La guerra entre la URSS y Japón: cómo el Ejército Rojo puso de rodillas al imperialismo nipón

El 8 de agosto de 1945 empezó la guerra soviético-japonesa. Esta quedó en la sombra de los sangrientos combates en Europa: la rápida derrota del Ejército Imperial japonés es percibida como una ofensiva muy fácil para el Ejército Rojo, pero en realidad el Lejano Oriente se convirtió en el escenario de duras batallas entre los ambos.

Pese a la opinión pública sobre aquella guerra, el conflicto armado entre la Unión Soviética y el Imperio nipón no fue una ofensiva contra un Ejército desmoralizado. Los militares japoneses lucharon violenta y furiosamente. De ahí que muchos soldados soviéticos tuviesen que sacrificar sus vidas para derrotarlos. El enorme riesgo al que se sometieron los efectivos del Ejército Rojo forjó aún más su carácter inquebrantable.

La Gran Guerra Patria —el nombre usado en Rusia para referirse al Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial— que concluyó en mayo de 1945 no marcó el fin de la campaña de la URSS en la guerra mundial porque el aliado de la Alemania hitleriana, el Imperio de Japón, continuó luchando durante varios meses más.

La ofensiva de la URSS contra Japón fue una mala noticia especialmente en el contexto de los ataques nucleares contra Hiroshima y Nagasaki.

No obstante, los bombardeos atómicos no influyeron mucho sobre la moral de los militares nipones en su lucha contra la URSS: lucharon ferozmente, por lo que sería incorrecto decir que la campaña soviética contra Japón fue una caminata fácil para el Ejército Rojo.

Las relaciones entre Rusia —luego, la URSS— y Japón fueron difíciles, ya desde los tiempos de la guerra ruso-japonesa que duró entre 1904 y 1905. A raíz de aquel conflicto armado, Rusia perdió el control sobre la parte sur de Sajalín, que pasó a ser reconocida como prefectura de Karafuto. Durante la guerra civil rusa los militares nipones habían participado en la intervención aliada en el territorio del antiguo Imperio ruso, por eso la relación de Moscú hacia Tokio era muy negativa.

El compromiso de la URSS de entrar en la guerra

La creciente expansión del Imperio nipón hizo pensar a Tokio en la posibilidad de invadir el territorio de la Unión Soviética. La amenaza de un conflicto armado a gran escala existía desde mediados de la década de 1930, cuando los militares japoneses llegaron directamente a las fronteras de la URSS tras ocupar la parte norte de China. Tokio en aquel entonces disponía de una plataforma para su expansión en Asia oriental, Corea. Dicha península fue ocupada por los japoneses en 1910.

En abril de 1941 Moscú y Tokio firmaron el Pacto de Neutralidad, que proporcionó ciertas garantías a la URSS. En particular, en ese momento evitó la guerra en dos frentes. En junio de 1941, cuando empezó la Gran Guerra Patria, Japón resultó ser el único aliado de la Alemania nazi que no había declarado la guerra a la Unión Soviética. No obstante, el Estado Mayor nipón barajó esta posibilidad en julio de 1941, pero al final no se decidió.

Pero no se trató de un acto de buena voluntad de la gestión militar japonesa: Tokio pospuso su entrada en la guerra hasta que las principales fuerzas del Ejército Rojo fuesen derrotadas por la Wehrmacht en Europa. Sin embargo,  tras la derrota de las fuerzas hitlerianas en Stalingrado, la situación cambió drásticamente: Japón combatió contra EEUU y el Imperio británico, por lo cual prefirió abstenerse de una posible confrontación con Moscú.

La URSS, a su vez, se comprometió ante los aliados a entrar en la guerra contra el Imperio nipón durante la Conferencia de Teherán de 1943. La fecha exacta no fue determinada, pero la parte soviética prometió entrar en el conflicto armado a más tardar tres meses después del fin de la guerra en Europa. El líder del país comunista, Iósif Stalin, confirmó su compromiso durante las conferencias de Yalta y de Potsdam.

Moscú estaba decidida a cumplir con lo pactado, especialmente teniendo en cuenta que la guerra contra el imperialismo nipón fue una revancha por la derrota en la guerra ruso-japonesa cuatro décadas antes del conflicto armado entre la URSS y Japón.

Preparativos para la campaña a gran escala

A partir de mayo de 1945 la Unión Soviética empezó a desplazar sus fuerzas de Europa al Lejano Oriente del país. Para reforzar las unidades desplegadas en la región, la gestión militar soviética envió más de 400.000 efectivos desde Europa. Con estos refuerzos, la agrupación militar soviética en el Lejano Oriente alcanzó los 1,57 millones efectivos. El Ejército Rojo contó con 5.500 tanques y 5.400 aviones.

