El primer país en América Latina que vive a préstamo con la naturaleza

Chile gastó sus reservas naturales antes de tiempo. Según la organización Global Footprint Network, el país agotó la capacidad biológica de sus ecosistemas para regenerar recursos de forma renovable. Se trata del primer déficit de fondos de la naturaleza en América Latina, lo que compromete la provisión de agua, suelo y aire limpio a la población.

«Ya no estamos viviendo de los recursos que nos correspondían para el 2020, sino que le estamos pidiendo recursos prestados al 2021», señala a Sputnik el ingeniero en Recursos Naturales Javier Godoy, de la municipalidad de Vitacura en Santigo.

La pandemia de COVID-19 ha obligado a la humanidad a cambiar muchos de sus hábitos. Sin embargo, no ha evitado el agotamiento precoz de recursos naturales previstos para un año en América Latina, lo que ha provocado un déficit ambiental sin precedentes, cuyo límite alcanzado primeramente por Chile está al borde en otros países de la región.

«No le estamos dejando un planeta, ecosistemas a las futuras generaciones. Estamos hipotecando nuestro futuro como especie y en relación con las otras especies, debido a la manera en que estamos consumiendo», refuerza el vocero de Greenpeace Mauricio Ceballos, en diálogo con Sputnik.

El problema radica en la manera como se está utilizando las riquezas naturales, explica Ceballos, porque se ve a «los bosques, los océanos, no solamente como fuentes de recursos, sino también como sumideros de todas las cosas que contaminamos».

¿Qué es el sobregiro ambiental?

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Termoeléctrica Quintero Puchuncavi.

Sputnik conversó con Pamela Bravo, ingeniera y cocreadora del pódcast Mueve la Fecha, referido justamente al día en el que Chile alcanzó el sobregiro ambiental el 18 de mayo. A su juicio, hay realmente un desconocimiento de que el planeta es finito y que su capacidad regenerativa está disminuyendo.

La ingeniera considera necesario comprender dos conceptos que en contraste dan cuenta del sobreconsumo. Por un lado, la noción de biocapacidad, que es «la capacidad que tiene un territorio de abastecer recursos naturales y su absorción y filtración de desechos generados por los humanos, como es el caso los árboles que pueden absorber el CO2 producido por la actividad humana», detalla. Por otro lado, la huella ecológica se refiere a la demanda del ser humano sobre la capacidad de la naturaleza, «a esto se le llama capital natural», añade.

«Me suena un poco chocante ver la naturaleza como un recurso absoluto y no lograr vislumbrar su generosidad», observa Bravo.

Es a partir de la ecuación entre ambos factores que se obtiene el llamado «día del sobregiro», puesto que se calcula la diferencia entre nuestra biocapacidad del territorio y la huella ecológica promedio per cápita en un año.

«En Chile, desde 1995 nuestra huella ecológica sobrepasa la biocapacidad, es decir, nuestra forma de vida y consumo no permite que la tierra logre regenerarse y agotamos los recursos de las próximas generaciones», denuncia la ingeniera.

Causas y consecuencias del sobregiro ambiental

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Salmonera Isla Riesco.

Según especialistas, el mayor impacto que provoca el sobregiro en Chile se relaciona justamente con la manera en que se explotan las riquezas naturales, en un país que basa su economía en la extracción de sus recursos, fundamentalmente a través de la minería, la industria forestal y la pesca.

En este sentido, Greenpeace apunta a cómo se extrae, utilizando enormes cantidades de agua para los procesos mineros y dañando los hábitats en el caso de la industria forestal y la salmonicultura.

Respecto a la industria salmonera, el vocero de la organización internacional denuncia que la actividad destruye los hábitats marinos y con ello disminuye también «nuestra capacidad de asimilar la cantidad de contaminantes que hay a nivel planetario».

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Sequía en Valle central, Chile.

«La industria forestal, que es una de las principales exportaciones junto a la minería y la salmonicultura, están destruyendo el bosque nativo y contribuyendo a los gases de efecto invernadero», remarca Ceballos.

En la misma línea, Godoy agrega que un bosque constantemente sobredemandado no se recupera en las mismas tasas, «no tiene la misma flora, no tiene la misma salud que un bosque que sí funciona a su ritmo natural».

Frente a la posibilidad de que se cambie la forma de explotación, Bravo no es optimista porque Chile es un país extractivista, como proveedores de materia prima para el mundo y como mercado de capitales.

«Hay mucho capital extranjero en nuestro país, lo que lleva a que el dinero salga y no se vuelva a reinvertir aquí. Podría decirse que nos explotan en todo sentido», sentencia.

