Rebuscado, simple, complejo…

Rebuscar es sinónimo de indagar, analizar, estudiar; también de amanerado, forzado, fingido, afectado, artificioso…Voy a referirme a las tres primeras acepciones, que son sinónimo de complejo, pero contrario a simple; el resto las dejo, precisamente, para el artificio, del que hay mucho últimamente.

Por José Manuel Barreal San Martín

Cuando se lee o se oye una opinión, hay personas que se conforman con lo oído o leído y ya está. Sin embargo, otras rebuscan e indagan  más allá de la mera opinión leída u oída. Son las  que no quieren quedarse con lo primero que se les comunica y en muchos caso se les dicta, sin opción a indagar el porqué, el cuándo, el cómo… No obstante, aun así, la equivocación y el error de quienes se informan antes de emitir un juicio puede hacerse presente. Quien opina es normal que pueda equivocarse, incluso siendo la opinión argumentada, pero al menos lo intenta. Quienes, empero, despachan su opinión con un ¡Zas!, y ahí te lo dejo, sin un mínimo argumento, no se equivocan, pero tampoco aciertan.

La complejidad, el problematizar situaciones, indagar el qué y el porqué, no es fácil, exige esfuerzo y tiempo y valentía. La aceptación simple y sin «peros» de una situación, de una opinión, siendo obviamente legítima, puede no ser acertada y diría que tal vez peligrosa. Ya no hablo de las opiniones que llevan aparejado el insulto o el exabrupto, estas no merecen comentario.

Lo expuesto, viene a colación por  la alarma, a mi juicio justificada, que están generando ciertas intervenciones desde la izquierda – eludo adjetivos- a raíz de desacuerdos entre el propio abanico de la misma. El legítimo y democrático contraste de opiniones en este sector, que es el mío, está siendo sencillamente machacado por un adanismo simple, carente de proyecto, pero, eso sí, muy combatiente en redes con ataques descalificatorios y groseros hacia quien o quienes muestren un hálito de discrepancia. Adanismo, que como se está mostrando día a día, no ha tardado en entrar en el redil de lo posible y pragmático. Ante esa realidad, que no se tendría que negar, lo que hace es  huir  hacia adelante y, así,  radicalizándose niega con su retórica lo que en la práctica hace.

Uno, espera de la derecha liberal y de la «otra», que quiera restringirle la libertad, que abandere la intolerancia hacia opiniones opuestas a su ideario, que insulte hasta la humillación, al adversario. Pero, en el campo que yo defiendo, que yo me muevo, no entiendo, ¿ o tal vez sí?, que la descalificación por pensar se esté convirtiendo en norma. Sin sonrojarse, algunas personas, reducen la complejidad de la sociedad, de la política, de las ideas en liza, a certezas morales, sus certezas, sin atisbo de cuestionamiento.

Sería bueno que desde algunos sectores de la izquierda supieran que el vino se bebe rebuscando el sabor, despacio, con consciencia; se «agita» un poco la copa para que fluyan los olores del caldo a probar y así paladear mejor. De este modo, se podrá decir si gusta o no, lo que se ha bebido. Si la cosecha es buena, regular o mala.

La izquierda debería tomar el ejemplo de «agitar» su copa, para que sus fluidos, que son varios y de buena cosecha, salgan la exterior. Beber despacio, con paladar. No «tragar», porque el atragantamiento puede ser fatal. La izquierda debería de rebuscar, de complejizar su situación, todo lo contrario de la simpleza que la invade.

 

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