Las Fuerzas Armadas de la URSS tuvieron que hacer frente al mayor y más prestigioso grupo del Ejército Imperial de Japón, el Ejército de Kwantung, que, junto con las fuerzas del Estado títere nipón de Manchukuo, disponía de una fuerza militar de un millón de soldados. Esta agrupación tenía a su disposición 1.150 tanques y 1.500 aviones. Evidentemente, la superioridad numérica estaba de lado del Ejército Rojo.

El comandante del Ejército de Kwantung, Otozo Yamada, hizo todo lo posible para complicar la ofensiva soviética y aplazar la inevitable derrota. Entendía que no sería capaz de salir victorioso en este conflicto.

Según las fuentes soviéticas, unos 83.000 soldados nipones perdieron la vida en aquella guerra. En comparación, el Ejército Rojo perdió a 9.700 efectivos. Hubo diferentes estimaciones sobre el tiempo que las fuerzas de la URSS tardarían en doblegar la resistencia del Ejército de Kwantung. Es posible que la lealtad fanática de los soldados japoneses al emperador ayudase a Tokio a retrasar el desenlace.

Moscú declaró la guerra al Imperio de Japón el 8 de agosto de 1945. En la madrugada del 9 de agosto de 1945 las unidades del Ejército Rojo lanzaron una ofensiva contra las posiciones japoneses.

El avance

La Fuerza Aérea de la URSS lanzó ataques a gran escala contra las instalaciones militares japonesas en el norte de China, contra las fuerzas del Ejército de Kwantung y, además, contra sus comunicaciones. Simultáneamente la flota soviética del Pacífico empezó sus operaciones en el mar de Japón.

El plan de la URSS era rodear al enemigo en un enorme territorio de 1,5 millones de kilómetros cuadrados. Los combates se desarrollaron en condiciones climáticas adversas, pero el Ejército Rojo siguió avanzando.

Ya durante el segundo día de la guerra soviético-japonesa las autoridades políticas del Imperio reconocieron que la entrada en la guerra de la URSS les había metido en un callejón sin salida. De ahí que no tuviese sentido continuar los combates. Pero las fuerzas niponas siguieron resistiendo durante semanas.

En la guerra contra los imperialistas japoneses los soldados soviéticos aplicaron la experiencia que recibieron durante la guerra contra la Alemania nazi. Pronto las fuerzas soviéticas llegaron a las principales ciudades del Estado títere de Manchukuo cortando la comunicación entre el Ejército de Kwantung y el resto del Ejército Imperial japonés.

Tras establecer el control sobre las principales ciudades del norte de China, el Ejército soviético realizó operaciones de desembarco naval en varias ciudades coreanas y pasó a controlar la parte norte de Corea. Entretanto, otras agrupaciones militares soviéticas cruzaron los ríos Amur y Ussuri. El 11 de agosto empezó la ofensiva en la entonces prefectura de Karafuto, que concluyó el 25 de agosto.

Para el 14 de agosto los altos rangos militares del Ejército de Kwantung había entendido que no tenía mucho sentido combatir contra las fuerzas soviéticas, por lo cual solicitó el armisticio. Pero las unidades japonesas siguieron resistiendo y dieron batalla a las unidades soviéticas. El 18 de agosto los soviéticos lanzó una ofensiva en las islas Kuriles que duró hasta el 1 de septiembre.

El desenlace

En cuestión de varias semanas las fuerzas soviéticas avanzaron centenares de kilómetros dentro del territorio controlado por las unidades del Ejército Imperial japonés, y lo dividieron en varias agrupaciones aisladas para descoordinarlas. Así, los soviéticos rodearon a las tropas niponas en el norte de China. Al mismo tiempo, derrotaron a los japoneses en Sajalín y en las Kuriles.

Las fuerzas niponas recibieron la orden del emperador de capitular, y los soldados nipones empezaron a rendirse a las tropas soviéticas. El 2 de septiembre de 1945 Japón firmó el Acta de Rendición Japonesa. Los enfrentamientos armados continuaron, sin embargo, hasta el 10 septiembre porque algunas unidades niponas se negaron a rendirse.

Como resultado de la rendición, más de 600.000 soldados japoneses acabaron siendo prisioneros de guerra de la URSS.

La derrota del imperialismo japonés permitió a la Unión Soviética hacer justicia: restableció el control sobre sus antiguos territorios y además liberó China de la brutal ocupación japonesa. Pese a su derrota incondicional en aquella guerra, Japón hasta el día de hoy reclama la soberanía sobre una parte de las islas Kuriles.

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