Claves para evitar el sobregiro ambiental

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Marcha contra Termoeléctrica.

Tras la revuelta social de octubre y las respuestas solidarias a nivel nacional y barrial autoconvocadas para ir en ayuda de los más afectados por la pandemia, organizaciones territoriales y comunitarias han cobrado una mayor relevancia en Chile. Frente al sobregiro ambiental también tienen un rol clave «porque son quienes reciben de manera más directa el impacto de las actividades que generan mayor daño al planeta», señala Ceballos.

Son sus ecosistemas, los lugares donde ellos viven, de los cuales dependen y están estrechamente relacionados, «los que terminan siendo dañados de manera más rápida cuando hay grandes proyectos que destruyen el medio ambiente», agrega.

Para el vocero de Greenpeace, estas organizaciones deberían ser, tanto en los argumentos y como en el testimonio respecto del daño ambiental, «nuestra luz de alerta respecto de cómo el daño, que muchas veces generamos desde las grandes ciudades, desde los sectores que tienen mayor acceso a recursos, estamos realizando sobre los ecosistemas».

Por su parte, Godoy coincide y resalta que se trata de quienes conocen el territorio y su realidad, por lo que les corresponde ser llevadas en cuenta en cuanto a sus propuestas. «Las organizaciones territoriales, en ese sentido, tienen el rol vital porque ellas están allá, ellas funcionan en su territorio, ellas lo entienden», insiste.

Bravo va más allá y sostiene que a nivel comunitario y territorial se deben organizar en soberanía alimentaria, «cuidar y proteger las áreas verdes, generar un sentido de comunidad, fomentar el comercio local, las cooperativas, las redes de abastecimiento, los huertos, ser prosumidores (consumidores de sus propias producciones)».

Para la ingeniera también deben propiciar distintos talleres, como de comida saludable para hacer tus propios fermentos, «vinagre de manzana, chucrut, kombucha, pan de masa madre; también en productos de uso diario como pasta de dientes, desodorante, limpiadores en casa, cremas, ungüentos, incluso tu medicina natural», porque cada acto conlleva una huella ecológica.

Hacia un desarrollo sostenible

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Glaciar en Patagonia chilena.

Chile se encuentra en una crisis sanitaria, social y económica, a la que se suma la crítica situación ambiental que lo coloca en la cúspide los países latinoamericanos sobregirados ambientalmente, debido por un lado al impacto del cambio climático y, como se mencionó, a la sobreexplotación de sus recursos naturales y la degradación de los ecosistemas.

Una crisis multidimensional producto de un modelo económico que permite que se vea a la naturaleza como una fuente de recursos naturales simplemente, «como bienes de los cuales nos podemos apropiar y los cuales podemos rentabilizar sin ningún límite, sin pensar también en los umbrales que tienen los propios ecosistemas para regenerarse, y en ese sentido es algo que tenemos que cambiar de raíz», recalca Mauricio Ceballos.

No se puede seguir pensando en un crecimiento económico ilimitado «en un planeta que no crece, es un planeta finito, con límites muy claves», insiste el vocero de Greenpeace,

Por ello, resulta urgente realizar todos los esfuerzos necesarios para cambiar el escenario ecológico actual. Y tomar las medidas que permitan una mayor regulación para industrias extractivas, fortalecer los sistemas de producción local y una transición hacia energías más limpias.

Es decir, implementar un modelo económico más sustentable y respetuoso con la naturaleza, y donde la economía circular aparece como una alternativa eficaz, al buscar contaminar lo menos posible, «manteniendo los productos y materiales en uso, y no pensando en una disposición final que contamine o demore en degradarse».

La economía circular resulta fundamental para Bravo «porque implica no generar residuos partiendo desde el diseño y pensar en un proceso de fabricación lo más limpio posible y en el caso de que se generen residuos se vuelvan a integrar en el proceso».

Además, según la creadora del pódcast Mueve la Fecha, porque en esta economía se integran energías renovables y envases compostables en los productos para el consumidor final, «la economía circular es la base de la cultura basura cero, que busca generar lo menos residuos posibles en tu vida diaria, y el rol como prosumidor es muy importante».

Para Mauricio Ceballos también es preciso pensar en cómo la economía debe estar al servicio de las necesidades humanas, «pero desde un punto de vista que permita que las necesidades humanas de las próximas generaciones también van a ser satisfechas, y eso es algo que el actual modelo económico no ha logrado para nada considerar»,

«Debe ser un esfuerzo conjunto de la comunidad, a nivel gubernamental y a nivel industrial, a nivel local y global. Muchos países están actuando y siento que Chile va muy lento falta proyección, visión de futuro», concluye Bravo.

Sputnik

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