EDITORIAL.- El virus del capitalismo

El capitalismo sigue siendo barbarie, continúa siendo ese sistema económico, político y social antihumano, más aún, antieconómico, antisocial, anti-todo. Su naturaleza es corrosiva, destructiva. Destruye la vida, la naturaleza, la sociedad; es depredador de cuanto se mueve, tiene vida o existe en el planeta. Es el virus más mortal que pretende acabar con el mundo y en lo que él habita. El capitalismo no puede proteger la vida.

La pandemia del coronavirus ha permitido ver de nuevo la monstruosidad del capitalismo. Pongamos por caso, la máquina de guerra conocida como la Organización del Tratado del Atlántico Norte -OTAN-, brazo armado del Capital. Posee una cantidad considerable de armamento y hombres de guerra disponibles para atacar, pero no cuenta con ninguna reserva de ese material sanitario tan básico como las mascarillas, barbijos, nasobucos, cubrebocas o tapabocas; no envió nada a Italia, miembro de dicho club.

Se ha dicho que la misión y el objetivo de la OTAN no es el de fabricar ni suministrar el antedicho material sanitario. Y es verdad. Su función no es la de salvar vidas. Muy por el contrario. Su fin es aumentar el negocio y las ganancias de la industria armamentista. Inventar guerras, lanzar bombas, y ya sabemos que los misiles no salvan vidas, por muy inteligentes que sean ellos.

El número creciente de muertes que hay en Estados Unidos se hubiera podido evitar si en el centro de las preocupaciones y ocupaciones del capitalismo estuviera el bienestar del ser humano. Si la humanidad se hallara en medio de todas las discusiones de los capitalistas, el sistema sanitario de los países capitalistas no estuviera colapsado y se habría dado un manejo eficaz a la crisis causada por el coronavirus.

Los países socialistas han realizado un manejo ejemplar a la tragedia desatada por el coronavirus, a pesar de las dificultades y las presiones imperiales que ejerce Estados Unidos para romper los lazos de solidaridad y cooperación sanitaria entre los pueblos y los gobiernos para la compra y adquisición de productos de sanidad, medicamentos, experiencia y personal médico.

La pequeña isla en cuanto a territorio, pero grande en digna llamada Cuba ha tenido días en que no se ha registrado ninguna muerte; Corea del Norte y Vietnam tampoco han conocido el desastre sanitario; la asediada República Bolivariana de Venezuela ha logrado hacerle frente a la pandemia, aunque de los países vecinos la quieren someter a una guerra bacteriológica mediante el uso de efectivos humanos que ahora quieren volver a la Patria de El Libertador Simón Bolívar, porque el infierno neoliberal de Colombia, Perú, Ecuador, Chile, los abanó a la suerte del coronavirus, a dormir en las calles frías de Bogotá, capital de Colombia.

La actual pandemia sirve para demostrar que hay una diferencia del cielo a la tierra entre el capitalismo y el socialismo. Ha quedado confirmado en cuanto al manejo de la pandemia que el capitalismo es barbarie, crueldad, salvajismo, mientras que el socialismo es humanismo, democracia, igualdad y justicia.

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