente hacia la superación de unas condiciones de vida material y espiritual que el capitalismo dependiente de este país les viene deparando desde hace un siglo con impiedad indiferente.

Ya apareció el cuerpo muerto de Fabián Gutiérrez, el apretado por Stornelli para que dijera que Cristina robaba dinero pero que, no obstante ese apriete, nunca pudo decir eso y sólo dijo que «le parecía» pero que él nunca vio dinero alguno. Pero no importa, ya está muerto y ahora avanzarán sobre Cristina y Macri no se «fugará» del país, como dicen los rábulas que siempre se creen más vivos que el inescrupuloso enemigo que el pueblo tiene enfrente.

Recién empieza el segundo acto de la tragedia del espionaje. Héctor Magnetto acaba de decir a amigos cercanos: La gestión es de ellos, el relato es nuestro.

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